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martes, 3 de febrero de 2015

... Crisis en chino significa oportunidad ...

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... o eso dicen en Los Simpson, sin que los estudiosos de las etimologías o los becarios de Sopitas.com se hayan dado a la tarea de investigar -para los que tenemos demasiada güeva de hacerlo por temas irrelevantes- la verdad del asunto.

Se dice también que el gobierno del país está en crisis, que los PUMAS están en crisis y que el peso no soportará más esta crisis frente al dólar. Por supuesto que a nadie le importa que el país esté en una recesión sin freno desde hace treinta y tres años y que no es lo mismo administrar la abundancia que administrar en la más vil de las inopias. Tampoco parece ser interesante para nadie el que yo piense que los PUMAS siempre están en crisis cuando no ganan, aunque hayan pasado ya los mismos treinta y cinco años de no ganar en Guadalajara (al menos, el siguiente año ya nada más vamos a jugar allá contra el Atlas y contra la UdeG). Y las especulaciones en cuanto al precio del dinero son más tema para los que saben que para mí, que incluso la página de cetesdirecto.com me mandó a estudiar Economía 1.0.1 antes de intentar invertir mis ahorros en sus complicadísimos instrumentos.

No es preciso ni normal que se le llame crisis a una mala racha, no es tampoco el fin del mundo, pues aunque existan acciones que nos paralizan los pelos y que nos hacen imaginar una vida completamente diferente -con gritos y sombrerazos incluidos-, no hay mayor virtud en el hombre que la templanza.

Templanza y paciencia son costumbres y fortalezas que no se adquieren gratuitamente. Casi siempre se obtienen y se aprenden a la mala, ya cuando se ha sufrido su ausencia en incontables ocasiones y cuando la luz al final del túnel ni siquiera se avisora.

Tampoco quiero erigirme en prócer ni en paladín de la templanza. No. Hoy por la mañana asusté a mis hijos porque se nos hacía tarde y grité sin razón, para de inmediato ponerme de rodilla y abrazarlos a ambos pidiéndoles perdón. Lo maravilloso de los chicos es que son al mismo tiempo esponjas y teflones. Todo lo aprenden pero también son capaces de olvidar al instante. Jamás quisiera marcarlos como sé que lo haré, tarde o temprano, como gota que perfora una roca, todas mis acciones son observadas y aprendidas y aspiradas por ellos, lo bueno y lo malo y lo perfecto y lo peor.

No hay crisis sin solución, siempre hay una, así sea definitiva. Son las cosas pequeñitas que los hacen crecer enormidades, y a mí con ellos. Por ser el mejor papá que puedan tener, y el único merecedor de su amor de hijo a padre. Como ese grande que yo aún tengo guardado y que libero de a poco hasta el cielo. Todos los días sin excepción.




¡¡¡ letem bi lait !!!






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miércoles, 21 de enero de 2015

... Con sumo placer ...

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He de decir que, aunque yo no fui un niño rudo, tampoco fui un escuincle enclenque que quisiera pasarse la vida sentado frente a la televisión. Lo que me sucedió fue accidental. Me gustaba salir a jugar a la calle, en triciclo primero y en bicicleta después hasta el poste y de regreso, pero también disfrutaba estar en el sillón frente a la vieja telesota de bulbos y mirar con calidad espantosa las caricaturas o el futbol o las películas de Cantinflas que tanto amaba mi abuelo.

No recuerdo haber sufrido la ausencia de cable o por que no me gustaba lo que había en la tele a alguna hora. Se veía lo que había y punto. Un poco más tarde, con la adolescencia entrando y los granos saliendo, me recluía a veces para mirar de corridito "Sliders", "Ciencia loca", "Salvados por la campana", "La niñera", "El príncipe del rap" y la joya de la corona: "Los Simpson".

Después caí en la cuenta de que la televisión fue para mí mucho más que un entretenimiento, se convertiría en algún momento en mi modo de vida, en mi manera de entender el mundo en el que vivo y al mismo tiempo, en la mejor forma de olvidarlo, por un rato. Nunca creí que tanta televisión me volvería turulato, por el contrario. Todo depende del mirador y la comunicación se da hasta que hace su aparición el receptor. Soy como soy por los valores que me inculcaron y por lo que aprendí mirando la tele. Es así. En una conversación, jamás permito que nadie hable mal de la televisión, ¡ella me educó! Espeto. Y respeto es lo que siento para los que hacen y viven de la tele.

Por eso me es tan difícil prohibirles o limitarles a mis hijos el horario de la tele. Me sé de memoria sus programas favoritos y a qué hora pasa cada uno y en qué canal. Tampoco es difícil, y sé que cuando están cansados pero aún llenos de energía, un rato de tele los apacigua, como música a las bestias. Además, no es que se sienten como tarados con la baba cayendo frente a una televisión que ya no lastima la vista como las de antes; la miran un rato, van por una hoja y una crayola y dibujan lo que sucede en la historia, o van por sus juguetes de lo que corresponda y cuentan la trama a la par de lo que se transmite. ¡Son geniales! (Por no decir que son unos tetazos).

Cuando me referí a que no fui un niño rudo, quise poner en contexto que siempre preferí los programas y juguetes que eran etiquetados específicamente para niños, no para niñas. Y eso era lo normal, lo natural en aquellos tiempos. Ahora, a mis hijos les chifla "La princesita Sofía", y está bien. Aman los muñecos y los peluches así como aman sus zapatos y balones y camisetas de futbol. Aman los globos como aman los coches. Aman besar mi boca como besar a quien se deje. Siempre quieren que yo sea el Rey Roland y ellos ser el príncipe James o el príncipe Xandar o el mago Cedric o el mayordomo Baileywick o el caballo que ahora no me acuerdo como se llama o los trolls de las cavernas. Y yo los dejo ser y los dejamos hacer lo que les plazca. Ya vivirán en un mundo estereotipado donde no se puedan salir de un esquema establecido, o quizá sí, y entonces habremos triunfado un poco más.

Pero quisiera retomar el tema de "La princesita Sofía". Es un programa espectacular aunque fallido. La historia es sencilla: el Rey de Encantia se enamora de una vivandera o pastelera, como sea, que tiene una hija llamada Sofía. El Rey ya tiene un par de hijos, el príncipe James y la princesa Amber, ambos mayores que Sofía -aunque no por mucho-. Jamás se nos explica el funesto destino de la reina anterior, aunque por lo que discutiremos a continuación, me puedo dar una idea muy clara y torcida de cómo sucedieron las cosas. Viven en una realidad propia de su linaje y ralea, pero el Rey Roland es bondadoso y justo. Miranda (la madre de Sofía) se siente como pez en el agua casada con el Rey, como si hubiera sido el propósito de su vida, su título es el de Reina y al parecer sus súbditos/excompas la a-do-ran. Para Sofía es mucho más difícil acostumbrarse a ser una princesa, básicamente porque es una peladita de arrabal venida a más.

El tema musical de entrada del show la llama claramente "Sofía Primera". Lo cual constituye no solamente una aberración en términos monárquicos, sino un acto de la más vil de las traiciones que se pudieran llevar a cabo dentro de una corte. Me explico. Los príncipes no tienen numeral en un reino, sí en un principado pero no en un reino como claramente se señala, ya que "El Reino de Encantia" tiene un Rey. Además, a los primeros de su nombre no se les otorga un numeral en vida, sí en los registros históricos, pero sólo hasta que existe un segundo del mismo nombre. Es el caso del Papa Francisco, que será el Papa Francisco hasta que haya un Papa Francisco II, cuando pasará a llamarse para la historia como Francisco I.

En fin, que para poder ser llamada Sofía Primera (o Sofía I), habría que esperar a que fuera reina y que posteriormente hubiera otra reina Sofía. Pero tendría que ser reina con R mayúscula, Reina que detente el trono, no consorte. Para eso, Sofía tiene varias posibilidades, primero que nada, el Rey Roland debería legitimarla, es decir, el Rey tiene el derecho y la facultad de legitimar a sus bastardos ya sean de noble cuna o de plebeyas; claro, suponiendo sin conceder que el Rey Roland fuera el padre biológico de Sofía, ya que como dije, su madre más que pastelera se me figura una vivandera trepadora, además que como Roland dice en algún capítulo: "CONSUMO PLACER", podemos darnos cuenta de la afición del Rey por visitar burdeles y casas felices desde la misteriosa desaparición de su esposa.

Digamos que Sofía fuera legitimada como hija del Rey. Antes que ella en la línea de sucesión está el heredero legítimo, el príncipe James. Y dado que desconocemos si el Rey Roland tiene hermanos, después de James, la siguiente en la línea es la princesa Amber. Ninguno de los dos parece del tipo capaz de abdicar, y menos en favor de una media hermana bastarda legitimada. Ahora viene el giro interesante, cuando Sofía llega al castillo por primera vez, el Rey Roland le regala un amuleto púrpura, que además de atarla para siempre a usar ropa morada, constituye una reliquia ancestral de la casa regente de Encantia, así que el portar tal joya, haría de Sofía una pretendiente poderosa a la que los más agitadores y violentos del pueblo pudieran seguir en caso de una sucesión complicada. Total que sabemos que siempre que un Rey pierde la corona, lo siguiente que pierde es la cabeza. Cuando muera el Rey Roland, el trono pasará al príncipe James de inmediato y a sus hijos tras su muerte, a menos que ésta ocurra antes de tener herederos propios, en cuyo caso, pasaría al primer hijo varón de la princesa Amber, o a una hija, o a ella misma en caso de no tener tampoco herederos. Todos ellos deben morir para que Sofía pueda convertirse en Reina. No es una proyección que uno quiera que sus hijos vean. Aunque yo sí se los expliqué aunque no me hicieron caso más allá de cinco segundos.

Un día le conté esta teoría y las fallas en el diseño de este programa a Astrid, quien muy segura de sí misma me respondió: "No importa porque 'La princesita Sofía' está hecha para niños y para papás de niños. Además, generalmente, la gente que sabe ese tipo de cosas que sabes tú, jamás se reproduce".

¡Toing!




¡¡¡ letem bi lait !!!













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domingo, 11 de enero de 2015

… Lo tienes bien merecido ...

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El último día de diciembre le pregunté a Astrid: "¿Estoy mal por querer ver la película de Gloria Trevi?", a lo que ella dulcemente me contestó: "Sí estás muy mal, ¡pero yo también la quiero ver!". Así que, ni bien comenzó el dos mil quince, nos alistamos para mirar la 'biopic' de la Trevi, que, al menos en apariencia, sólo podía ser una oda al mal gusto.

Porque seamos honestos, los que tenemos entre treinta y cuarenta años, dimos puntual seguimiento a la historia develada por Pati Chapoy en Ventaneando, que se conoció más tarde como la truculenta secuencia de hechos que culminó en el 'Clan Trevi-Andrade'. Recordamos cómo Gloria Trevi le vació el agua de un jarrón a Pepillo Origel, cómo subió sus patotas a los sillones paupérrimos del set de Tv Azteca, la cara desfigurada por la ira cuando Chapoy anunció que Gloria regresaba a Televisa, incluso recordamos aquellos noventas tempranos, en que la programación del canal siete y del canal trece era la misma, salvo por el infame programa 'A todo dar', en donde niñas de no más de ocho años imitaban o trataban de imitar los movimientos hoscos y salvajes de la Trevi mientras hacían playback con "Doctor Psiquiatra", "Pelo suelto" o "Agárrate". Próceres y visionarios ellos de la televisión actual de provincia: Alby Casado y Juan José Peña. No me avergüenza decirlo pues es parte de mi historia, en la secundaria tuve de compañero por un tiempo a un hijo de Alby Casado, Dino. Que tenía el nombre más estúpido que he oído, pero que era, también, estúpidamente rico. Sus abuelos, Sergio Peña y Kippy Casado tenían la casa más grande que recuerdo, en ella, la habitación de Dino era dos veces el tamaño de mi casa, justo como la recámara de Bart cuando se va a vivir con el Señor Burns. Pero en fin, esa es otra historia y no creo que merezca la pena ser contada en otra ocasión.

Todos sabemos qué fue de Gloria Trevi, de su encierro en Brasil y de su extradición y posterior liberación, de sus hijos, una muerta y desaparecida y otro nacido en prisión, de sus "éxitos" musicales y cinematográficos, de sus calendarios calenturientos para púberes, de su renacimiento como reina gay y de sus fracasos televisivos más recientes.

No es necesario que nos demos baños de pureza con eso, #TodosSomosGloria ah no. O bueno, no sé. Todos conocemos los recovecos de la historia y está por demás hacer un recuento, sin embargo, los productores y escritores de la película "Gloria" lo olvidaron y decidieron que la cronología no debe de importarle a nadie porque 'fuck it'.

Para empezar, el casting es afortunado sólo en los dos principales roles, dado que tanto la actriz que encarna a la Trevi como el gordo que hace de Sergio Andrade lo hacen muy bien -dentro de las limitaciones que el insufrible guión les ofrecía-, pero ni los personajes reales que aparecen de casualidad ni las demás niñas están bien representados. La pusilánime Mary Boquitas es más un adorno y un recurso para echarle la culpa a alguien de arruinar una escena que un personaje fuerte, y debería ser o, ya que está presente en el noventa por ciento de las escenas, aunque sea de decoración. A Aline Hernández le hicieron un favor pues nunca fue ni bonita ni atractiva siquiera, y la pseudo-actriz que la representa, aunque se supone que es menor de edad, sí está muy buena. Por el contrario, a Karina Yapor la perjudicaron más porque le escogieron a la no-actriz más fea que encontraron que por la veracidad de sus acciones dentro de la historia. Los demás personajes están tan caricaturizados y ridiculizados al extremo, que no vale la pena detenerse en ellos, simplemente hay que hacer mención de que solamente sirven para meter ruido en un guión por demás falible. Las tristes parodias de Raúl Velasco, Paty Chapoy, Ricardo Salinas, Emilio Azcárraga, entre otros, no sirve ni como 'comic relief' en una trama que intenta ser melodramática sin lograrlo.

De ahí mi siguiente gran queja. El lenguaje utilizado en el guión de Sabina Berman es más propio de Shanik del mismo apellido que de una escritora publicada y laureada. No porque me guste su estilo, que lo tiene, pero esta película no la representa. Términos como "la cagaste" no son, de ninguna manera, adecuados para la época en que se desarrolló la historia realmente. Sería una peccata minuta si tomamos en cuenta que el guión jode la cronología de los hechos para adecuarlos a un hilo que no se entiende realmente cuánto dura. Por el embarazo y el crecimiento de las niñas podemos darnos una idea, pero ni así. Sobre todo porque todos sabemos qué fue lo que pasó.

Por último, las actuaciones del cast son deprimentes. A la no-actriz que (no)interpretaba a Karina Yapor, solamente le faltó alzar alternadamente los brazos mientras decía sus líneas, que peor, son de las más dramáticas y fuertes de la parte final de la película. Y eso es lo leve. Pero, para ser congruente con lo dicho aquí, sí se me enchinó el cuero cuando sonó "El recuento de los daños". Me reí de las situaciones absurdas reales y de ficción, y me pareció original (aunque mal logrado) el recurso de los videoclips insertos en la película.

¿Me divertí? ¡Sí! ¿La recomiendo? !No! ¿La vería de nuevo? ¡Dios no! ¿Desquité el boleto y el combo nachos? ¡Por supuesto! No es la obra definitiva que cambiará el rumbo de la cinematografía nacional, pero es entretenida por momentos, y tampoco es que sea "Un paseo por las nubes" para que me aburra hasta la muerte.









¡¡¡ letem bi lait !!!




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viernes, 2 de enero de 2015

… Las historias que se acaban ...

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Son cuatro y desde que tengo uso de razón son viejos. O eran, ya que el mes pasado, dos de ellos dejaron de ser viejos para convertirse en eternos. Cuatro viejos de los medios de comunicación que, irremediablemente, me recuerdan cada vez que los veo a mi abuelo. Mi Papá E, el héroe de mi infancia y mi protector eterno, del que ya mucho se ha hablado en este blog.

1. Jacobo Zabludovsky. El periodista hecho por sí mismo, que vivió e hizo época cuando el periodismo era o encumbrado o perseguido, no quiero decir que esté bien o mal decantarse hacia cualquiera de los lados. Se puede hacer buen periodismo siendo servil, por supuesto, la buena narrativa y la crónica pulcra no limita visiones; así como también se puede hacer periodismo basura siendo contestatario y revolucionario. Y Jacobo hacía buen periodismo, alejado por completo del juicio moral al que todos tenemos derecho, se convirtió en un referente inalcanzable de la cultura popular.

Y Papá E lo quería, y lo desafiaba frente al televisor. Editorializaba lo que el hombre de grandes audífonos acababa de repetir y lo transformaba en lo que después se convertiría en mi primer acercamiento con la interpretación de la realidad. Sin saberlo -o quizá sí-, mi abuelo sentaba las bases de mi pensamiento -que intenta ser- crítico e inquisitivo. Lo quería como se quiere a un colega que ha logrado más que uno, con una admiración manifiesta y una envidia de la peor también manifiesta a veces. Los "¡pinche Jacobo!" sonaban por lo bajo a la hora de la cena en la Casa Verde, aunque por lo alto se oía a Papá E decir: "Lo dijo Jacobo". Soy demasiado joven para recordarlo todo, pero sí recuerdo la noticia del asesinato de Colosio y de su última noticia, su retiro parco y simple del noticiario. Luego su berrinchuda salida de Televisa y su vuelta a la voz y al papel, ya sin las ataduras que lo maniataban, pero siempre con la conciencia del deber bien ganado. Siendo maestro de su hijo así como mi abuelo fue mío. Con su suéter de la UNAM frente a cientos de libros, como mi abuelo con su saco a cuadros grises sentado en su biblioteca. Jacobo habrá de irse y mi abuelo también, y aunque mi Papá E ya no escucha casi nada, sé que en su mente siempre quedará el recuerdo de la voz de Zabludovsky llamándolo: "periodista".


2. José Ramón Fernández. Éste sí, fue un contestatario rezongón al que la edad sólo lo ha hecho irse demasiado a su extremo hasta casi tocar el contrario. Me recuerda a mi abuelo más por lo físico que por el carácter. Pues aunque mi abuela cuenta historias de gritos y enojos, para mí, mi Papá E siempre ha sido el hombre más tranquilo del mundo. Pero también es bajito, de ojos claros, calvo de la coronilla y con lentes enormes, justo como el primer Joserra que mi abuelo escuchaba hablar pestes del amarica, ese equipo de millonetas y pedantes en el que no vale la pena gastar un solo bit más. Mi abuelo siempre fue aficionado del Guadalajara, al que veía como el equipo del pueblo, el orgullo de lo mexicano, siempre en contraposición con el otro.

Ambos son poblanos y ambos fueron egresados de la Carlos Septién. Incluso, mi tío Chucho, hermano menor de mi abuelo, fue el asesor de tesis de José Ramón. Incluso he pensado que puedo usar ese 'token' como entrada a ESPN ja. En fin, que si mi abuelo hubiera estado mejor del oído hace un par de años, seguro hubiera disfrutado como loco de las aventuras de Joserra y Jacobo en Londres, vaya que hasta suena a caricatura vieja, y acaso lo fue. Realmente no puedo imaginarme un producto televisivo más vintage -al menos en teoría- que ese duo hablando sin parar.


3. Vicente Leñero. Si algo admiraba yo de mi abuelo, era su eclecticismo. Se pasaba el día leyendo seis periódicos o más. Gustaba tanto de la opinión ácida de La Jornada como de las páginas centrales chorreando sangre de La Prensa, de ahí a los extremos. Entre sus favoritos, sin duda, Proceso y Excélsior. No el Proceso de Sanjuana y Esteban, sino el buen Proceso de Julio Scherer y de Vicente Leñero, uno de los mejores hiladores de palabras que ha conocido este país. Periodismo del día a día en el Excélsior e investigación y crítica dura en Proceso, cada semana. Yo aún recuerdo que, siendo muy pequeño y antes de la salida editorial de Scherer, leía sin comprender todos los reportajes de Proceso, sentado junto a Papá E, en su negocio, en el comedor o en la biblioteca.

Leñero fue un hombre de sombras, no fue notorio pero su trabajo es inconfundible. Y aunque la figura más notable de la revista insignia del periodismo de investigación en México, siempre será Julio Scherer García, sé muy bien que Proceso nunca hubiera llegado a ser lo que fue sin el escritor jaliscience.


4. Chespirito. Aquí mi corazón se detiene, porque aunque nunca admiré el estilo de Roberto Gómez Bolaños, mi memoria está repleta de noches de carcajadas de mi abuelo frente al televisor mirando El Chavo, Los Caquitos, El Doctor Chapatín y todos los demás. Siempre con la repetición del gag y el humor más involuntario y forzado que otra cosa, pero que también siempre arrancaba la más sonora risa de mi abuelo, que con nada más en el mundo se reía de esa manera, llegaba incluso a las lágrimas de cuando en cuando. Ni Cantinflas había logrado eso en mi Papá E, y eso que mi abuelo puede contarse entre los mayores defensores de la vida y obra del mimo peladito.

Tiempo después, lo lúcido que Chespirito se mostraba ya en la vejez, en entrevistas y en homenajes televisados, además de sus apariciones esporádicas en programas especiales, no hacían más que recordarme que el tiempo pasaba inexorable y que mi abuelo también decaía en sus funciones corporales, aunque no así en su mente, esa gran traicionera que de un tiempo acá lo mantiene prácticamente en silencio, ya que al no escuchar bien, prefiere no entablar conversaciones para no desesperarse por no entender lo que se le dice. Eso me parte el alma, más que sus dedos temblorosos y su andar despacio, el que haya optado por el silencio como refugio significa una gran pérdida para el mundo y para nosotros, su mundo, que aún tenemos tiempo y ganas para escuchar toda la sabiduría que pueda salir de su voz.

De su voz de periodista, letrado y culto como el que más, entendido y claro como nadie, además generoso con el mundo que lo rodea. A ese gran hombre, mi Papá E, jamás serán suficientes los homenajes para honrar su vida y sus obras, entre ellas, la más grande: Su familia, la nuestra.



“No me gusta que las historias se acaben; ni en el cine, ni en la literatura, ni en la vida. Siempre tiene que haber más posibilidades, más caminos, más respuestas”.
Vicente Leñero.







¡¡¡ letem bi lait !!!





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miércoles, 18 de agosto de 2010

... ¿Tienes el valor o te vale? ...

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Muchas veces, nos enfrentamos a decisiones fuera de lo común, preguntas cuyas respuestas no parecen tener demasiados efectos a posteriori y que, sin embargo, pueden causarnos serios dolores de cabeza en el futuro cercano o lejano.

Expertos y no tanto dicen que los diecisiete años es la peor edad para elegir una carrera. No necesariamente. Para algunos privilegiados, la vocación siempre fue vocación y el plan de vida y conocimientos y habilidades y demás mafufeis que les aclaran la mente estuvieron siempre presentes. Se escuchan casos de arquitectos que construían legos, de médicos que destripaban sus Lotsos y políticos de izquierda que se golpeaban la cabeza incesantemente con un martillo.

Mi caso es de cierto diferente. Es verdadera la historia que me sitúa a los cinco años escribiendo mi primera obra de teatro. Nada impresionante si tomamos en cuenta que Mozart tocó para la emperatriz de Viena cuando tenía seis años, y que mi obra, aún inédita, jamás fue leída por nadie pues es francamente lamentable. También es relevante contar que si algo tiene que ver la sangre en todo este asunto de la estudiada, mi papá se pasó la vida fluctuando entre empleos que le permitieran ejercer su verdadera vocación: el teatro y las letras. Que también son las mías, creo.

Desde hace años sé que lo que quiero hacer y no dejar de hacer por el resto de mi vida petaca es escribir, crear. Contar. Contar cosas, no números. Aún así, también he fluctuado entre ocupaciones de lo más diverso, aunque siempre siguiendo sus pasos: medios, cátedra y gobierno. No hay mucho más que decir aún, estoy comenzando un empleo que lo que más me ofrece es estabilidad. Estabilidad entendida como tranquilidad de que mis y nuestras necesidades básicas estarán cubiertas y entonces podré tomarme algún tiempo del poco o mucho que tenga libre para continuar con este blog, y otros blogs y otros proyectos. Lo mejor de todo, es que este trabajo me dará oportunidades enormes de conocer gente, por lo tanto, conocer historias y acrecentar mi acervo de anécdotas chistosas o no, dramáticas o no, que después podré utilizar, o no.

La cosa es así. Por momentos llegué a arrepentirme de una decisión tomada hace siete años, pues no se veía en el horizonte una oportunidad que me diera justamente eso. Hace siete años, cuando dejé todo por seguir a una mujer (como todo hombre que se precie de serlo debe, al menos una vez en la vida), alguien me preguntó: ¿Qué prefieres: trabajar en algo que te guste o ganar dinero?

Mi respuesta fue obvia. Entonces, la opción para ganar dinero era entrar con una tranza al ISSSTE mediante la compra de una plaza, tranza que me garantizaría una vida de mediocridad. Por el contrario, la opción que elegí me llevó a una estación de radio a aprender en vez de aburrirme como ostra.

Ahora sé que todo el camino andado me trajo a este lugar, con la mujer más maravillosa del universo universal y con todos los sueños por delante y ya al alcance de nuestras manecitas.

Y ustedes, ¿prefieren trabajar en algo que les guste o trabajar en donde ganen dinero? (No se vale decir que las dos ¬¬).




¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 13 de mayo de 2010

... Mi mamá y la tecnología ...

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Cuando de gadgets y tecnología se trata, mi madrecita santa, Mamá Galleta, suele ser menos docta de lo que aparenta. Por un lado, pone toda la atención del mundo a lo que le contamos mi hermano y yo, o aunque no se lo contemos a ella, pone los oídos avispados para captar cualquier idea que pueda ser utilizada luego en una conversación cualquiera. Eso no es nuevo ni malo, todos lo hacemos. Estamos siempre al pendiente de nuevos conocimientos que podamos espetar en el momento adecuado para parecer más inteligentes de lo que realmente somos.

No cabe malinterpretación alguna. Mi mamá es la más inteligentísima de las mamás del mundo mundial. Sólo es un reflejo de humanidad el querer soltar palabras ajenas como si fueran propias sin la necesidad de corroborarlas de primera mano.

Por eso, cuesta trabajo creer que mi mamá esté al tanto de las últimas noticias tecnológicas, ya que hoy me contó de su último descubrimiento, a la vez que hacía una revelación impactante.

Dos veces en la historia, mi madre se ha sorprendido con un invento del hombre blanco (sin ofender a los fácilmente ofendibles negritos).

1. Corrían los años ochenta y una máquina capaz de transmitir datos por medio del cable telefónico parecía sacado de una novela de Julio Verne. En efecto, la súbita aparición de una máquina de facsímil, utilizada por María Joaquina para ayudar a uno de sus compañeros a enviar un mensaje a su mamá ausente, la inquietó sobremanera. Mi madre juraba que eso era un invento de Valentín Pimstein y sus guionistas, pues no podía concebir que una carta fuera transmitida por un medio diferente al telégrafo o la entrega de mano en mano.

2. Después de preguntarme por marcas y modelos de camionetas Ford, mi madre procedió a darme una cátedra sobre la nueva monada de una de estas camionetas. El sensor de estacionamiento. Ya no es necesario maniobrar hasta la saciedad o el hartazgo para medio estacionarse por la calle, esa nueva camioneta de la que mi madre hablaba, se encarga de mover el volante y uno, pobre y desubicado conductor, lo único que debe hacer es acelerar, frenar y cambiar la palanca de adelante a atrás, obviamente siguiendo las instrucciones de la propia camioneta. Para este momento, amable fans, te podrías preguntar: ¿en dónde habráse enterado, oh sabia señora, de las bondades de esa milagrosa camioneta? Ni más ni menos que en esa serie cultural que se ha convertido en un referente de nuestra sociedad: Hasta que el dinero nos separe.


¡Plop! ¬¬

La historia de mi mamá y la cuenta de caracteres en pantalla es, en efecto, otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.



¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 2 de julio de 2009

... La K-J-I (diota) ...

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Si algún día me saco la lotería o un poderoso ejecutivo (o ejecutiva, sería mejor ¬¬) de televisión se enamora de mi trasero y lo(a) convenzo de dejarme todo su imperio, tendré una televisora cuyas siglas sean: K.J.I. El slogan obvio sería una burla para todos aquellos detractores de la televisión. Dirán: "Por supuesto, es tan idiota que hasta ellos de dan cuenta". "¿Cómo esperan que veamos algo que se autodenomina idiota?". Entre otras linduras. Pero lo cierto es que 'La Ka Jota I diota' será todo menos idiota. Quizá un poco imbécil, de humor simple y divertido y siempre con aires cultosos. Aquí hablé sobre mi programa de televisión ideal. Ahora imagino todo un canal para poder hacer lo que me plazca. Oh sí.

Bueno, resulta que un cuate que se murió en abril de este año de cáncer de próstata (¡ay dolor!), se hacía llamar J.G. Ballard, escritor, novelista y quote-genius que entre sus obras más famosas están: "El Imperio del Sol" que Steven Spielberg la hizo película y luego fue nominada para un chorro de Óscares; la genial "Crash" re fuerte y polémica sobre autos y mutilados y aaargh, ya me dieron ganas de...; ajá, Ballard también escribió disparates de la más inverosímil ciencia ficción como "The Kindness Of Women", pero eso fue en 1991 cuando ya estaba medio chocheando. O bueno no, porque su último libro "Kingdom Come" de 1996 (que por cierto es uno de los mejores títulos del universo para lo que sea, cómic, novela o grupo de rock) tiene unas reseñas enormes y aún no he podido hincarle el diente, pero bueno, algún día ...

Ah, lo siento, lo que quería decir es que J.G. Ballard decía que: "La televisión es pura vanidad". Que viniendo de un tipo de la edad de mi abuela no suena descabellado. De todos modos yo puedo quedar libre de casi cualquier pecado católico o cristiano menos siete, y la vanidad cae dentro de la soberbia, que ha de ser como mi tercer o cuarto pecado favorito; así que, por antonomasia, la televisión y yo nacimos para ser uno mismo. Uouuo.

Cada que me encuentro con algún trasnochado que en su afán por verse cool afirma y recontraafirma que no ve televisión, lo detengo antes de que comience su perorata diciéndole: "¡Hey! Cuidado, no hables mal de la televisión, ella me educó". A eso casi nadie sabe que contestar. Bah, ilusos. Claro, a nadie le gustaría que hablaran mal de doña Chonita su nana ¿no? O de su madre, o de su abuela o del padre Ángel, depende.

Siendo mi hermano y yo hijos de madre trabajadora y padre bohemio y ausente, pasamos la mayor parte de nuestra niñez en casa de mis abuelos papás de mi madre. Los cuales tenían sus trabajos y sus negocios. Lo que obligaba a la televisión a permanecer encendida por horas y horas. Yo no necesitaba hacer tareas, ya las había hecho durante las aburridas clases y mi hermano tampoco lo necesitaba, le pagaba a algunos niños para que las hicieran por él.

Mazinger Z, los Thundercats, los Halcones Galácticos, El Tesoro del Saber, Plaza Sésamo, Popeye el marino y -tardíamente- Los Simpson fueron mis tutores. Sin embargo, aún conservo el papel escrito que mi padre, bohemio y con ciertas tendencias librepensadoras, me envió alguna vez. Transcribo:

"Lee, lee mucho. Libros de historia, de historias, de historia de los países, de los animales, libros de cuentos. Hasta el Condorito, el Video Risa o los cuentos de Disney si quieres. Todas las letras te dejan algo bueno. No quisiera que un hijo mío se volviera un burro que nada más se la pasa viendo televisión."

¡Uops! No sé en qué momento torcí el camino. Lo cierto es que me encanta la televisión. De mis padres y mi abuelo heredé el gusto por la lectura, pero jamás me perdí mis programas favoritos. Mi hermano, aunque sin educación profesional, es un gran lector, un tremendo lector que se roba mis libros y se los lleva a tierras tlaxcaltecas lejos de mí (aaaargh, ajá). Mi abuelo tiene una biblioteca completísima y polvorienta que creo que vale más que su casa entera, a la cual se añadieron los libros que nos dejó mi papá. Mi mamá lee, siempre lee, en el baño, en la playa, en la sala de espera del ginecólogo, mientras ella espera a sus pacientes, aunque últimamente ha preferido conectarse al messenger para platicar con sus hermanos.

Antenoche fui feliz dando cátedra de geografía política e historia del comunismo, cosa imposible de lograr sin leer, pero también sin ver el History Channel y comparar visiones, lugares, fechas, opiniones y lados.

Cuando no tenía cable me quejaba de ver siempre lo mismo, pero ahora que hay internet me quejo de no tener el suficiente tiempo para ver todo lo que me gusta. El paso natural es el TiVo, y si de por sí duermo tres horas diarias, supongo que podré darme el tiempo. Trabajar haciendo televisión significa renunciar al tiempo para verla. Es simplemente desgastante y lo sufrí (y muero por seguirlo sufriendo, la verdad).

La relación de la sociedad con la tele es tan de amor-odio que miles y miles de historias pueden salir de ahí. El master de masters Pepe Rojo (aquí una genial colaboración para la revista en la que quiero trabajar) hace una buenísima fusión de novela y ensayo en la críptica "Punto Cero". Que desde el año pasado es de mis libros favoritos. No es fácil de conseguir, pero yo se los presto ja.

No soy envidioso, soy vanidoso, que es otra cosa.



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Vayan al post medio polémico (que me echan montón) en:



¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 25 de junio de 2009

... Eshpeludznante (con marca'o adcento eshpañol) ...

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Mucho está pasando en este momento que mi cabeza gira que gira y sigue dando vueltas. Dicen que por un mal día, nunca te detengas, pero hoy no ha sido un mal día, al contrario. Lo mejor de todo, fue que me confirmaron que por fin, después de un par de años, voy a participar en un rodaje, con lo que lo extrañaba, lo necesitaba. La adrenalina que se siente en un plató no puede compararse con nada que se haga con la ropa puesta y entre un montón de desquiciados similares o más que uno.

Ah, se murió Farrah Fawcett en la mañana y todos los flecos crepés del mundo se alaciaron en señal de duelo. En un mundo ideal, todas las fotos setenteras de mi mamá deberían ser clausuradas por el luto. Pero no.

Yo me quedé pensando en todo lo que tengo que hacer para mañana, corregir el guión y hacer la propuesta del arte y la fotografía del cortometraje del que mis amigos, qué digo amigos, me han invitado a formar parte. Me salí de casa con el iPod y no, no tengo canciones de Michael Jackson por ahora, carezco de la computadora cuyo iTunes está sincronizado con mi iPod y por lo tanto, tiene meses que no actualizo mi playlist. Comí una saludable hamburguesa y vi que en VH1 estaban pasando el programa de hace unos años The Rise and Fall of Michael Jackson. Me pareció que algo tenía que ver, que no estaba programado, pero pensé que era por el inminente retorno del Rey del Pop a los escenarios que fue noticia hace un par de semanas. Se hablaba de que Lou Ferrigno estaba entrenándolo para que recuperara la condición física que sus bailes extraordinarios le exigían.

Bajo la lluvia, regresé a la casa y me encuentro el Twitter a punto de colapsar y toda mi limitada timeline hablando de lo mismo. ¿Qué pedo? ¡Nooooooo! ¿Neta? ¡No mamar! Y yo acabo de ver su programa. Ahhh, ¡con razón!

Tenía once años cuando vino al Estadio Azteca y ya no me acuerdo de los detalles, mucha luz y él muy pequeño, sólo recuerdo que fui inmensamente feliz y que -entonces- dije que ya podía morir tranquilo por haber visto el -entonces- mejor espectáculo en vivo sobre la faz de la Tierra. Luego vinieron U2 y Discoteque, Rolling Stones y Voodoo Lounge, Oasis y el deprimente Liam cayéndose de borracho el día de mi cumpleaños y me di cuenta que no valía la pena morir después de un concierto. Luego dejé de ir a conciertos. Snif. Re triste.

Pertenezco a la generación de los años ochentas tempranos, mi niñez estuvo marcada por el reinado de Jackson; no había de otra, no había otro Michael que él. Los escándalos de abuso de menores no hicieron mella en su fama, al menos no entre sus fans, los que crecimos tratando y fallando al hacer el 'moon-walk'. Fue hasta los noventas cuando llegó otro Michael a usurpar -aunque por méritos propios, he de reconocer- la supremacía sobre los Michael's del mundo. Ahora, cada que alguien dice "Michael", todos saben que hablan de Jordan.

Es algo extraño, no triste como cuando Benedetti, sino extraño, como un hueco que nadie sabía que existía pero que ahora se siente en toda su oquedad.

Y da miedo. Al ver en la tele sus biografías y pensar que tus ídolos de niñez comienzan a morir, lo cual te hace pensar que tus amigos se están casando uno a uno, lo cual me lleva a tener miedo del tiempo.

Estados Unidos le ganó a España y México a Venezuela. Ja. ¡Pobres, pobres de nosotros! Y pobre de mí, me han arruinado mi domingo. Por congruencia, no puedo irle a Estados Unidos, pero por masoquismo y empatía con el coyote, tampoco puedo irle a Brasil. Jamás le voy a Brasil, ni a Argentina ni a Alemania para el caso, bah. Tengo miedo del juego México - Estados Unidos del doce de agosto, aunque sea en el Estadio Azteca.

Iré a Monterrey a un encuentro juvenil de escritores, aunque llegue tarde porque el rodaje del cortometraje será dos de los tres días que dura el encuentro, pero eso no me lo pierdo. Tengo miedo, odio que las cosas se me junten. Aaaaargh.

Dije ¡Aaaaargh!




¡¡¡ letem bi lait !!!

martes, 23 de junio de 2009

... Telcel ayuda a los ñoños a conseguir chicas ...

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Hace unos días, doña esa me dijo que no le gustaba que escribiera tan seguido aquí porque hablo de lo mismo y de lo mismo y de lo mismo. Después de que se mordiera la lengua, se desangrara y se muriera, pensé en lo que dijo y decidí dos cosas. Una, que no me importa y dos, que no tiene razón. En junio he publicado doce entradas, y salvo los cuentos, no todas tienen la misma temática. Incluso los cuentos, aunque con el mismo personaje y una línea argumental similar, son diferentes entre sí.

Veamos:

Uno de junio: Relato del sueño de la boda de Itande.
Tres de junio: Dislate y coraje contra las mujeres infieles.
Cinco de junio: Cuento sobre un eyaculador precoz.
Siete de junio: Mi abuelo se enfermó.
Nueve de junio: Cuento sobre un masturbador crónico.
Once de junio: Queja de mi desempleo.
Trece de junio: Voy a la fiesta con Niña de fuego.
Quince de junio: Cuento sobre un threesome fallido.
Diecisiete de junio: La diferencia de edades en una pareja.
Diecinueve de junio: ¡No soy jipi! ¡No soy jipi!
Veinte de junio: Recuerdos infantiles.
Veintidós de junio: Cuento sobre el estupro.

Además de que todas hablan de mí y de mi pequeño ego y frágil susceptibilidad, no creo que haya grandes similitudes entre ellas. En fin, no importa.

Tendrá poco más de un año que en este blog (que en ese entonces era verde y naranja) conté una estrategia bastante enferma de ligar.

-Oye, ¿cuánto tiempo llevas enferma?
-Mmmm, desde el jueves, ¿y tú?
-Ayer comencé, oye, ¿a qué hora sales?
-De trabajar, a las 2, ¿por?
-Te invito un helado ¿quieres ir? Al fin que ya estamos bien enfermos.
-Sí, gracias.
-Vengo por ti a las 2.

En fin, en una situación digamos común, existiría la salida a tomar helado, quizá cine y beso en la puerta de su casa. Dos o tres salidas más y si todo sale bien, la pregunta: ¿quieres ser mi novia?

Hoy el beso fue ...
(leer más)

Resulta que ayer obtuve una nueva muestra de mi poder jaja. O de mi descaro, ya no sé cómo catalogarlo. Tuve una reunión con la gente de la radio en un Sanborn's, el único que hay por acá y en el que conozco a la mayoría de las cajeras, cosas del destino, la vida y los trotes de la misma. En fin. Años y años se tardaron en llegar y no quería esperar como ostra sentado en una mesa con las pirinolas rondándome ofreciéndome café de calcetín. Compré tres revistas y fui a saludar a una chica que trabaja en el 'departamento de telefonía celular'. (Ja).

Pláticas sin sentido ni más objetivo que el de aguardar el lento andar del segundero. Nada relevante: "No, no, ya no estoy en Cancún", "en Querétaro", "el viernes te vi pero ni me pelaste". Cosas así de interesantes hasta que, en un flashazo recordé haber visto un par de ojos y un par de nalgas, un par de horas antes ...

... Caminaba por la calle en medio de una llovizna agraz, lo suficiente para mojar mi cabello pero también para evitar que se formaran grandes charcos que hicieran que los autos me salpicaran. Entonces, con mi vista limitada por el gorro de la chamarra, creí distinguir una silueta delgada que se ensanchaba gratamente en el medio. Una mujer con licra deportiva y unas caderas de campeonato caminaba a prisa en dirección opuesta a mí. Conforme se fue acercando y el encuentro era inminente, me levanté poco a poco el gorro para tener una plena visión de ella. En cámara lenta, sus labios se curvaron hacia arriba cuando nuestras miradas se encontraron. Al pasar, un rápido movimiento de cuello me permitió verle el trasero antes de que ella volteara, porque lo hizo ...

La misma chica de las licras deportivas llegaba a la caja donde yo platicaba con mi amiga. Curioso. Había dejado de llover pero ella tenía el cabello mojado, traía en la mano un cilindro con agua para beber. Yo asumí que había ido al gimnasio (hay uno muy cerca de donde la vi). Preguntó si tenían recargas electrónicas de telcel. Mi amiga dijo que sí y yo preparé mi memoria privilegiada para retener el número que ella diera. Pero las estúpidas políticas de privacidad de Sanborn's no me dejaron. La amiga le proporcionó un pedazo de papel y una pluma para que anotara ahí su número. ¡Rayos! Ahora tendría que actuar.

Esperé a que hiciera todo el trámite, obviamente el papelito con el número le fue devuelto junto con su cambio y su ticket. Era en ese momento o nunca.

-Oye- Le dije con mi voz más seductora. -¿Me puedo quedar con el papelito?

Ella volteó, me reconoció (creo) y sonrió. Dudó unos instantes, volteó a ver a mi amiga que ya se había desaparecido (convenientemente), volteó en todas direcciones hasta que por fin dijo:

-Eaammmm, ¡sí! ¿Me llamas?

-¡Yo te llamo!

Pero no lo haré. No pronto al menos. No sé porqué lo hice, fue divertido y todo el camino de regreso a la casa tuve una sonrisa entre los cachetes. Pero bueno, al menos ya tengo un nuevo contacto para, mmm, pues a ver que ...

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lunes, 22 de junio de 2009

... REALIDAD DE FICCIÓN ...

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Fui el alma de la fiesta. Bailé tanto y tomé tanto y aparecí en tantas fotos que nadie se dio cuenta de que mi camisa tenía un hoyo en la axila derecha.

Era catorce de febrero y Daniela me había invitado a su casa, no como yo habría querido, claro; era una fiesta, la más grande y multitudinaria fiesta de solteros que habría en la ciudad. Había que ir de rojo para celebrar que no nos importaba el amor, lo único que valía la pena era la perspectiva de tremendo bacanal en la palapa junto a la alberca de la casa de Daniela.

Me había puesto mi mejor camisa, al estilo de Charlie Harper, camisa de boliche, aunque bueno, de este lado del muro se diría que es una guayabera, blanca, con dos líneas al frente, jeans normales y botas negras. No había de otra, esa noche sería mi noche.

Daniela estaba espectacular, aunque tenía los ojos más hermosos de toda la ciudad, había algo en ella que no me convencía, además, como buena anfitriona no tendría tiempo para atenderme como me lo merecía, sólo a mí, quiero decir.

Y entonces la noté y supe que ella también me notó. Rubia, ojos verdes y sonrisa hermosa, cuerpo de tentación, vestido negro y corto que resaltaba sus curvas delicadas. ¡Oh sí! Me acerqué con un vaso en la mano y lo ofrecí a sus labios. Ella bebió como posesa mientras su mano buscó la mía, mientras que yo busqué su cintura. En el camino, rocé con las yemas de los dedos el borde de la tanga que se sentía bajo la delgada y vaporosa tela de su vestido. Ella se estremeció.

Bailamos como si yo fuera Diego Luna y ella Maribel Verdú, afortunadamente no apareció un Gael cualquiera a arruinarlo todo. Cierto es que ella no estaba en sus completos cabales, o bueno, no. Mejor me gustaría pensar que al verme, cualquier traza de pudor se le olvidó para dejarse llevar al cielo al que la conduje. No había más que hacer, pero a propósito demoré el momento para hacerlo más y más deseable. Bailamos dos o tres canciones, el ritmo no importaba, ni siquiera el que nadie más lo hiciera, ni siquiera el que todos nos miraran. Ella buscaba mi boca con sus labios pero yo me apartaba siempre en el último momento, no había prisa. Suave y en un susurro le pregunté su nombre. “Maguisol” me dijo, también en un susurro y con un sutil acento francés. Eso terminó de derretirme.

Con un rápido movimiento mis dientes apresaron su labio inferior y sin más palabras, la tomé de la mano y la guié hacia el sótano. Hacía frío en las escaleras y al poner mis dos pies en el piso me detuve, sus pequeñas pero firmes tetas se estrellaron contra mi espalda.

Me volví hacia ella y nuestras bocas se encontraron furiosas. Sus muslos se tensaron y con un amago de salto mis manos los apresaron, levantándola. De película, sus piernas duras rodeándome por la cintura, sus brazos sobre mis hombros y mis manos sosteniéndola al tiempo que subían poco a poco su vestido. La llevé hasta el cancel que conducía a la cava, ahí, en el escalón que lo precedía la solté y descansó para casi quedar a mi altura.

Las bocas no se separaban más que para tomar aire mientras que ella intentaba casi sin éxito evitar que subiera en exceso su vestido. Eso me molestó un poco pero no podía ya hacer como que no me incomodaba la dureza dentro de mis pantalones. La tomé de los hombros y la giré. Quedó de frente al cristal cada vez más empañado, con una mano sostenía sus dos muñecas por encima de su cabeza mientras le besaba la nuca y el cuello y le mordía las orejas. Liberé su mano derecha que cayó delicadamente por su costado y entonces bajé uno de los tirantes de su vestido, devolví la mano a su lugar e hice lo mismo con la izquierda. Sus pezones se irguieron al instante al sentir la cercanía del vidrio frío y mis dedos los hicieron suyos de inmediato.

Le dije al oído que iba a soltar sus manos pero quería que las mantuviera sobre su cabeza. Lo hizo sin chistar. Ahora tenía las dos manos libres para recorrerla, la derecha trabajaba en su pecho mientras la izquierda se aventuraba entre sus piernas. El delgado vestido cedió pronto y la tanga, delgada también, se deslizó hacia un lado con la facilidad que su excitación proveía.

Mis dedos de serpiente profanando su intimidad la hacían gemir y moverse rápidamente. Gimió un par de palabras que no entendí. Me acerqué y entre su placer y mi respiración pude escuchar las palabras que más podrían matar mi libido.

-Tengo diecisiete- Me dijo.

Al instante, el bulto dentro de mis pantalones cedió, mis manos se retiraron y ella se volvió hacia mí, cubriéndose.

-Perdón...- Murmuró.

-No te preocupes. ¿Estás bien?

-Sí, sí, todo está muy bien, no soy virgen, pero quise que lo supieras.

-No, no. Está bien. Todo bien. ¿Volvemos a la fiesta? Oye ,¿te gustaría ser conductora de televisión? Hay un casting el martes ...







¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 14 de mayo de 2009

... Mil monos ...

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Dice la leyenda urbana, teoría, hipótesis, dicho popular o sabiduría de Juan Pueblo que 'mil monos con mil máquinas de escribir llegarían a escribir Hamlet por mero azar'.



Poca gente lo sabe. Uno de mis grandes sueños de la vida es tener un programa de televisión cultural. Caray, que me tengo que morder los dedos para no contar aquí pelos y señales de mis grandiosas ideas. En términos generales, tendría que ser un programa tipo mesa redonda pero carente de mesa. En cómodos sillones mullidos, un conductor (idealmente, yo) llevaría el tema del día (o de la semana) acompañado por especialistas en, ejem, el tema en cuestión.

¿Los temas? Cualquiera. Depende de la fecha. hablaríamos de hechos históricos y básicamente el mismo planteamiento de este blog:

Un viaje a través de las ideas, las personas y las obras de nuestra época, supuestos ayeres e inciertos futuros.

En 'La Historia Interminable', Michael Ende insinúa de refilón la misma teoría de los monos. Dentro de uno de los capítulos finales, Bastián es arrastrado por su olvido hasta un lugar cuyo nombre no recuerdo ahora, que es habitado (si a eso se le puede llamar habitar) por todos y cada uno de los seres humanos que han llegado a Fantasía sin poder encontrar el camino de regreso. Todos, sin excepción, se declararon a sí mismos Emperadores o Emperatrices. Todos, sin excepción completamente despojados de sus recuerdos a causa del enorme poder que se les ha otorgado, con su consecuente maldición. Todo cuanto deseen se les es concedido a cambio de un recuerdo. Lamentablemente el trato no incluye posibilidad alguna de escoger de cual recuerdo desprenderse. Así que mientras más desean, más obtienen y más olvidan. Al llegar a ese lugar indeterminado, cerca de las fronteras de Fantasía, no tienen mucho que hacer. Carentes ya de memoria pues han olvidado todas las palabras, incluso su propio nombre, han olvidado que son seres humanos y que tienen la capacidad de pensar y de desear, de querer cosas. De sentir. Muchos de ellos simplemente deambulan por ahí y por allá sin mayor propósito que el de transitar del día a la noche, de la noche al día y luego todo de nuevo. Otros se golpean entre ellos pues han olvidado como se siente el dolor. Pocos son los que utilizan las herramientas que se les han dispuesto. Un grupo de dados con letras grabadas en las caras. Por repetición o por instinto, estos seres aprendieron a lanzar varios de ellos a la vez. Siendo una actividad realizada por entes poco menos que autistas, será repetida una y otra vez sin fin. Si los dados se lanzan interminablemente, alguna vez una sílaba se reconocerá, si se sigue haciendo, algún día una palabra existente saldrá a la luz. En años, una línea o una frase será vista. En siglos, un poema. En milenios, una historia. Jugando ese juego insulso por toda la eternidad, todas las historias del mundo pueden ser contadas.

La teoría de los mil monos define todas las historias que existen y que están por hacerlo.

Y todas las historias del universo es mi meta. Mi meta inalcanzable, obviamente, pero aun y cuando estoy plenamente consciente de la imposibilidad de lograr conocerlo todo, no quisiera cesar en la tarea.

Estoy por completo seguro de que un recuerdo es invaluable, pero no tanto como un deseo. Y es cierto, uno elige con quien construir recuerdos, pero los deseos no siempre se escogen, nacen desde dentro, en algún sitio entre el corazón y el esternón, entre el estómago y los riñones. Y sale, aunque ese deseo contravenga todo estándar moral que uno pueda tener, aunque toda el alma se resista a hacerlo realidad. No hay mucho chance posible, cuando un deseo se malogra, la frustración es enorme.

Yo lo sé.


Bah.




¡¡¡ letem bi lait !!!

viernes, 24 de abril de 2009

... Al perro más flaco ...

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Después de mucho meditarlo he decidido hacer caso a las voces externas e internas que no cesan de susurrarme lo obvio.

¡Tengo influencia porcina!

Sí, dije 'influencia'. Dejando de lado la panza llena de gas (Gracias The Coca-Cola Company), los cachetes impresionantes y el cinturón reventando. Bueno, el punto es que últimamente, mi cabeza se ha visto asaltada por pensamientos impíos, impuros y malsanos. Mmm, no tanto, o sí, pero ni siquiera el trabajo desbordante que no me deja hacerle caso a mis amiguitos del msn me impide pensar cosas sucias, cochinas, ¡pueeeeercas!. O si sí les hago caso a las ex y a las próximas exes es nada más para cachondear, ejem.

Recientes acontecimientos en mi entorno personal mío de mí propiedad, y también en los de otros y que he tenido la desfortuna de enterarme, me han dado el conocimiento perenne de que las cosas no siempre son lo que parecen y las apariencias juegan un juego bastante peligroso y peliagudo del que no es fácil salir indemne, invicto. Aunque a muchos no les importa. En fin, todas esas ondas de la correctez y la calidad humana son realmente una patraña. Los hombres tenemos como condición indispensable para pertenecer a esta decadente especie, el ser falibles. El ser imperfectos. El cagarla y recagarla cuando menos la debemos cagar. El arruinar nuestra propia felicidad en aras de deseos o impulsos repentinos y estúpidos. El autosabotaje.

Pues ya no quiero pensar cosas que no debo, pero allá yo y mi mala cabeza.

Como de costumbre, hoy desperté a las seis de la mañana después de haberme dormido a las tres. Encendí la televisión y la atolondrada voz de Carlos Loret me sacaba de mi enmimismamiento post-onírico para asustarme como no me había asuatado desde finales de octubre y principios de noviembre.

A menos que vivan en Playa del Carmen, seguramente se han enterado de que la señal más puerca del apocalipsis se ha desatado sobre la zona metropolitana del Distrito Federal, en México.

No contentos con haber hecho creer a la gente que hay crisis, y que deben cuidar su dinero y no dejar propinas en ningún lado. No contentos con echar a perder el buen paso de los PUMAS hablando solamente de lo mal que andan tanto el américa como las chivas. No contentos con burlarse de la locura del ex presidente Fox. No contentos con embromar a todos los que tenían credencial de elector 'cero-tres-renueva' diciéndoles que siempre sí se puede. No contentos con todo eso, ahora nos echan la maldición de los cubrebocas. Compras de pánico en las farmacias, las clínicas de salud pública abarrotadas (lo cual provoca más vendedores ambulantes de comida afuera de ellas con el consecuente mosquerío, otra plaga bíblica), las madres cubriendo a sus bebés hasta la coronilla...

Aunque pensándolo bien, no es tan mala idea que la gente camine por la calle con media cara tapada. Un favor a la estética y al buen gusto de mis ojos (verdes, hermosos).

Un momento:


Crisis.



+

Gripe porcina.



=

El fin del mundo.





Siempre supe que los gordos destruiríamos el mundo (Cuanta razón tenías mi hamburguesa, lo auguraste pero fui necio, fui un necio).




¡¡¡ letem bi lait !!!

sábado, 11 de abril de 2009

... THE PASSION OF THE COOKIE ...

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Habiendo sido amenazado en su seguridad y su tranquilidad por las tropas oscuras de la familia del Rey, no le quedó más remedio que emigrar de su ciudad de origen, huir a través de desierto, selva, aire y fango hacia la lejana Nichupté, lugar asediado por los reptiles de Sammael, pero bendecido por el Señor con cielos azulados, aguas turquesas y arenas enharinadas. El Rey Nahzeta gobernaba las tierras de Nizuc y su dominio se extendía por toda la costa peninsular.

Apenas llegó a tierras mayas y comenzó el martirio. El calor casi inhumano lo desbordaba al inicio de la cuaresma. Cuarenta días y cuarenta noches caminó entre las ardientes brasas de la noche, fue tentado en innumerables ocasiones por las siervas de Lilith, pero él, fiel a sus convicciones y cognosciente de sus lealtades, pudo navegar sin mácula por la fiesta nocturna que lo llamaba con mil voces.

Pasada la cuarentena, fue reconocido por el Jefe, quien al momento mismo de conocerlo, llamó la atención de la multitud y gritó: "¡Mirad! Éste es el correcto de voz, que borra los pecados del vulgo." De inmediato comenzó a tener seguidores y seguidoras. Criticado fue por rodearse de perdedores y mujerzuelas, pero él siempre consintió a sus discípulos y no se avergonzó jamás de su compañía. 'Vikingo' le llamaban por su reticencia a cortar su cabello y su larga barba.

El Jefe no podía estar más que complacido con los milagros que obraba: Convertir a la aguada en linda, hacer hablar a las piedras, multiplicar las viandas, sanar un par de corazones, caminar entre el fuego, hacer letrado al ignaro y detener el tiempo. La grandeza siempre despierta las envidias de los menores, y él sabía que uno de sus discípulos confabulaba en su contra. Pero decidió esperar, esperar la recompensa del Jefe.

Había decicido dejar Nichupté, las malas vibraciones en el entorno le indicaban que era tiempo de volver al lugar de origen, sin embargo no quería dejar a sus seguidores abandonados a su suerte. Comenzó la parte final de su ministerio revelando la tierra prometida, avivando en los individuos el ansia del hogar, inflamando sus corazones con palabras poderosas y sentimientos de pertenencia.

Fue un jueves, mientras visitaba por última vez el cenote más famoso de Nizuc, de la mano de Sore, su más fiel discípula, la encargada de continuar con su trabajo cuando él se hubiera ido. Tiernamente lavó el cuerpo de Sore comenzando por los pies, purificando su espíritu y alistándola para el ministerio que venía. Al volver a la guarida, la cena lo estaba esperando junto con la noticia de que debían huir esa misma noche, que las fuerzas de Nahzeta estabas listos para capturarlo.

Él no opuso resistencia, pidió a sus discípulos tomar y comer todos con él, que pagaría el precio con su sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que permanecería en todos y cada uno de ellos, como prueba de la promesa de volver. Las tropas de Nahzeta lo aprehendieron sin sutileza. Lo llevaron ante el Jefe que tres veces, cara a cara negó el haberlo conocido, el haber presenciado sus milagros, el haberlo proclamado frente a la multitud. Había sido traicionado por el más pequeño de sus discípulos, por el de menor categoría, el que menor habilidad y mayor reticencia había mostrado, aquel al que los demás llamaban, 'Luron'.

Para el viernes todo había terminado. El Jefe dictó sentencia condenatoria para regocijo de la muchedumbre, que para entonces ya le había vuelto la espalda y se regodeaba en su crapulencia al mirar como el hombre al que antes admiraban, ahora estaba destrozado. Por fuera, quizá, por dentro, un espíritu más ardiente que las mismas antorchas que blandían frente a él. "Perdónalos Señor, no saben lo que hacen".

Desterrado fue de Nichupté y durante todo el día no volvió a saberse de él. Ese sábado la tierra tembló, por primera vez en Nizuc, tembló. Una nueva luminiscencia se acercó a él mientras deambulaba por la oscuridad del desasosiego llegando del norte, una estrella en el cielo destellaba intermitente y él la notó. Y decidió seguirla.

Para el domingo, su pesar estaba curado, había renacido, resucitado dirían otros. Incrédulos, un par de sus discípulos negaban lo que veían sus ojos. El corazón y el espíritu curado de su líder no les parecía posible en tan poco tiempo, ahí fue cuando supieron que era cierta la alianza, la promesa que les había sido hecha tres días atrás. "Yo soy el que soy", repetía.

Y su ministerio no tendrá fin ...





¡¡¡ letem bi lait !!!

martes, 3 de febrero de 2009

... Mañana es para siempre ...

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Está como de hueva contar las cosas que me pasan en el trabajo porque nadie de ahí viene a husmear La Galleta ni nadie de ustedes jicotillos trabaja donde yo, así que no entenderían si digo:

"qué tranza labanda"

"cámara ñero"

"que se mueran los gais de gripa y de sida"

"en este momento se me ha agotado el agua de fruta anacardiácea caballero"

"que digo amigo"

"Dulce Reséndiz"

Cosas que hacen cajetear de la risa a mis amiguitos laborales no tienen sentido fuera del trabajo laboral del laburo (¿de quién me acordé?).

Mañana veré a muchas viejas guapas y otras muchas más que creen que lo son (porque son ciegas, taradas o no tienen vergüenza). Hay casting en la oficina y estoy aquí escribiendo este remedo de post. La verdad no quiero llegar a mi casa. El rumeit renegado que vive en la sala tiene todo hecho un desmadre, ya le dijimos, exigimos y vuelto a demandar que deje de mamar y arregle su cuchitril. Ya se va, el quince de febrero a más tardar debe estar fuera. Nos quedamos los tres rumeits más o menos ordenados y píos (notar que es casa di'ombres, así que no se hagan muchas ilusiones).

No le digan a nadie que tengo que cuidar mi reputación de altanero, precioso y orgulloso; hoy me sentí feo. Físicamente feo. Llevo un mes sin rasurarme y el mismo tiempo sin cortarme el pelo, a diferencia de noviembre cuando estaba inmerso en un proceso creativo que me costó sangre y semen, hoy no tengo nada que me inspire a sacar lo mejor de mí. Me siento como un obrero que hace lo que se le indica que haga, nada más ni nada menos. A causa de la tos pedí a la luna volverme emo, en realidad no quería reírme porque cuando lo hacía tosía interminablemente y en ese freak-show en que se ha convertido el canal, no pasa un segundo sin que alguien haga alguna pendejada pendeja y me cague de la risa. Y tosa como chacuaco.

Pero me sentí feo. Por más que traté de erguir la espalda, las contínuas horas nalga en el cómodo sillón negro han hecho mella y dejé de intentarlo. Me resigné a encorvarme, hoy por lo menos. Mi pelo afro se va para todos lados y la decisión de dejármelo crecer hasta que las rastas se hagan solas se tambaleó. No soporté la visión que me devolvían los cristales de los autos. Me cagó especialmente la gente y más me caga el hecho de que mañana tengo llamado a las seis a.m. para un casting.

Lo cual me lleva al origen de todo esto. Mañana hay casting y hoy me siento feo. Nunca me siento inseguro alrededor de las mujeres, ni siquiera ante las que fácilmente podrían pasar como diosas de cualquier religión escandinava. Me intimida la esencia, no la presencia. Y la esencia es imposible de ver de primera intención, así que no me preocupa estar en un lugar rodeado de mujeres hermosas (y hombres, pos ya que, pero esos no me gustan, yo no le voy al américa). Pero hace un momento caí en la cuenta de que me siento feo; sé que soy un sol, no hay necesidad de que me lo digan, mas si como me siento me veo, ya me chingué.

Luego pensé: '¿Para qué quiero verme bello? Pues porque lo soy. Ajá, pero ¿para qué quieres que mujeres piensen que eres bello? Porque la verdad no puede ni debe ser ocultada. Ajá, pero ¿tú qué ganas con que ellas sepan la verdad? Y ahí ya no tuve respuesta'.

Ya me acordé de otra cosa que iba a escribir. Siempre he sido malísimo para descubrir los coqueteos. Por ejemplo:

1. Platicaba con una realizadora y le decía que anoche ví una película en mi laptop. Me preguntó si tenía una mesa para la compu a lo que contesté que no, que la veía con la lap recargada en mi pecho. Después ella me dijo que la invitara a ver una película.

2. La paisa me dijo que soñó conmigo en la cama, pero que yo le decía que no quería que dejara a su novio y sus planes de boda por mí.

3. Tal vez la paisa no se quede a trabajar en la empresa y me dijo que me extrañaría mientras me apretaba el brazo fuerte con sus dedos de uñas pintadas de negro oscuro. (Ok, me parece que estoy viendo demasiada poca televisión).

4. Una pelirroja escocesa en la playa ... too much.

No hay mucho más que decir.

La extraño, eso es todo.

La soledad es una puta mierda.



¡¡¡ letem bi lait !!!

sábado, 10 de enero de 2009

... Mantequilla embarrada en demasiado pan ...

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Una de mis frases favoritas de la vida es: 'Cada quién tiene y obtiene lo que se merece'. O: 'Que te vaya como te lo merezcas'. En general, la segunda es tomada por la gentecita como una especie de insulto, digo, yo pienso que ellos estarán conscientes de que se merecen lo peor y por ende creen que son mis deseos para ellos. Pero no es cierto, la verdad poco me importa como le vaya a la gente (la que no me importa), además yo no les deseo nada, sólo lo auguro.

A los aquí leyentes que recibieron una felicitación mía de mi persona personal en fin de año o en Navidad y se ofendieron por haberles deseado lo que merecen, ni modo. Para qué se merecen cosas malas.

En fin, las cosas en el trabajo van como van. Y eventualmente todo caerá en su lugar, lo sé, lo creo, quiero creerlo, tengo que.

Hoy me dijeron que el proyecto que me encargaron le va a redituar a la empresa un millón de pesos mensuales. ¡Vale madre! Para los dos que me pagan (a la quincena) no alcanza ni para mi sueldo. Ajá, estaba siendo sarcástico. Ya ni modo, si antes probé la caca del desprecio y el rechazo a mis capacidades, hoy tengo que sentir lo que siente un asalariado más corriente que común. ¡Dios, no! ¡No permitas que me acostumbre! Un amigo del francés de hace diez muchos años dice que en Cancún solamente me la paso disfrutando, cree que por trabajar en el paraíso y en donde me dejar hacer lo que quiero una oficina frente a una computadora, doce horas diarias ya todo es color de rosa. Pfff, lo bueno es que me gusta hacer lo que hago y eso me satisface.

También anoche recibí unas palabras que me retumban aún en la choya. 'Eres grande', me dijo. Le creí.

Quizá lo soy, pero yo me siento como mantequilla embarrada en demasiado pan. No poca mantequilla por supuesto, pero el pan es enorme como para llenarlo. De nuevo el miedo a no llenar los zapatos, a no cubrir las expectativas, a fallar y fracasar otra vez. Pero tiene razón, el miedo no nos impide hacer nada. Al contrario, podemos utilizarlo a nuestra debida conveniencia. Quiero.

Tengo miedo, pero ya tengo mi razón, mi camino lo seguiré.






P.D. Odio la palabra 'ulterior', ya la odiaba, ahora más.



¡¡¡ letem bi lait !!!

lunes, 22 de diciembre de 2008

PELANDO LA BANANA. El Licuado. Volumen III.

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La madrugada del seis de febrero de 2000, la Policía Federal Preventiva entró a las instalaciones tomadas de la Universidad Nacional Autónoma de México (¡Poooor tu azul y orooooo, luchemos sin cesar, cubriendo así de gloria tu nombre inmortal!).

Demasiado tarde. Yo ya estaba en el segundo semestre de Mercadotecnia, que en aquellos años mozos no era el bodrio que es ahora (bueno sí pero nadie lo sabía, era relativamente una-carrera-nueva-y-novedosa). Grave error. Mi primera opción siempre fue la UNAM, Actuaría. Era yo una riata en las ciencias exactas, participé cuatro años seguidos, de 1994 a 1997, en las Olimpiadas de Matemáticas en donde fui barrido por otras riatas más riatudas que yo y cada vez me hacía más viejo y ellos más jóvenes (snif). En la prepa me enamoré de la Arquitectura, para estudiarla, no para vivir de eso, jamás.

Pero la idea de la actuaría seguía en mí, aunque abría mis opciones dependiendo en la escuela en la que me quedara. Tres exámenes hice en el primer semestre de 1999, durante mi último año de prepa: Actuaría en la UNAM, Medicina en el IPN y Diseño de la Comunicación Gráfica en la UAM. Pasé los tres, es decir, me quedé en las tres escuelas. Mi decisión se volvía difícil ya que los rumores de que una huelga un paro estudiantil enorme vendría para la Máxima Casa de Estudios hacía tambalear mi primera opción, la que más me gustaba.

Deseché el Politécnico, pos namás por ser el Poli, digo, jamás podría haberme vestido de guinda y blanco si mi sangre es azul y mi piel dorada. Además no me veía en ese momento como doctor, médico. Aunque viéndolo en retrospectiva, estoy seguro de que a estas alturas ya habría concluído mi residencia en neuro o cardiología, algo así, fregón.

Comencé a tomar en serio la opción de la UAM. ¿Diseño de la Comunicación Gráfica? No estoy seguro en qué momento me brotó la veta pseudo artistoide, pero al ser la llamada huelga de la UNAM toda una realidad, creo que mi subconsciente se fue haciendo a la idea de lo visual. Homo Videns a huevo.

Esperé hasta el último minuto por una solución que me dejara entrar a la UNAM, no pasó. Me inscribí a las clases extramuros pero no era lo mismo, obviamente no sería lo mismo. El día del registro en la UAM (que pasó a ser la opción única) estaba de malas, chingos de gente, chingos de pubertos imberbes tratando de socializar mientras un guía (también puberto imberbe, pero menos) nos daba un tour por las fantásticas instalaciones de Azcapotzalco. Me harté y me salí, fui directamente a las mesas de inscripción pero no me quisieron hacer el trámite porque no iba con 'mi guía'. Bah. Los mandé al carajo.

¿Y ahora? Tres opciones: 1. Clases extramuros. 2. Parar hasta que se acabe la huelga. 3. Buscar otra escuela.

Actuaría quedaba por completo descartada. Y de nuevo, en esos tiempos oscuros estuvo de moda estudiar inscribirse en Mercadotecnia. Y eso fue el inicio del desastre.

No me arrepiento (tanto). Si pudiera regresar el tiempo jamás me hubiera salido de la UAM, o incluso hubiera entrado a Medicina. Pero la universidad fue genial, me divertí como nunca, conocí a una de las personas más importantes de mi vida, aunque no hice amigos-para-siempre me la pasé bien. Aprendí muchas cosas académicas y después de graduarme me dediqué a olvidarlas. Mi tesis aún está intacta, sin mácula alguna e inédita gracias a mi asesor. En fin.

Jamás trabajé en eso, ni me gustaría. Lo sé hacer, sí, pero como dije hace unos días, confío en mis capacidades y sé que algún día encontraré mi trabajo ideal.

No soy actuario, no soy neurólogo, no soy comunicador y jamás en la vida me haría llamar escritor. Soy simplemente un Homo Videns, Homo Fontis, Homo Scriptum.

No es descabellado el pensar que puedo vivir de eso, de lo que me gusta. Las historias. La creación. Aunque cinco años después de salir de la universidad no sea capaz de realizar una simple suma mental, sé que el conocimiento matemático está ahí, esperando ser necesitado para salir; aunque la sangre me da morbo pero asco y no suelo equivocarme al diagnosticar síntomas (percepción, suerte o loquesea); aunque piense que la Mercadotecnia no es la panacea que resuelve todos los problemas de una empresa; me gusta lo que hago. Ahora estoy a cargo de la post-producción de un video que va a ser la imagen del canal. Y me gusta. (Aunque yo lo haría diferente, no es mi papel por ahora generar proyectos, sólo sumarme a los ya existentes, la verdad es que lo estoy haciendo bien, mejorando la idea del productor sin que él se de cuenta de mi influencia, shhhh).

As God is my witness...





Parte de esta serie:



¡¡¡ letem bi lait !!!

sábado, 13 de diciembre de 2008

PELANDO LA BANANA. El Licuado. Volumen II.

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La gente no sabe trabajar, pero eso no es culpa de ellos, la estupidez no se contagia ni se hereda (ni se crea ni se destruye¿?), simplemente se tiene o no. Es como la timidez, o las alergias. Nadie sabe de donde vienen ni hay un remedio efectivo e inmediato para quitarlas. En resumen, un estúpido lo será siempre, aunque sus padres hayan sido genios y sus prematuros hijos (porque es estúpido) sean eventualmente inteligentes, lo estúpido permanece.

Aunque la inteligencia emocional no existe (ya hablaremos), si creo en la Teoría de las inteligencias múltiples, sin embargo yo no les llamaría inteligencias, más bien habilidades, pero eso habrá de ser tema de otro post.

El punto es que la gente no sabe trabajar, pero hasta los estúpidos necesitan empleo, así que se les pone en donde menos daño pueden hacer. Digo, a nadie en su sano juicio (a menos que un estúpido en ascenso llegue a ser gerentillo de Recursos Humanos) se le ocurriría poner a un idiota en el sentido más extenso de la palabra a manejar maquinaria pesada o a hacer una cirugía a corazón abierto. Entonces, la oligarquía (los masones, los 33, la compañía o el Sr. Petrelli, quien más te guste) los coloca en donde por más estupideces que hagan, nadie pierde y ellos ganan. Los centros turísticos. Si la cagan con un gringo, no hay pedo, vendrán más.

Porque por mucho que una azafata rubia de acento norteño de Volaris derrame coca light sobre un pasajero calvo, ¿qué hará él? No cancelará su vuelo de regreso para tomar un autobús por treinta horas ¿o sí? Difícilmente se quejará con alguien, el calor y el bochorno que sentirá al plantar cara en la puerta del avión lo harán olvidar que cuando se toque el saco, éste estará totalmente pegajoso.

Por mucho que un chaparro prieto de ojos rasgados que (seguramente) se apellida Tuk Puk o algo así se niegue a adelantar su mano cinco centímetros, tomar un sobre de salsa imitación tipo catsup, levantarla diez centímetros y depositarla en la superficie para que sea tomada por una güera con el pretexto barato de: "Es que yo estoy en otra área" (con acento yuca). ¿Qué hará la güera? Tendrá la intención de quejarse con alguna de las camisas azules pero al perderse entre sus compeñeritos, el chaparro es ya inidentificable, todos son iguales. Lo más probable es que espere a que llegue de sus múltiples ocupaciones el encargado de pasar-la-salsa-imitación-tipo-catsup-a-los-clientes, o comerá papas sin ketchup, o esa cosa roja que se hace llamar así. Aquí tengo que reconocer al menos que el chaparro Tuk es consciente de sus propias limitaciones y no tiene iniciativa, porque como reza el viejo adagio: "No hay nada peor que un pendejo con ..." Gracias.

¿A qué viene todo esto? Sólo quería desahogarme. Bleh. Como saben los que saben, tengo más de cuatro años siendo bartender, más de siete años de experiencia en bares y más de diez años en el ramo restaurantero. No por gusto, no por vocación faltaba más, sino por costumbre y trabajo familiar. Mi abuelo, antes de ser comerciante se dedicó mucho tiempo a los restaurantes, en el Centro Histórico del D.F. y en Acapulco. Aún así, un prieto chaparro de apellidos mayas sin pizca alguna de conocimiento en la materia y que apenas habla el español tiene un noventa por ciento más de probabilidades que yo de conseguir un trabajo de bartender nada más porque agacha la cabeza, dice que sí a todo y se deja mangonear. ¡No mamar!

Nunca nadie jamás en toda mi vida petaca me enseñó a pedir mendigar por trabajo. Cuando no lo tuve me lo procuré, pero no he sentido jamás hambre ni la necesidad de trabajar-de-lo-que-sea. Aún confío en mis capacidades y sé que algún día encontraré mi trabajo ideal. Pero antes de eso debo recordar ciertas palabras de mi madre:

... tienes que tener y reforzar la seguridad en ti, eres capaz de hacer todo lo que tú quieras y lo que no quieras también y además de hacerlo muy bien no dudes, procura no expresarte mal de la gente, tienes que aceptarla o tolerarla como es y está, (al fín y al cabo así nacieron) y no los cambiarás, ni serán ni pensarán como tú. Guárdate tu opinión y si no tienes algo agradable que decir mejor no digas nada, será lo mejor ... ... no te humilles ni humilles a nadie y no te acostumbres a que te traten mal, ni lo permitas.

Todo lo cual me lleva a que me he dado cuenta que desde siempre, mi cara de altanero, precioso y orgulloso no me ha ayudado en nada para conseguir trabajo. Los dueños quieren gatos, sumisos y callados. Yo soy callado, pero jamás sumiso y supongo que se me nota. 'Sobrecalificado' me llaman. 'Es que para lo que necesitamos estarías desperdiciado'. Argh y re-doble argh. ¿Desde cuando permití que la chusma me diga que es lo que puedo o no hacer? Obvio yo lo sé, pero si estoy pidiendo trabajo de algo es porque LO QUIERO. Bah.

El colmo de todo esto fue que hace un rato, un argentino, sí, un ARGENTINO me dijo que yo era bien mamón y egocéntrico. Un francés me dijo que estaba lleno de presunción (o algo así le entendí). Que mal pedo. Y así podría seguir, pero mejor no. Ya me han hecho sentir lo suficientemente mal. ¡NOT!

Ni modo cachetón, unos ochenta kilómetros al norte, sobre la misma costa caribeña está el nuevo destino.

El próximo post que se publique en esta galleta será desde Cancún.

Ajá sí, vivo en la playa. ¡Ja!








Parte de esta serie:




¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 11 de diciembre de 2008

... EL LÍDER ...

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Se me había olvidado subir mi regreso triunfal que pasó inadvertido a METATEXTOS. Léanlo antes de que sea tarde y suba el nuevo (si lo termino).

Escriban en 300 palabras o menos un relato en el cual un personaje ha sido dotado de cien balas que no pueden ser rastreadas, una pistola que no deja huellas de balística y pruebas irrefutables de que cierta persona es la causante directa de sus desgracias (laborales, psicológicas, físicas etc.)

¿cómo procede su personaje? ¿qué desgracia lo aqueja? ¿jala el gatillo? ¿le perdona la vida a su víctima? ¿es realmente una “victima” aquel a quien le apuntan la pistola?






El líder.





El hombre de cabello blanco y piel morena entró al estudio de televisión con un semblante altivo. El periodista de cabello rizado se levantó de su silla y lo saludó con una sonrisa.

La entrevista había sido concertada la noche anterior a causa de los disturbios que el hombre y sus huestes estaban provocando en la ciudad. A pesar de la reticencia del periodista, los altos mandos de la empresa televisora sabían que él era el único con el temple capaz para llevar a cabo esta misión.

La tregua pactada entre el movimiento y los medios incluía la oportunidad de dar un mensaje de quince minutos en vivo y en directo en el noticiario estelar a cambio de un tiempo similar para preguntas y respuestas.

Los productores tomaron todas las medidas para hacer que el invitado de esa mañana estuviera incómodo. La silla que le dieron tenía el respaldo cóncavo, lo cual hacía que su abdomen se viera en pantalla más abultado de lo habitual. Con el pretexto del contraste de su piel morena, colocaron una potente luz apuntando a su rostro que lo hacía sudar sobremanera. Cuando el hombre terminó de dar su mensaje, el periodista lo increpó con preguntas de las que no obtuvo respuestas satisfactorias, después, el tiempo pactado terminó.

El floor-manager hizo una señal y la ruidosa cortinilla de salida a comerciales no permitió que en la televisión se escuchara la pistola detonando bajo el escritorio. La imagen cambió a un anuncio de telefonía justo antes de que el cuerpo del hombre de cabello blanco se desplomara. En menos de dos minutos, los eficientes miembros del staff limpiaron el set y el noticiario continuó con la información deportiva.

Del líder, sus acompañantes, sus escoltas y del movimiento, nada se volvió a saber en la ciudad.






¡¡¡ letem bi lait !!!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

... Dormir ...

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Sólo hasta ayer me di cuenta de que el único estado en donde no soy peligroso, una amenaza hasta para mí mismo es dormido. Pero casi no duermo o duermo muy poco, aun y cuando me sienta cansado sigo de pie o caminando o sentado frente a las letras, siempre haciendo algo, procuro no descansar

Aun sin hacer nada, simplemente encerrado en mi habitación o en mis recuerdos, no dejo de pensar cientos de historias, recapacitar todo el tiempo respuestas que debí de haber dicho antes, analizar el siguiente día aunque sea igual que hoy y después vagar por mentes.

Saber que se siente estar en otros zapatos, idear historias, tener superpoderes, ver colores, abrir los ojos y ver más cosas de las que se pueden percibir con cinco sentidos. Mirando paisajes en las paredes sigo creando imágenes mentales y movimientos, ya quisiera conjurar en el espejo un portal para poder viajar a otros lugares, conocer otros tiempos y entonces vagando entre ideas no cumplidas me duermo

Ahí es mejor, los sueños serán más sorprendentes que mi imaginación, las realidades que me hacen olvidar que es sólo un sueño y ahí estás tú, en mi realidad.

Mis sueños son siempre como un programa de televisión, a veces me siento espectador de mi propia vida y mi ego es tan grande que soy mi propio admirador, también mi peor crítico y como juez el peor de los exigentes.

Sin saber ni cómo ni cuándo y sin poder recordar lo que me mantiene en el mismo estado anterior a dormir, el sol comienza a hacer marcas en mi espalda indicando la hora de levantarse.

Y ahí estoy otros minutos, incluso horas haciendo el plan de qué es lo que haré en el día, hasta el ultimo momento, ya cuando se hace tarde, me levanto.





¡¡¡ letem bi lait !!!

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... Gracias Dios por los dones que voy a recibir ...