jueves, 13 de mayo de 2010

... Mi mamá y la tecnología ...

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Cuando de gadgets y tecnología se trata, mi madrecita santa, Mamá Galleta, suele ser menos docta de lo que aparenta. Por un lado, pone toda la atención del mundo a lo que le contamos mi hermano y yo, o aunque no se lo contemos a ella, pone los oídos avispados para captar cualquier idea que pueda ser utilizada luego en una conversación cualquiera. Eso no es nuevo ni malo, todos lo hacemos. Estamos siempre al pendiente de nuevos conocimientos que podamos espetar en el momento adecuado para parecer más inteligentes de lo que realmente somos.

No cabe malinterpretación alguna. Mi mamá es la más inteligentísima de las mamás del mundo mundial. Sólo es un reflejo de humanidad el querer soltar palabras ajenas como si fueran propias sin la necesidad de corroborarlas de primera mano.

Por eso, cuesta trabajo creer que mi mamá esté al tanto de las últimas noticias tecnológicas, ya que hoy me contó de su último descubrimiento, a la vez que hacía una revelación impactante.

Dos veces en la historia, mi madre se ha sorprendido con un invento del hombre blanco (sin ofender a los fácilmente ofendibles negritos).

1. Corrían los años ochenta y una máquina capaz de transmitir datos por medio del cable telefónico parecía sacado de una novela de Julio Verne. En efecto, la súbita aparición de una máquina de facsímil, utilizada por María Joaquina para ayudar a uno de sus compañeros a enviar un mensaje a su mamá ausente, la inquietó sobremanera. Mi madre juraba que eso era un invento de Valentín Pimstein y sus guionistas, pues no podía concebir que una carta fuera transmitida por un medio diferente al telégrafo o la entrega de mano en mano.

2. Después de preguntarme por marcas y modelos de camionetas Ford, mi madre procedió a darme una cátedra sobre la nueva monada de una de estas camionetas. El sensor de estacionamiento. Ya no es necesario maniobrar hasta la saciedad o el hartazgo para medio estacionarse por la calle, esa nueva camioneta de la que mi madre hablaba, se encarga de mover el volante y uno, pobre y desubicado conductor, lo único que debe hacer es acelerar, frenar y cambiar la palanca de adelante a atrás, obviamente siguiendo las instrucciones de la propia camioneta. Para este momento, amable fans, te podrías preguntar: ¿en dónde habráse enterado, oh sabia señora, de las bondades de esa milagrosa camioneta? Ni más ni menos que en esa serie cultural que se ha convertido en un referente de nuestra sociedad: Hasta que el dinero nos separe.


¡Plop! ¬¬

La historia de mi mamá y la cuenta de caracteres en pantalla es, en efecto, otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.



¡¡¡ letem bi lait !!!

3 comentarios:

la chida de la historia dijo...

Claro... siempre al pendienteS... harbano!... jijijiji

Saludos!

Elphaba dijo...

¡¡Yo quiero, yo quiero una camioneta de esas!!

¡¡O mejor aún uno de esos cochesitos que salen en un video de you tube que tienen una llanta extra para estacionarse!!

Je t'aime!!

Frida dijo...

jajjajaj o mejor el carrito mecanico de "Jorge del Salto" jajajjaj o mejor el de "Cirilo", me mato tanto de la risa esta historia...!!!! A si son las Mamas y asi las amamos!!!

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