domingo, 7 de junio de 2009

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Yea, though I walk through the valley of the shadow of death, I will fear no evil: for thou art with me ...



Hoy, en México se celebra conmemora el día de la libertad de expresión, digo, El Día de La Libertad de Expresión.

Para mi abuelo, Papá E., es casi casi como un segundo cumpleaños. Si le pican al link, leerán cosas como ésta:

Por casi veinte años, mi abuelo dirigió un periódico en mi ciudad. En realidad él lo hacía todo: reporteaba, tomaba fotos, las revelaba, escribía, corregía estilo, armaba las páginas, las llevaba a la imprenta, las recogía de la imprenta y las distribuía.

Mi abuelo cumplirá ochenta y un años el siguiente mes, y habría sido el más feliz si en sus tiempos hubiera habido una apertura como la actual en los medios, en la prensa particularmente. No quiero ni siquiera pensar en la posibilidad de que no podamos celebrarle su cumpleaños. Porque esta semana estuvo enfermo, y me dio (a todos en realidad) un susto tremendo.

Porque Papá E. nunca había tenido problemas cardiacos, pero haciendo memoria, dos de sus hermanos murieron de infartos, el primero, Valentín, en su casa, solo, re-triste; y el segundo, al hacer un esfuerzo en el retrete, su corazón no pudo soportarlo y reventó, dicen que sus últimas palabras fueron: "Éste es el principio del fin". Claro, no podría ser de otra manera, escritor fantasioso como era, mi tio Jesús Pavlo (él así escribía su apellido, yo qué). Y resulta que mi abuelo tiene pedillos en su corazón, que son esperables por la edad, vamos, nada que no se haya visto jamás, y aunque de cuidado, no son graves. Dentro de ...

Es tan necio, apenas el martes pasado se fue solito, en metro y en camioncillo a La Merced a comprar cosas para surtir su negocio. Tan celoso es él de su biznez que no ha permitido jamás que nadie lo acompañe, aunque por propuestas y ofrecimientos no ha quedado, siempre que yo (u otro de sus nietos no favoritos) le he dicho que lo llevo, dice que mejor no, que vende lo que tiene o que llama para que se lo lleven. Ya cuando ve que no iré, se va a escondidas. Terco como mula, oh sí, así es mi abuelo. Supongo que se transmite genéticamente ...

El martes que se fue, se sintió mal al regresar a su casa, pero testarudo, no le dijo a nadie hasta el día siguiente que de plano se sintió peor. Entonces mi mamá lo llevó al hospital, a sus análisis, estudios y toda la cosa. Me mandó un mensaje al celular y por primera vez me sentí tan estúpido de estar lejos.

Cuando me fui a Cancún (obvio, yo pensé que iba a durar mucho tiempo allá), no pude quitarme por semanas la imagen de mi abuelo con los ojos llorosos y la voz quebrada despidiéndose de mí. Y tampoco pude dejar atrás la sensación tan fuerte de que jamás lo volvería a ver. Y bueno, pasó lo que pasó, Cancún me escupió de regreso y al llegar lo abracé como si fuera la primera vez. No me malentiendan, a mi abuela, Mamá Martha, también la quiero muchísimo, pero mi Papá E. es otra cosa. Es un ejemplo, es lo máximo y siempre, siempre ha cuidado de mí.

Por eso el salmo del título y del inicio. Desde niño supe que estando con él nada malo podría pasarme. Abrazándome y teniéndome en su regazo, nos lanzábamos desde los toboganes en Manzanillo; cuando iba a guardar su auto a la otra casa yo solía acompañarlo y al regresar caminando, me salvaba de todos los peligros que en la calle había para un mocosete de pocos, poquísimos años; pateó fuerte, muy fuerte en el cogote a un perro que estuvo a dos centímetros de morderme; golpeó por la espalda a un luchador de dos metros y más de ciento cincuenta kilos con una corneta de plástico, porque me había quitado la mía y me había hecho llorar; me asustó a muerte cuando me explicó que había gente que se quedaba escondida dentro de los negocios para robar pos las noches; intentó enseñarme a manejar pero desistió cuando, de un volantazo, me salvó de atropellar a una viejita irresponsable que se cruzaba la calle sin fijarse.

Me ha cuidado tanto, que todavía el domingo pasado, me prestó treinta pesos para que me regresara a mi casa en taxi, en lugar de en pesero, "... para que vayas más seguro", me dijo. Obvio, se los devolví al día siguiente, o lo intenté pero no se dejó.

Así que de verdad, lo juro por lo más sagrado que pueda existir, que nada me asustó más, nada me partió el alma como el escucharlo, el jueves por la mañana:

- ¿Qué te pasó papá?

- Ya me estaba quebrando m'ijo ...

Y la voz en verdad se le quebraba y por un momento no pudo decir nada más. Nos quedamos en silencio y aaaaargh, estúpidas lágrimas de hombre que duelen desde adentro.

Ha sido mi padre durante veintisiete años ya, y desde hace quince, el único que tengo. Hace tiempo creí estar preparado para su ausencia, pero nel. No, no, no, no, no. No lo estoy ¡maldita sea! En contra de todo lo que creo, mis instintos me piden que tenga fe en que se va a recuperar y va a volver a ser el de antes. Pero mi cabeza fría afirma que no, que desde donde está, sólo existe el camino hacia abajo. Y yo lo sé, firmemente sé que todo tiene un ciclo, pero he estado desde siempre tan mentalizado en que mi abuelo va a vivir cien años que ya lo tomo como una verdad absoluta.

Hoy es día de La Libertad de Expresión y estaré con él. Nos diremos en silencio que nos queremos y que hay la promesa y la completa seguridad de que nos veremos el siguiente fin de semana. ¡Oh sí! No, ni siquiera pienso en otra posibilidad. ¡Que no! Dije.

"Aunque tu camino sea hacia la sombra, no permitiré jamás que sea hacia la ignominia, no temas, yo estaré contigo así como tú estuviste conmigo, si fuiste mi escudo, seré tu bastón, seré tu cayado".





¡¡¡ letem bi lait !!!

4 comentarios:

Jolie dijo...

no digas en silencio un tequiero, aprovecha el tiempo... te lo digo yo....
te lo digo yo....

que nunca se superan esas ausencias...
te lo digo yo que el mio pareciera que se fue ayer....

Nena dijo...

Yo no conocí a mis abuelos. A mi abuela paterna la traté poco, ya era muy mayor (96 años) cuando murió y tenía alzheimer. De mi abuela materna si la tengo más presente, aunque vive en España, la Yaya (como se les dice a las abuelas), todavía vive y aunque es muy mayor todavía nos recuerda y nos manda muchos cariños cuando hablamos con ella.

Sniff con este post...

laniñadelosmilapodos dijo...

Yo adoro-amo-alucio a mi abuelito Juan. Murio 4 años y medio antes de que mis ojos (grandes y cafe chocolate jajaja a quien me paresco??) se abrieran al mundo.

Mama me lo presento, me lo materializo, me enseño a quererlo, a amarlo tanto, que no cabia ningun abuelito mas en mi corazon, ni siquiera aquellos que si me podian abrazar...

El dia de la boda, mi primo (si, mi adorado primo hermoso) me llevo antes a que nos tomaran la foto de bodas... me dijo que mi abuelita Silvina me queria mas que a los demas... quiza, pero en el corazon no se manda.

Eso si, antes de salir de casa aquel dia, le plante un besototote a la foto de boda de mi Abuelito Juan con mi abuelita Piedad, luego le plante otro besote a mi papa (papaaaaaaaa!!!), otro a mi hermano (chichuis!) y asi, deje a los hombres de mi vida para reunirme con el hombre de mi vida.

mi otro abuelito (Ventura) ya no recuerda mi nombre, quiza por que solo se aprendio el de mi hermano, los demas eramos los recabrones... jajajaja

besos esponjosos!

Arte dijo...

Espero con todo el corazón que se encuentre bien... cuando me pusiste en otro post que tenias granpa issues.. no me imagine que tan profundos, yo nunca voy a olvidar la imagen de mi abuela sentadita en su silla de ruedas con su sueter rosita y sus ojos azules llenos de agua cuando me mude de ciudad... que increible se vuelven esas relaciones y que grande influencia tienen en nuestras vidas.. y coincido con Jolie, que esas ausencias nunca se superan pero su recuerdo es lo mas hermoso con lo que cuento yo.

Fijate que mi papá tambien es periodista..

te mando un abrazo!

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