jueves, 25 de octubre de 2012

... Un gigante de papel ...

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... o un gigante sin papel. Creo en las capacidades intrínsecas del ser humano. Creo y sé de cierto que el motor que hace girar al mundo es la estupidez. Creo y sé de cierto y siento justo ahora que escribo estas letras, que el marasmo en que se sumió este lugar por un par de meses fue enteramente mi culpa. Los vicios ocultos y mostrados, los videos eternos y los problemas de software, los cansancios ensoñados y el dormir sin sueños tampoco son pretextos que valgan cuando se abandona el placer.

Pero debo confesar que mi mente ya está en otras latitudes y que si me he equivocado al escribir en documentos oficiales, pues, me importa maldita la cosa. Como digo, mi mente está ya al norte, en la gran manzana (así, sin respeto, en bajas), con la Gran Mordida (con todo lo que eso significa para nosotros), en el infame y novísimo Barclay's Center o en el majestuoso y arcaico Madison Square Garden, en el barrio bravo y en el Yankee Stadium, en Central Park y en el prometidísimo y saboreadísimo Whopper Bar. Sí, me voy a esa ciudad que odia Homero y que yo, por empatía amo sin conocerla.

Porque me prometió que si yo me cuidaba mucho y no me dolía la panza, ella me llevaría a Nueva York. Hoy, o bueno, en una semana y tres días, estaremos volando no solos, sino en compañía de un par de bodoques otrora cachetones, ahora y siempre guapísimos. Y todo el amor del mundo no cabría en la ciudad más grande del mundo. Hablando de grandeza, no de grandura.

Y nos vamos no sin ciertos problemas burocráticos relacionados con la inactividad y el pasmo que se vive en ciertas áreas del gobierno de esta, la segunda ciudad más grande del mundo, que no vale la pena mencionar por acá. Aunque ya saben, la gente no cambia pero el personal se rota y yo, una vez más fui olvidado y dejado en donde estoy para disfrutar de cómo la vida se pone más fácil y/o más difícil dependiendo de cuánto poder, dinero o amigos con poder o dinero tenga uno. Un gobierno en pausa y sin remedio condenado a la irrelevancia es el que paga -algunas de- las cuentas y pañales y próximamente colegiaturas y uniformes y cuadernos y sacapuntas de crayolas y... Ay no, que me estreso y no duermo y despierto a Astrid.

La estupidez de la gente nunca va a sorprenderme, simple y sencillamente porque lo que yo espero de todos y cada uno de los idiotas con los que tengo el infortunio de cruzarme en el camino de este valle de lágrimas, es solo la confirmación exógena de su idiotez permanente e irreparable. No falla nunca y, sin embargo, hay ciertos burros que tocan la flauta y con sus episodios de lucidez tienden a poner a temblar los cimientos de una sociedad estúpida y prejuiciosa. Tampoco es que pase muy a menudo, pero eso parece ya una sucursal de @soylachida y las quejas siempre vienen en envases grandes.

No soporto a mi equipo de trabajo, no sé si se lean o no, pero de verdad que tampoco me importa maldita la cosa. Lo que yo quiero es descansar de las quejas y por eso me vengo a quejar aquí, con ustedes que les gusta leer quejas y más quejas. No soporto la peste a cigarro impregnada a mi alrededor. No soporto los monólogos con el celular y que la gente se ofenda cuando sí me están hablando a mí y no les hago caso. No soporto que con voz de caca seca asuman que entiendo todo lo que me dicen, cuando ni siquiera estoy poniendo atención. No soporto las preguntas y los escenarios imbéciles planteados con el mero afán de chingar. No soporto los cuestionamientos a mi manera de hacer las cosas. No soporto a quien, con una mano en la inexistente cintura, se erige en máximo censor de comportamiento. No soporto a quien, siendo el epítome de lo naco, se atreve a juzgar y a fustigar lo que sea con tal de hacerse quedar bien, y logrando paupérrimamente quedar como nefasto. No soporto a quien le costó tanto trabajo ir a la escuela que la defiende como José López Portillo defendió al peso, y que además discrimina y tacha de inferiores intelectuales a quienes no comulgan con su ideología retrógrada y medieval. No soporto a quien, en aras de un marcado complejo de inferioridad disfrazado de superioridad habla que parece perico y opina de todo y lo sabe todo y todo le ha pasado ya mil veces peor o mejor. No soporto los albures baratos ni las mentadas de madre por la espalda. En fin.

Creo que noviembre, aunque lo empiece en las lejanas tierras del capitalismo más mordaz -amén-, ya tiene mucha tela de donde cortar para el NaNoWriMo ...





¡¡¡ letem bi lait !!!





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lunes, 13 de agosto de 2012

PELANDO LA BANANA. Los dominicos. Volumen III.

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Y seguimos buscando por todos los métodos conocidos e ignotos el quedar embarazados. Y seguíamos sin poder. De esas ocasiones en que el que busca no encuentra. De esas ocasiones en que cualquier cosa pequeñita se puede convertir en una gran piedra en el camino, que en vez de mostrarnos nuestro destino, se hace un grandísimo obstáculo para la consecución de nuestro más grande y precioso sueño.

Queríamos tener en nuestros brazos a un pequeño Rodrigo y a una pequeña Andrea, o a alguno de los dos, o algún set coleccionable. O algo. Queríamos y no podíamos. Es sabido que querer es poder, por eso hay que querer mucho, para poder más. Afortunadamente, ese querer mucho vino -en este caso- con una posibilidad que pocos tienen, por la cual, también, jamás vamos a dejar de estar lo suficientemente agradecidos.

A pesar de que e doctor ciego le dio a Astrid ciertas pastillas que fomentaban la ovulación y la presencia de un mejor medio para favorecer la concepción, nada de eso funcionó. Ni el termómetro, ni el ahora-ya-hazlo-ómetro, ni el disfrazarnos de preparatorianos calenturientos en el asiento trasero de un auto funcionaban. Para entonces, una prima mía y una sobrina de Astrid estaban embarazadas, así que los ánimos bebeciles estaban creciendo en la familia.

El viaje inesperado de Astrid por España, no sería sino una pausa para terminar de decidir qué es lo que teníamos que hacer. Dos meses antes, habíamos ido por primera vez a una clínica de infertilidad. ¡Ah, ah, ah, "contra la infertilidad"! Una clínica muy rosita y atendida por un doctor judío muy amable, en donde todo el personal camina por los pasillos en Crocs. Desde el principio nos lo dijeron. "Para llegar a su sueño, tendrán que pasar por dientes pruebas, exámenes, tests, laboratorios, masturbatorios, encontrar el toro de jade y recuperar el vellocino dorado". Lo teníamos muy claro. No iba a ser fácil, pero la decisión estaba tomada. Exámenes fueron y exámenes vinieron, los de ella fueron dolorosos e incómodos, en tanto que los míos fueron relajados y eyaculatorios mientras miraba porno de lesbianas. En unos cuantos días, tendríamos los resultados de todo.

El jueves diecisiete de julio era el día más esperado del dos mil diez -hasta entonces-, México enfrentaba a Francia en el Mundial de Sudáfrica, después de una penosa presentación, apenas empatando a un gol ante el anfitrión, en la inauguración con los ojos del mundo sobre ellos. Muchas expectativas estaban en Barrera, Guardado, Vela y Dos Santos, y yo estaba feliz porque conseguimos boletos para ver el partido en vivo, en un  Cinépolis cercano al trabajo de Astrid. Despaché temprano a mis alumnitos para poder llegar a tiempo, pasar al laboratorio por el resultado del estudio más determinante para nuestra situación, me senté en la sala de espera del cine v.i.p. y esperé la llegada del amor de mi vida. ¡Vaya que la amé tanto y más ese día por acompañarme en mi fanatiquez!

Cuando llegó, se veía tan hermosa con sus nachos y su refresco para mí, que no pude sino rendirme ante sus pies por enésima vez. Al medio tiempo, me pidió el sobre para ver los resultados. Yo los había leído, pero como no soy infertilidadólogo, yo, no los entendía del todo. Los leyó, mientras en la pantalla grande aparecía el Chicharito para marcar un golazo, los colores se escabulleron del rostro de Astrid. ¡Benditos-malditos smartphones! Las implicaciones del resultado del estudio le cayeron tan de peso, que el gol de Cuauhtémoc resultó por demás intrascendente.

Salimos del cine en silencio, entre la euforia de cientos que celebraban la victoria ante una Francia, antaño campeona del mundo. Lo que en buen cristiano decía ese sobre, era que las trompas de Falopio eran simplemente incapaces de transportar un óvulo al útero para ser fecundado, y en dado caso, que un espermatozoide intrépido viajara hasta allá y fecundara, de igual manera, el embrión/gameto no llegaría jamás a implantarse, actualizando lo que es conocido como embarazo ectópico. Un gravísimo riesgo para la madre.

Habíamos planeado intentar la inseminación artificial, pero esta noticia nos derrumbó el plan. Una inseminación pudo haber puesto en grave peligro la salud y la vida de Astrid, ya no digamos la del bebé que con tanta ansia esperábamos tener entre nuestros brazos. Nuevamente se nos cayó el mundo e ideas locas y autodestructivas se arremolinaban en nuestras cabezas. Yo no la solté nunca. Como nunca lo haré. Esa misma tarde, le regalé estas palabras: 

.Aquí me presento con estas palabras arrancadas a rasgos de mi corazón y de mi alma.

Sin embargo, esto no debe malinterpretarse, no. Yo soy el Sombrerero y aunque mi nombre es conocido, no es relevante; mi corazón y mi alma son tan fuertes como sensibles.

En el transcurso de esta vida petaca, nos han bombardeado con información tan confusa como contradictoria; cuando niños nos leían historias de duendes y hadas para dormir y soñar, al crecer, nos jalaron los pies al suelo diciéndonos que los sueños no eran más que eso y que había que vivir y padecer la realidad.

Pero todo tiene un momento, y Elphaba, renegando de los príncipes azules, se encerró en su alta torre de una sola ventana que miraba hacía acá: lejos de Oz, en los profundos bosques de Wonderland.

No era necesario más, esa ventana y una invitación a la hora del té hicieron lo más difícil. Lo demás, aunque rocoso, ha sido un andar tranquilo.

Entre Oz y la tierra del Sombrerero vivimos pues juntos creamos un mundo que existe por y para nosotros.

Quizás es difícil comprender que no existe tal cosa como la Tierra Prometida, pero el deseo del sueño no ceja ni termina jamás. Un metro a la vez, un ladrillo a la vez, una meta a la vez. No hay prisa, hay ganas, todas las del universo.

No ha nacido el lingüista capaz de manufacturar con delicada filigrana las palabras precisas para hablar de lo que es absoluto, así que lo intentaré yo:


"Aunque nuestros proyectos parezcan más grandes que el mismo cielo inmenso, mi sombrero siempre estará para llevarte en cualquier viaje que juntos emprendamos; aunque la realización parezca a ratos inalcanzable, no hay ninguna razón en todo el mundo que me haga pensar que una vida a tu lado pueda estar incompleta.

Ninguna."



Te amo Elphaba...


Y lo volvimos a intentar ...





Parte de esta serie:



¡¡¡ letem bi lait !!!



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miércoles, 8 de agosto de 2012

... Si nos veremos arriba ...

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Cuentan que cuando un silencio
aparecía entre dos
era que pasaba un ángel
que les robaba la voz.

Y hubo tal silencio el día
que nos tocaba olvidar
que de tal suerte yo todavía
no terminé de callar.



HOLA, NO SE MUY BIEN COMO COMENZAR ESTE CORREO, SOY JOCELYN AMIGA DE CRIS, NO SE SI TE ACUERDES DE MI. LLENDO AL GRANO, CRIS FALLECIO ESTE DOMINGO. SU PAPA ME TRAJO AYER UNAS DE SUS COSAS, ENTRE ELLAS SU LAP PARA QUE LAS REVISARA POR SI QUERÍA QUEDARME CON ALGO. POR ESO TE ESCRIBO. FUE UN ACCIDENTE REGRESANDO DE VERACRUZ EN LA NOCHE, EN LA CARRETERA POR LA PURI. LE PEGO UN TRAILER, LA VERDAD NO SABEMOS BIEN. A MI ME HABLARON ESA NOCHE Y YO FUI CON SU PAPA. HAY LUIS QUE SENTIA LA OBLIGACION DE DECIRTE POR SI NO SABIAS, DE ECHO MUY POQUITA GENTE FAMILIA Y AMIGOS SE HAN ENTERADO. POCOS VINIERON AL VELORIO EL LUNES Y LUEGO LUEGO LA CREMARON. YO ME SIENTO MUY MAL PORQUE HABLE CON ELLA ESE DIA Y QUERÍA QUE FUERA CON ELLA PERO NO PUDE. PERDÓN LUIS SI TE MOLESTO, NO SE QUE MAS DECIRTE. SE QUE ESTAS VIVIENDO FELIZ Y DISCÚLPAME SI TE INCOMODO.



Fue así que recibí la confirmación de su partida. Ella fue uno de mis primeros apegos no familiares. En la prepa, en segundo, cuando la vi volé y cuando la besé para evitar el contacto visual con una stalker furibunda... es que simplemente las palabras no salen cuando el nudo en la garganta es Gaussiano.

Quizá fue que la opresión en el pecho que desde ayer me duele justo en la parte más austral de esternón no era debido a que por la mañana casi me empalo con una madera del bote de ropa sucia al querer colocarlo en su lugar. O sí, porque me pegué y me duele si me aprieto. No tengo idea de Jung ni mucho menos, pero si las cosas pasan por algo, hay millones de cosas en el mundo que no entiendo. Tampoco es que sea mi papel. Soy sólo un pasajero más y no tengo derecho alguno a la pena. Creo. O no.

No siento culpa de cómo resultó nuestra historia. Tal vez la culpa es de haberla olvidado de golpe, tanto que ni siquiera podría afirmar categóricamente si ella me había olvidado a mí. The heart wants what the heart wants. Nada justifica nada, lo hecho hecho está y lo que está muerto no puede morir. No soy juez porque soy parte de todo, pero me rehuso a aceptar cualquier atisbo de culpa en el fin de la historia. No soy un hombre malo, no creo serlo. Si varias veces rompí corazones, jamás fue sin razón.

Todo empezó en la sorpresa
en un encuentro casual
pero la noche es traviesa
cuando se teje el azar
sin querer se hace una ofrenda
que pacta con el dolor
o pasa un ángel
se hace leyenda
y se convierte en amor.


Hace ya más de tres años que todo acabó, que todo se rompió por el paso que ella dio. Un paso que no estaba listo para dar, que no sabía siquiera si era lo que mi corazón deseaba. ¡Carajo, que las recochinas dudas no le surgen a uno de la nada! ¡Carajo y recarajo! Que si mis lágrimas se niegan terminantemente a salir no es por nada. No lloraré de tristeza, no. Ni lloraré de culpa ni de rabia ni de dolor ni de frustración ni de nostalgia. El carajo del coraje es por haber permitido que un error cometido fuera tan determinante. Me contradije retroactivamente, ahora que digo que a mi vida es bienvenido quien sea que me quiera y quiera a mi familia.

Besé y toqué su alma hace casi quince años, ella besó y tocó la mía. Que doce años no es nada, eso resultó la diferencia. Ya no éramos unos adolescentes en pleno despertar, ni éramos corazones solitarios en busca de compañía. No fue el timing correcto, pero así se dieron las cosas. En retrospectiva, ella cambio mi vida.

Porque gracias a que nuestra historia se rompió así de pronto, mis ojos (verdes, hermosos) quedaron en la completa libertad de fijarse en otro par de ojos (hermosos, perfectos). Mismos que no quiero dejar de perderme en ellos cada noche, ni mirar y mirar y remirar cada amanecer. Hoy soy el hombre más feliz del mundo y no tengo ningún esqueleto en el clóset. Mi alma compartida y expandida está libre de cualquier malicia que se pudiera pensar. Ya dije que no creo en la redención, simplemente porque no tengo ningún pecado que redimir.

Y al final, esto parece un apología del abandono, pero no es así. Cada individuo es libre de tomar las decisiones que crea convenientes o que quiera por alguna u otra razón. Mis decisiones (algunas ciertas, otras quizás erradas y felizmente corregidas), me han traído a la felicidad inmensa que ahora vivo, Astrid, Mateo y Rodrigo son mi sol y mis estrellas y, por ellos y por mí, soy fuerte y lo seré mientras estemos todos juntos.

¿Que si estoy triste por su muerte? Sí, por supuesto. ¿Que si la voy a extrañar? No lo creo, no la extrañé durante tres años y medio casi. ¿Que si me siento el peor ser humano del mundo? Tampoco, pero me da un poco de culpa el no sentir una tristeza desbordada. ¿Que si me dolió más la sorpresa que la confirmación? Tal vez. El saber que su papá está tranquilo, triste pero tranquilo es extrañamente reconfortante. También sé que su memoria no será olvidada, al menos aquí, en este blog en donde nuestra historia ya fue historia.

Llegue ahora una felicitación hasta al cielo por tener a su incondicional.

–Dios, tú sabes el porqué de todo, y creéme que tienes en tus manos a una mujer excepcional. Sé que yo, como uno de tus hijos favoritos, tengo todo lo que necesito para ser feliz, y lo soy, y te honro con cada sonrisa que no se borra de entre mis cachetes. ¡Gracias por el tiempo que me diste para conocerla y quererla y olvidarla! ¡Gracias a ti, por ella! Está en tus manos ahora, yo con eso, me quedo tranquilo, aquí abajo ...

Ahora comprendo
cual era el ángel
que entre nosotros pasó
era el más terrible, el implacable
el más feroz.

Ahora comprendo en total
este silencio mortal
ángel que pasa
besa y te abraza
ángel para un final.

Silvio Rodríguez.





¡¡¡ letem bi lait !!!



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lunes, 6 de agosto de 2012

... Sometimes, you're better off not knowing ...

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En días como los que corren; donde el flujo de información cae ya en una categoría diarréica -por decir lo menos-, en donde Dany Peña y sus mamadas pueden ser noticias de poca monta pero aún así acaparar la atención, en donde la muerte de una viejita gagá es opacada por la nodeseadaperotampocorechazada muerte ora de Justin Bieber, ora de Fher, ora de Ricardo Arjona, ora de Demi Lovato, en donde tuve que esperar hasta el lunes por la mañana para enterarme de que se murió Jorge Luke Skywalker porque, entre Phelps y Laura Sánchez y Giovani y Usain Bolt y un guatemalteco que sí tiene talento (aunque sea para caminar), mi fuente de noticias inmediata, es decir, Twitter, simplemente decidió ignorarlo. En días como los que corren es prácticamente imperdonable no esta enterado de todo.

Además de entender de todo y de saber explicarlo todo. La pretensión y el esnobismo nos atacan, tanto que el mame en todos los sentidos es ya, para todos los efectos, inmamable. Muere Chavela Vargas y todos corren a buscar sus canciones para citarlas y decir que siempre la han amado, no importando cuanta baba cayó de entre sus comisuras los últimos diez o veinte años. Gana Laura Sánchez una medalla de bronce y todos corren a buscar su historia para escandalizarse de que haya pasado de menor de edad abusada por su entrenador, a heroína del cuento de hadas del amor sin edad. Sube la gasolina y todos corren a empeñar sus relojes para llenar el tanque el viernes por la noche. Liópez llega a una cantina repartiendo cocos y luego, cuando uno se levanta a encararlo, éste sólo dice: Jerénenje.

No, bueno. En días como los que corren, cuando cualquier portento de idiotez o "techado de virtudes" puede tener una voz y hacerla más o menos oír, no nos hartamos de llenarnos la boca con nuestras sabias opiniones acerca de todo. ¡Claro! Yo soy escritor, me dedico a redactar los anuncios clasificados del periódico, por lo tanto, soy perfectamente capaz de criticar todo trabajo literario que no llene mis irreales expectativas. ¡Claro!, a mí me gusta el futbol americano, por lo tanto, todos los que ven el futbol en Televisa son unos ignorantes. ¡Claro!, yo leí en la secundaria a Erich Fromm, por lo tanto, todos los que trabajan triple turno para llevar comida a sus casas y no tienen tiempo para leer lo que yo les diga que es bueno leer son unos incultos que vendieron sus conciencias. ¡Claro! Yo soy un pseudo intelectual alineado y enajenado por la izquierda reaccionaria, fracasado, sin visión que me permita salir del marasmo en el que estoy sumiendo a mi familia, estoy a favor de la igualdad pero detesto la música que no sea de mi banda favorita -estadounidense, por supuesto-, soy ateo gracias a Dios, bueno menos cuando mi hijo estuvo en el hospital, pero esa fue una causa de fuerza mayor, de todos modos Dios no existe, fui a la Facultad de Humanidades y mis maestros me obligaban a leer a Galeano, por lo tanto, todos aquellos que osen no pensar exactamente lo que yo les digo que está bien pensar, son unas chinches sin cerebro que hacen lo que otros que no soy yo les dicen que hagan, son ignorantes, estúpidos, imbéciles y otros epítetos que se merecerían, pero como yo soy tan respetuoso, los dejo ser, no vaya a ser que mi ser intelectual y trascendido vaya a caer a su nivel. No, pos' así cómo ...

Alguna vez, el entonces Presidente Fox fue casi crucificado por los medios cuando dijo (o alguien dijo que dijo, ya ni sé), que era mejor no leer tanto los periódicos para no enterarse de las desgracias o de las malas noticias. No lo sé, puede ser, a lo mejor, quién sabe, tal vez. Yo, como todo buen lector hereditario, lo que siempre estoy buscando es el conocimiento perenne y total; pero como todo buen hombre sencillo que aprecia el silencio, lo que más busco es la tranquilidad. No la tranquilidad Camusiana del hombre absurdo, pero sí la eficiente calma que sólo puede darte la estabilidad. No que sean por defecto oponibles ambas nociones, pero no necesito que la vida me de más madrazos que los ya recibidos; no tengo alma ni ánimos de mártir, no voy a cambiar el mundo de un plumazo, pero sí voy a cambiar mi mundo, una cosa a la vez, un paso con cada pie y una palabra por cada frase.

Los sesudos revolucionarios olvidan que nunca ha existido un innovador arrebatado. Por definición, los arrebatados hacen lo mismo de siempre pero lo hacen rápido, al tiempo que un innovador entra cuando tiene que entrar, lo piensa y lo sabe. Un innovador calcula el tiempo propicio para entrar a saltar la cuerda, sin importar quién esté esperando turno. Un arrebatado corre y manotea, un arrebatado trata de que la cuerda gire a su propio ritmo, creyendo que al proferir insultos contra la misma, ésta sabrá quién es el que manda. Por lo mismo, con el tiempo, el innovador prevalece, mientras que el arrebatado quedará tendido en el terreno, enredado en la maraña que él mismo ha creado.

Al final del día viene la noche, y la noche de la estridencia habrá de llegar, ya antes, ya después. En lo que esperamos a que suceda, no queda más que mirar en lontananza, suspirar y llenar el cuerpo de aire para preparar la zambullida. Entrar a leer todos los improperios y mames de que es capaz el ser humano, deslindándose de lo que es esencial para concentrarse en lo que es simplemente vacuo. Mientras tanto, el diablo está ocupado en sus patios traseros ...





¡¡¡ letem bi lait !!!




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miércoles, 1 de agosto de 2012

... For the laughter, for the tears ...

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Que el sentimiento más horrible del mundo es el hambre, de eso no tengo duda ninguna. Hay veces en las que, mirando en la televisión o en revistas o en internet, imágenes de cuerpos perfectos y torneados, me da la sensación de que nunca voy a lograr verme mejor de lo que me veo. Soy hermoso, lo sé. Soy como soy y me amo y me gusto y el año pasado supe que tenía el poder en mis manos (y en mis mandíbulas cerradas) de tener un cuerpo genial. De gustarle más a mi amor y de gustarme más aún de lo inmenso que me gusto.

Pero hay otros sentimientos que, acaso no podría calificar como tales. Pienso que un sentimiento se arranca en la parte interna del ser, y luego se dispara a todos y cada uno de los poros del cuerpo, para después salir y ser compartido. ¿Cómo llamar entonces a una sensación que desgarra lo más íntimo del cuerpo para quedarse? ¿Cómo llamar a ese instante inmundo en el que tu felicidad no depende de nada de lo que hagas? ¿Cómo lidiar contra enemigos invisibles y etéreos, más etéreos que el propio sueño?

Mi Matingo ha sufrido de terrores nocturnos en estos últimos días. Su sonrisa al despertar por la mañana es el sol que ilumina cada día de mi existencia, y en ella no hay ni rastro de miedo, temor o soledad. Cuando Mateo sonríe se nota a leguas que es un niño feliz; hasta ahí mi mérito. Pero anoche que, por azares del destino funesto, tuve la gran oportunidad siempre bienvenida de quedarme solo con ambos bebés a la víspera de su hora de dormir. Mateo cayó cual tabla y Rodrigo se revolvió para enredarse en su cobija favorita antes de entregarse a los brazos de Morfeo. Por media hora. Mateo despertó (o más bien no despertó, se levantó) en un grito ahogado. Más escalofriante que los berridos que suele proferir cuando se cae o cuando tiene hambre en el día. Un llorar ausente, de ojos cerrados y lágrimas goteantes; un llorar de boca entreabierta y rictus de pena clavado en el rostro, de todas maneras hermoso.

Como ya lo sabía, lo único que tenía que hacer era consolarlo, pero la recién des-vigilia de Roi me hacían imposible el dejarlo en su cuna y simplemente acariciarlo. LO levanté y ni siquiera lo notó. Siguió con su sufrimiento ora silencioso, ora llorón; solamente se recargaba en mi pecho llenándome la camisa de las lágrimas más amargas del mundo.

No es como cuando llora después de haberse pegado en la cabezota por no entender que ya no cabe parado debajo de la mesa, no es como cuando grita exigiendo sus derechos alimentarios al tiempo que a sus papás se nos olvida que es un niño y que come, no es como cuando Rodrigo le quita su juguete favorito en turno haciendo aspavientos totalmente innecesarios y teatrales. Es como una daga helada clavada entre las sienes, es como unas manos más frías que el más crudo invierno cerrándose sobre la garganta, es como el cubo de hielo en los calzones corriendo por el Desierto de los Leones. No es un temor que inflama el pecho y hace crecer las ganas de correr a enfrentarse a la amenaza; es un terror que avanza lenta pero inexorablemente hacia eso que llamamos vida

La impotencia de no saber qué es lo que pasa y confiar solamente en el paso del tiempo y la calma que sólo puede proporcionar un buen abrazo de papá o de mamá. Sí, mis hijos me dan toda la paz y toda la felicidad del mundo. Sí, cuando estoy con ellos me siento el más feliz y pleno. Cuando ríen, cuando me preguntan qué tengo en la cabeza, cuando me enseñan sus dientes, cuando me roban mis dulces, cuando hacen caso omiso de mi llamado, cuando me convocan a sentarme a su lado, cuando me bromean, cuando vienen a comer de mi plato y de mi mano, cuando aprenden algo nuevo, cuando están de pronto de pie por su propio equilibrio, cuando hablan y se carcajean entre ellos; cuando son ellos mismos, sé que mi vida ha cobrado el mejor de los sentidos.

No hay más. Mi vida es de ellos y su felicidad es la mía. Por oposición, su sufrir es el mío. Yo trabajo todos los días para que mis penas no las sientan, pero el enemigo invisible, la diosa del tedio o el arquitecto de los escabrosos caminos nocturnos, son rivales difíciles de igualar y/o superar.

Y eso, eso que no podría ser capaz de definir, pero que hace salir mis lágrimas de sal, quizá no por los ojos, pero sí por el alma; eso, eso es millones de veces peor que el hambre. Sea o no un sentimiento.




¡¡¡ letem bi lait !!!



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miércoles, 25 de julio de 2012

... Mamá es tacaña ...

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De cuando leí hace cinco o seis años "La Tepiteada", obra cumbre del alburismo tepitense mexinaco, (sí, mexiNACO) del nunca bien ponderado Armando Ramírez, aprendí que la literatura -en oposición a los hombres- no se debe de discriminar. Si en múltiples y anteriores ocasiones expuse que el ser naco es sólo una cuestión de actitud, hoy debo refrendarlo y llamar naco al más alto de mis compañeros (ñeros, ñeros) de trabajo. Pero vamos por puntos. Armando Ramírez puede ser el epítome de lo más naco y corriente que existe en el mundo, pero es un escritor genial y un magnífico comunicador. El vampiro teporocho y la misma Tepiteada pueden dar fe de tal talento. Tal cual, lo conocí bailando una sabrosa cumbia, al tiempo que editorializaba jocosamente las noticias del día, en el noticiero que el vilipendiado Carlos Loret de Mola tenía en lo que en ese entonces se llamaba simplemente 4tv. De ahí, mi amigo Carlos me prestó el libro del vampiro teporocho, del cual recuerdo más su grandilocuencia alburera que su contenido temporal. La Tepiteada fue solamente el siguiente paso en la decadencia naquérrima.

Cabe mencionar que es realmente hilarante el leer una historia que es conocida por todos, como La Ilíada, trasladada al barrio bravo y adaptada en sus diálogos al caló y folclor propios del entorno. Por otro lado, no olvido que después de eso, mis sentidos se descosieron hacia Diablo Guardián, El Necronomicón, El Loco, entre otros títulos que me alejaron -no tanto, especialmente el de Xavier Velasco- de lo naco falaz. Lo naco sutil era lo de entonces.

Por cierto, si no lo habían notado, el título de esta entrada es el albur más naco que he escuchado, leído o tenido el infortunio de conocer. Suban, léanlo, entiéndanlo o no, sigamos.

No me considero un ser de albures, por más que mi cochina mente esté involucrada en algo así como trescientos malos pensamientos por hora, aunque mis ojos me engañen y lea suciedades en lugares impropios para tal efecto, a pesar de que veo el TvNotas por las fotos centrales (casi siempre, lo cual no puede sino calificarse como la más baja de las raleas humanas), no creo ser un buen alburero. Tampoco me presto fácilmente a que otros lo hagan conmigo (¿ven?).

Me siento incómodo cuando estoy en medio de una plática di'ombres machos y rudos, y entre ellos comienzan a lanzarse apologías homo eróticas sumisas y pasivas. Por principio de cuentas, no creo en la ley del más fuerte ni en la ley del menos joto. No comulgo con la idea de que el someter a otro hombre y penetrarlo u obligarlo a hacer sexo oral, hagan a un individuo más hombre. Será más joto, pero más hombre. Pos' de eso se trata el alburear, ¿no?

Y resulta que uno de mis compañeros, de apellido Fierro (de por sí prestante al albur barato y gratuito) se fue de vacaciones porque en estos días se convertirá en padre de un niño que no tiene la culpa de nada, pero que crecerá rodeado de experiencias y bromas homosexuales de barrio. Creo. Pues cuando el citado compañero anunció que su novia estaba embarazada, simplemente sugirió: le dije que si me guardaba un fierrito. ¡Pero qué desfachatez! No me espanto, pero tampoco me es fácil aceptar que haya gente que se refiere así o con ese tipo de desdén u oprobiedad a sus mujeres.

En fin, sólo quería sacarlo de mi sistema, ya que, a pesar de que entiendo casi todas las clases de albures, nunca aprendí a sentirme suficientemente en confianza con un 'amigo' que no fuera mi amante homosexual, como para decirle que lo voy a forzar a mantener una relación sexual de penetración por la fuerza, pero que además lo va a disfrutar, yo no, porque soy muy macho. Ppppffffff.



¡¡¡ letem bi lait !!!





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sábado, 21 de julio de 2012

PELANDO LA BANANA. Los dominicos. Volumen II.

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Astrid y yo queríamos tener un bebé. No por un afán egoista, pero sí era un sueño que compartimos durante poco tiempo. Digo poco porque en una visión global y etérea, nosotros hemos vivido mucho en poco tiempo. Generalmente soy muy discreto y tal vez sólo a mi mamá y a un par de amigos cercanísimos les compartí nuestro sueño parental. Uno de ellos, mi amigo, compañero y casi hermano recién había sido tío por segunda vez y atravesaba una etapa niñeril, no hizo sino emocionarse con la posibilidad de tener otro sobrino cachetón al cual consentir.

Resultó que el medicamento pro-concepción no fue tan eficaz como lo prometía el doctor ciego. Ni siquiera un poco. Compramos un termómetro extrañísimo que medía el momento ideal de la ovulación y decía cuando era adecuado tener relaciones sexuales para asegurar el embarazo. Tampoco funcionaba. Las dudas y los términos en los que quedábamos mes con mes no nos ayudaban a paliar el sentimiento de que algo estábamos haciendo mal, no sabíamos qué, pero algo, porque namás no pegaba.

Ni gemelos ni nada, y la desesperación propia de las ganas comenzaba a hacerse presente y a recabar fricciones que, sin embargo, no lograban separarnos. No esas fricciones. Pero tampoco podían ser ignoradas.

Pequeñas discusiones que derivaban siempre en la imposibilidad ignota de ser papás, que al final amenazaban con romper lo que era perfecto y preciso. Varias veces. Las mechas estaban cortas (aunque esa no era la razón de la infertilidad, puercos) y cual te-ene-te dinamitaban nuestros mismos cimientos. Broncas de trabajo y de sueños rotos, que sumados a la falta de embarazo hacían el ambiente muchísimo más pesado.

La mansión galleta aún no estaba entregada y nosotros, como adolescentes, buscábamos siempre un lugar privado y cómodo para poder hacer la tarea. Justamente el día marcado en el calendario ovulístico, por causas del destino, los dos estábamos cortos de efectivo, por lo que teníamos que buscar un hotel en donde se aceptara la poderosa MasterCard. Vueltas y vueltas dimos por la ciudad, y bueno, sobra decir que el panorama motelístico de la ciudad no es algo que pueda presumir de ser conocedor, que no lo soy ni lo fui. Así que, después de tantas vueltas, con los ánimos caldeados y sin ganas ya de amor, volvimos a la casa en silencio y en ruinas. ¿Qué no sabíamos que importante era esto para nosotros? Y más que nada, ¿de verdad queríamos que nuestro bebé fuera concebido en estas circunstancias?...

Una visita al reumatólogo, derivada de estudios previos, nos confirmó que el final parecía más cerca que el sueño. Nuestro departamento estaba recién entregado y amueblado y sin embargo, no vivíamos juntos aún. La probable y hereditaria artritis reumatoide que podría padecer Astrid y su consiguiente tratamiento, sólo podía frenar nuestros ímpetus y ansias reproductivas. El reumatólogo le prohibió embarazarse mientras se confirmaba el diagnóstico y por supuesto durante el tratamiento, ¡qué es de por vida!

Las lágrimas no se hicieron esperar, y lloramos juntos, e hicimos el amor de una manera tan triste... entre mares de llanto. No lo podía creer. Estábamos renunciando a lo que siempre habíamos soñado en aras de una enfermedad acuciosa e inevitable, y terrible. No lo podía creer. Quizá todo estaba planeado para que fuera una prueba de supervivencia. Nos quedamos dormidos desnudos, abrazados y llorosos. Simplemente para despertar a un nuevo comienzo. Mejor, pero no sin piedrotas en el camino ...




Parte de esta serie:



¡¡¡ letem bi lait !!!




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martes, 17 de julio de 2012

... Bragollach ...

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De ahora en adelante mi vida
Es mi regalo para ti
Sólo lleva mi destino a la victoria...

Blind Guardian - Nightfall in Middle Earth



La cuarta de las batallas de Beleriand, según la mitología de Arda de J.R.R. Tolkien contenida en El Silmarillion, es denominada Dagor Bragollach. La Batalla de la Llama Súbita. Dagor - Batalla, Bragol - Llama y Lach - Súbito. Es así, ya que arrancó y terminó en un suspiro, cómo una flama que se alza majestuosa, simplemente para apagarse en un instante. El idioma de los Eldar es el Sindarin, y yo, ñoño como sólo podemos ser los que gustamos de la fastuosa sonoridad y cadencia del llamado élfico, deseo con toda el alma aprenderlo cabalmente.

Porque -y miéntenmela si nunca lo han pensado- hay momentos en la vida en los que, la frase propicia y adecuada para tal o cual circunstancia, suena mucho mejor en otro idioma que no es el español. No es una cuestión malinchista ni mucho menos, es simplemente una onda sonora que nada tiene que ver con el gusto personal. ¿O qué no toda la gente es multilingüe?

Y justamente la palabra Bragollach, es la que me ha estado rondando la sesera desde hace unos cuantos meses cuando me enteré de la noticia. Y no es que uno se espante ni se de golpes de pecho, pero vamos por partes.

Él, 25 años, economista, con una novia-exnovia un tanto psicópata y que no le quedaba para nada. Ella, 28 años, comunicóloga, con un novio-prometido un tanto psicópata y que no le quedaba para nada. Parecía que no tendrían mucho en común, pero el destino es grande y esta ciudad es chica, en cierto evento, el azar los llevó a estar sentados uno junto al otro y a intercambiar dos o tres palabras para no volver a verse.

Hasta cuatro o cinco meses después, en que una serie de eventos afortunados los hizo coincidir en la misma oficina, silla junto a silla y destino junto a destino. Astrid, que los conoció tiempo después, lo supo desde siempre. Se veían bien juntos y se notaba la química. Pero nada pasaba, pues ambos se peleaban por sus propios remedos de vida con los otros con los que estaban. La boda de ella estaba cada vez más cerca, para septiembre de dos mi once, si no mal recuerdo. Si creo en los fuegos fatuos (o en Jung), debería decir que las cosas siempre pasan por algo; la boda se pospuso y él aprovechó para quedar libre de una vez por todas.

Cuando la boda fue cancelada definitivamente, yo hice la broma de: ¡qué lástima, me caía mejor él que ella! No era cierto, pero lo que sí es verdad, es que le dije: ¡Yo no sé, tú me prometiste una boda y me la repones! Obviamente tampoco lo dije en serio, pero el curso de las cosas resultaron de manera tal, que quizá sí vaya a cobrar esa deuda.

Un día, él simplemente dijo: "¡Me gusta ella!" No fue un shock, pero sí fue sorprendente el que lo dijera así, sin más. Cuando supimos que a ella también le gustaba él, todo se dio de forma natural.

Para no contar una historia que no es mía, y sabiendo como lo sé, que las cosas se sincronizan de una manera esencial, sólo diré que las suyas se acomodaron en el momento en el que tenían que hacerlo. Él se quedó sin casa, justo en el momento en el que ella ansiaba por sobre todas las cosas estar con él, juntos. El vivir juntos a menos de medio año de relación no es nada descabellado, pero no es lo común.

Repito, yo no tengo ninguna autoridad moral, ni de ninguna otra para calificar y/o juzgar la rapidez con la que avanza una relación de pareja. Vamos, todos los que saben cómo se desarrolló a pasos agigantados lo mío con Astrid, saben que tengo razón. ¿Quién dice que no se puede ser feliz sin importar el tiempo? Él dice y con toda cabalidad, que no hay ninguna razón por la cual no hacerlo.

Porque ellos se van a casar este sábado. Antier, durante la fiesta de mis galletitas, lo anunciaron a los amigos más cercanos. Una pequeña recepción para el matrimonio civil. Nada es gratuito en la vida. Si digo que temo por su estabilidad no es sin conocimiento de causa. Tampoco me contradigo si asevero que las cosas pequeñitas son goteras que hacen pozos, pero también forman estalactitas, y las estalactitas son algo de lo más hermoso que la naturaleza puede crear.

La llama súbita crece rápidamente, de eso no tengo ninguna duda. Como la mía propia, mi corazón llameante se inflamó al momento mismo de conocer a Astrid, aunque no lo supiera de inmediato, o aunque ninguno de mis sentidos me engañara, ya éramos uno. Y cómo lo dije antes, mis deseos para el mundo, es que cada uno encuentre aunque sea la milésima parte de la felicidad que nosotros tenemos. Sé que se puede, lo sé, lo sé. Sé que si ellos lo logran, escribirán una historia de amor maravillosa, y quién sabe. Ta vez el que la escriba sea yo y me haga rico con una novela sobre ellos, o no.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, súbito significa: improviso, repentino, precipitado, impetuoso o violento en las obras o palabras.

Sean o no buenas acepciones, en ningún lado dice que lo súbito debe terminar igual de rápido como comenzó. Por mi parte, mi llama súbita ha crecido de manera ininterrumpida, su impetuosidad no la predispuso al fracaso violento ni mucho menos. La clave, como siempre, está en el trabajo. A ellos, a mis amigos, les deseo lo mismo, siempre y como siempre, no voy a fallar y les voy a desear sólo y únicamente lo que se merezcan.



¡¡¡ letem bi lait !!!

viernes, 13 de julio de 2012

... Rumba, samba, mambo ...

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Suene a lo que suene, el título de este post no refiere a ningún tipo de macumba o hechizo caribeño, o sí. Pensándolo bien, algún día le contaré a mis hijos el delicioso arte de saltar las olas en compañía de unas blancas caderas brasileiras para recibir el año nuevo 2009, año que por cierto, fue un verdadero parteaguas en la historia de mi vidurria de porquería. Mi año cero, el génesis de mi real y orgullosamente altaneros escritura y estilo. En fin, el punto es que, contrario a lo que pudiera expresar con cada poro de mi piel, resulta que a las mujeres les gusta el ritmo.

Lo cual explica el porqué de tantos embarazos no deseados en las adolescentes, cuando leen en cualquier pasquín que ciertos días del mes son por completo infértiles y ... ¿Qué? ¿No estaba hablando de ese tipo de ritmo? Bueno ya. Desde tiempos inmemoriales se ha sabido que no hay peor ciego que el que no quiere ver, así mismo, no hay peor amante que el que no sabe bailar.

Aquí debo hacer el primer paréntesis del día y expiar mi más profundo rechazo a esa noción. Y a las pruebas me remito. Pruebas documentales, por supuesto. Si fuera necesario, habría que preguntar a una muestra representativa del total de la población de mujeres con las que he cogido y compararla con una de las mujeres con las que he bailado, para, en un ejercicio estadístico y probabilístico, entender la varianza y la dispersión para explicar el porqué yo prefiero a mis mujeres como mis gráficas: con desviaciones estándar. (*espera a que El Dib venga a corregir esta taradez que escribí en 3... 2...)

Porque desde que tengo memoria, mi mamá y mi tía Tere, cansadas de mi robotismo, trataron de enseñarme a mover un pie y luego otro y luego una mano y luego la otra al ritmo de muchos tipos de canciones impresentables. Mi tía Tere trabajaba en ello hasta que, de nuevo harta, decidió tener sus propios hijos para enseñarlos a bailar sin frustraciones, pues yo era punto menos que hojalata para esos menesteres. Mi madre santa también la sufrió. No literalmente, por supuesto, peor sería tener un hijo tullido o uno idiota. En el universo de posibles defectos congénitos, el ser arrítmico -y un poco autista- no sonaba tan mal.

No tengo oído musical. No puedo tocar màs de tres notas en una guitarra sin desgarrarme mis suaves, suaves deditos con las duras cuerdas de la misma. Jamás pude impresionar a mi maestro Modesto de música en la primaria. Soy por completo incapaz de identificar una canción tan solo escuchando sus primeros acordes. Carezco de las habilidades básicas que se necesitan para hilar los sonidos en una secuencia medianamente agradable. No puedo cantar sin que voces agudas salgan de mi garganta cuando no deben. Y por supuesto, soy malísimo para coordinar mi cuerpo con movimientos que seguramente me harían ver como un gran oso granoso.

Ya alguna vez escribí sobre la coordinación necesaria para ser uno con su propio cuerpo. No quiero decir que lo sea en la cama, pero creo que hasta el momento no he tenido queja. Y le echo ganas, oh sí... Por el contrario, mi ser sexual que grita y ronronea con ansias cada vez que un orgasmo se ve tan cerca, toma control sobre mi más grande órgano sexual que se desenvuelve como pez en el agua. Pero sólo ahí. No creo que bailar sea como hacer el amor. Mi ser vertical ha tendido desde siempre a la horizontalidad, y de ahí pa'l real.

En la secundaria, acaso mi momento escolar más feliz, tuve clases de baile desde primero hasta tercero. Mi espiritual maestra de danza, prefería tumbarnos en el suelo a meditar (y quedarnos dormidos riquísimo) a poner nuestras colas a moverse. Ahora que lo pienso, no sé si mi maestra hubiera estado preparada para tal despliegue de hormonas pre-adolescentes con cuerpos en completo estado de desarrollo y ebullición. Oh bueno, es que mis compañeritas moldearon sus cuerpos a diferentes ritmos, siendo, como siempre, las que más se tardaron, las que más buenas quedaron al final.

Al tiempo, las clases de teatro con el maestro Paco, me tendieron la trampa del teatro musical. Y yo, con mi diecisiete por ciento gay no me pude resistir. Sabiendo de antemano que no podía ni cantar ni bailar, me escogió para hacer el papel del profesor Carrillo en la farsa "El show de terror de Rocky". Un hombre tullido y confinado a una silla de ruedas. Papel perfecto para mí. Tal fue mi terquedad, que logré que me dieran el papel del Mango Petacón en "¡Qué plantón!". Necesité de toda mi disciplina y creo que ahí se forjó un poco de mi férrea voluntad. Los que necesitaban mis arrítmicas patas era un método, una coreografía y un diagrama específico de qué hacer y cuándo hacerlo. Fui un éxito. De ahí vino "Cats" y "El diluvio que viene". Aún no existía "Wicked", pero hubiera estado genialísimo. Fui un éxito, tanto que mi maestro Paco me robó mi vestuario cuando ya no nos presentamos más en ninguna feria ni exposición. Mi momento pasó y ya nadie después me creyó media palabra de lo que había sido mi experiencia en el teatro musical.

Cuando crecí, mi pseudo homofobia se hizo presente e hizo que renegara de alguna vez haber usado malitas de colores y haberme subido a un escenario a bailar y a cantar. ¡Si tan sólo me hubiera visto mi padre! Luego crecí más y dejó de importarme lo que la gente pensara o dijera, no sólo de mí, sino en general lo que la gente pensara... o dijera.

Hoy, que tengo a mi lado a quién me empuja a hacer cosas que siempre me han gustado, pero que por diferentes razones fisiológicas nunca había podido, he ido a una clase de salsa. En el Mama Rumba. Con un bonche de otros principiantes en este valle de lágrimas: godínez arrítmicos de traje y corbata acompañados de damitas godínez de lentes de pasta y pantalón de Suburbia, pretendidos reguetoneros con gorras estilo polecía, cubanos wannabe tratando de impresionar a sus -poco- esculturales acompañantes. En fin. ¡Fauna, fauna everywhere!

No es lo mismo aprender los pasos despacio y luego que llegue la música y hacerlos rápido. Lo que falta es el ritmo, eso es la falencia. Está muy divertido porque no falta el Galán Delón-chería que se cree Resortes Resortín de la Resortera y mueve el cinturón como queriendo desabrocharlo sin usar las manos, tampoco la pareja de dudoso género que simplemente no sabe en qué lado de la línea colocarse.

El chiste es el cotorreo y el destino infunesto que me hizo quedar de pareja con Astrid ¡ja, en tu cara, azar! Quiero volver porque disfruto el ejercicio, además de sudar como puerquito y poderme comer unas aceitunas al terminar. Ahora falta ver quien cuida a los hijos mientras ella y yo nos vamos a mover las caderas en su caso; el pantalón, en el mío.




¡¡¡ letem bi lait !!!


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miércoles, 11 de julio de 2012

... The shock of the lightning ...

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I got my feet on the street but I can't stop flyin',
My head is in the clouds but at least I'm tryin',
I'm out of control but I'm tied up tight,
Come in, come out tonight...


Cuando uno mira hacia atrás esperando verlo todo, puede que se lleve una gran decepción. Hace algunas horas, tuve una conversación trascendental en el lenguaje de Rodrigo, cuando lo descubrí husmeando en el librero en busca de el tomo veintidós de la enciclopedia Brittannica. Después de nalguearlo por anglófilo, morderme la lengua, desangrarme y morirme, le expliqué porqué alguien rayos querría una enciclopedia en casa teniendo internet. En realidad, en mi mente enferma ya sólo venden un cascarón que simula una fila de libros, pero que en realidad es un estuche sofisticadísimo para la completa colección de la enciclopedia en Blu-Ray. Rodrigo, en su infinita sabiduría de bebé, me hizo ver que la historia jamás se re escribe, lo que no significa que se olvida.

La historia la escriben los vencedores, y hoy y desde hace tres años, yo me considero el campeón de los vencedores. He de decir que siempre pensé que mi símil estaba por ahí afuera en el mundo, siendo sin mí, volando en otros cielos y besando otros labios sin compararme. Tenía frío pero de pronto mi corazón se llenó de deseo, cuando unas líneas proféticas sobre Nueva York hicieron que mis dedos se convulsionaran en una gran historia sobre la Gran Manzana. Y ella. Y entonces estuve on fire again.

Y entonces supe que no tenía idea de que la luz pudiera ser tan brillante, tan auténtica, al mismo tiempo tan puntual y tan etérea, con tanta horizontalidad en las miras. Como un relámpago de luz cegadora pero sin disparos de nieve, por el contrario, con ráfagas del fuego más precioso que existe, mi alma se fundió con la suya en un instante, aunque hayamos tardado dos en darnos cuenta. Me enamoré con un "mmm no, no le hables" y ella se enamoró con un "¿cómo puedes decir que conoces a alguien si no sabes cuál es su yogur favorito?". Yo me emocioné con una voz y ella lo hizo con un suspiro. Este ser visual se encandiló con la iridiscencia plena de un alma superior (sin ser rubia). Al día siguiente mis pies reptaban por el pavimento, pero mi alma y mi mente volaban lejos, muy lejos, hacia esos otros cielos para arrancarla de cualesquiera otros labios para que me comparara. Y se quedara para siempre.

No sé que porcentaje de para siempre sean tres años, pero sí sé que nuestra historia ya es historia y de las buenas. Sí sé que nuestra historia sólo comienza y ya cuenta con dos spin offs, Mateo y Rodrigo, esos pequeños seres tan perfectos que no necesitan presentación, sólo el decir que más que un premio al esfuerzo, es una alegoría de la alegría de estar vivos, de estar juntos y de estar enamorados.

Mateo tampoco se queda atrás. Con sus bromas y sus dislates fundamentales, se ha convertido en la mejor de las compañías en esas noches en que, por supuesto, no puedo dormir pues mi cerebro se la pasa maquinando el dia siguiente, y el siguiente. Él lo sabe o lo presiente y me llama. Me llama para que con mis dedos entre sus manos encuentre la paz que tanto se necesita en días como los que corren, y entonces pueda dormir un poco más, ya sea junto a él o junto al amor de mi vida.

Que es la mejor mamá de mundo, y no está mal que yo lo diga, pues tengo mi propia madre, que es la mejor mamá que un individuo como yo pudiera tener. Pero Astrid es, a su vez, la mejor mamá que yo hubiera podido desear para mis hijos. Incluso antes de saber que venían, ya eran parte de nosotros como pareja, como núcleo irreductible. Como este post, que es para conmemorar tres años de feluiszidad entre ella y yo, pero que ni Mateo ni Rodrigo pueden quedar despejados de la ecuación. Mucho menos abstraídos. La historia que comenzó aquí y allá y afuera no termina nunca, y aunque hayamos pasado casi de todo, el amor que nos tenemos es más grande que cualquier vaso de agua con tormenta.

No importa cuántas luces se queden encendidas, ni cuántos pañales se metan en el bote sin bolsa, ni cuánta ropa quede tirada en el baño, ni cuántos platos se queden en la cama, ni cuántos recargos haya que pagar por el mantenimiento, ni cuántas llaves se pierdan por instantes, ni cuántos helados se queden sin comprar, ni cuántos zapatos golpeen dedos chiquitos, ni cuántas veces despierten los niños de madrugada, ni cuántos documentos se pierdan para siempre.

Hoy quiero creer que las cosas pequeñitas separan a la gente pequeñita. Los que somos grandes de amor y de espíritu, simplemente miramos cómo la cotidianidad nos abraza poco a poco con los tentáculos de la rutina, pero sólo basta un brazo fuerte y decidido que, blandiendo un mandoble de caricias, rompa el yugo del tedio, nos despegue los pies del suelo y nos lleve -a los cuatro- a volar a otros cielos, juntos; a los dos a probar nuestros propios labios una y otra vez, a queremos hasta la locura sin probar ningún tipo de amargura.

La historia la escriben los vencedores, sí. Y al volver la vista atrás, me doy cuenta de que nuestra historia puede ser contada mirando hacia adelante. Tres años no es un siglo, pero para lo que falta, un siglo se nos haría poco para seguir enamorándonos a cada instante. Ella es el río de mi sed, y yo quiero ser la magia de sus venas para recorrerla milímetro a milímetro. La historia se escribe y se olvida, pero la HISTORIA verdadera permanece incólume al paso del tiempo, al paso de las vidas y al olvido, sobre todo al olvido.





¡¡¡ letem bi lait !!!










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sábado, 7 de julio de 2012

PELANDO LA BANANA. La Penca. Volumen III.

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Hace ya casi tres años que se casaron mis dos mejores amigos de toda la vida. Justamente el veinticuatro de octubre del dos mil nueve, Salvador y Carlos se casaron. No entre ellos, no son mis mejores amigos homosexuales, cada uno de ellos se casó con su respectiva novia mujer, bueno en fin. Entonces, conté la historia del primero de ellos, aquí. De la misma manera en que fallé al seguir escribiendo esa historia, lo hice con mis aventuras noviembreriles, y otras cosas que se me han quedado en las yemas de los dedos.

Carlos se casó en una boda sencilla y sin fastuosidad. Con un maestro de ceremonias que más bien parecía hijo o hermano bastardo de Mauricio Clark, quien me hizo levantar de mi cómodo asiento, así como a la gentil damita que iba conmigo (jeje), para acompañar a la feliz pareja con un leve valseo en su primer y enamorado baile de esposos; entre otras libertades retóricas consistentes en poner primero el adjetivo y después el sustantivo. Además, él, que siempre ha cuidado de su madre como ella cuidó de él en sus primero años, no se merece más que mi más profunda admiración.

La sencillez de la ceremonia no opacó para nada el sentimiento, que vamos, después de venir de una boda a todo lujo y llena de picos emocionales, el llegar a un modesto salón en medio de la lluvia, y mirar cómo se iba llenando de a poco para estar con Carlos en el día más feliz de su vida hasta entonces, no fue poca cosa.

Si Salvador fue el hermano que nunca tuve, Carlos fue el hermano que se me fue a otra ciudad y me dejó. Tres años mayor que yo, pero con tres veces menos vida. Traga-años como nadie que haya conocido, alguna vez en broma, le dije que cómo quería envejecer, si no fumaba, no tomaba alcohol, era monógamo y no se desvelaba, ¡simplemente no se gastaba! Conoció mi vida disipada cuando Elizabeth se iba y me dejaba como novio de rancho, supo de mis aventuras con Edith, con Jimena, con Valeria, con Marisel y con otras que han adornado la banana en anteriores ocasiones. Alguna vez me dijo que no me detuviera a pensarlo, que él era muy feliz con su novia, pero que a través de mí, estaba viviendo las mismas aventuras... y cómo casi no se me da el contar las cosas con lujo de detalles, bueh ...

Trabajamos juntos y llegamos a formar un gran equipo, a veces con dientes integrantes, pero siempre él y yo al mando. Aún hoy, cuando necesito cartas de recomendación, él me las expide. Lo conocí en la radio, cuando él era la estrella de la estación, joven y audaz reportero crecido en un sesudo comentarista de noticias matutinas, además de ser -en los hechos- el director creativo de la estación, más creativo que director, con una visión tan genial que muchas veces quise pedirle ayuda con mis participaciones. Cuando la radio implotó, Carlos me invitó a participar en un programa piloto que él estaba realizando. Era su proyecto de tesis y el sueño de su vida. Ahí conocimos a Elizabeth y ahí me enamoré de ella y ahí comenzaron muchas cosas, entre ellas, no de mis sueños que él ayudó a crear: una compañía de producción audiovisual. Que en efecto, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Con él, sé que siempre puedo confiar en que es un verdadero caballero, es decir, si hoy alguien le pregunta por las novias que tuve mientras trabajamos juntos, sinceramente dirá que las ha olvidado, porque para ciertas cosas, s memoria era tan a corto plazo como Guy Pearce.

Relatar las cosas que vivimos en casi tu años trabajando juntos sería redundar, sólo es menester el mencionar que la mejor etapa de mi vida profesional hasta entonces la pasé tras esas paredes, en esas locaciones, en esos días de tronarnos los dedos por no poder pagar dos meses de renta atrasados, en esas tardes en que el dinero se repartía a manos llenas, en esos códigos de días en los que él tenía la oficina para él solo (bueno, no solo) y los días en las que era mía por completo. Eso sí, siempre respetuosos de los sillones de cada uno, no fuera a ser ...

Cuando fui a verlo para contarle y presumirle que estaba saliendo con Astrid, simplemente me preguntó: "¿y cuál es su problema?" Ninguno, o todos, por eso estaba conmigo y lo estará para siempre.

Hoy, aunque la vida y los trabajos nos llevaron por caminos separados, bendigo su felicidad tanto como sé que él bendice la mía. No puedo esperar a que se decida y publique su novela "Basado en un sueño real", así como tampoco puedo esperar a que trabaje de pronto en una temporada de Game of Thrones y me filtre los guiones para saber qué pasará antes que nadie. Ah, no lo había mencionado, hoy es un talentoso, reconocido y cada vez más famoso actor de doblaje, así com el mejor maestro que puede haber en Ciencias de la Comunicación.

Lo recuerdo ahora, cuando los insultos y las aspiraciones a mártir no se hacen esperar en las res sociales. Lo recuerdo ahora como mediador y, aunque sé que hace seis años votó por Liópez y seguramente lo hizo de nuevo este año, lo que a él verdaderamente le importa es la seguridad del trabajo bien hecho, bien disfrutado y bien remunerado. Sé que no se devana los sesos ni se acongoja, aunque el país se muera o sobreviva y crezca, él será siempre un hombre sencillo que aprecia las cosas buenas de la vida, y gratis. Y es mi amigo.






Parte de esta serie:



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miércoles, 4 de julio de 2012

... Contrafactuales del apego ...

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El karma se apiade de mí y de este blog de desconfianza, pues permítome iniciar con una airada mini-perorata contra la tecnología des daemonium pues ya llevaba un buen trecho de este post escrito, pero por cosas fuera de mi entendimiento (además que esto es un maldito cacharro de plástico) se trabó la página y la herramienta muy mona que dice "Guardando" cada dos minutos sirve para maldita la cosa. En fin.

Muchas veces he repetido, incluso hasta el hartazgo, mi jactancia de no mantener el apego hacia las personas, hacia los lugares y las cosas, es otro tema. Sin embargo, algo cambia una vez que uno logra escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. No sé si sea coincidencia, o es una de las cláusulas de letras chiquitas en el contrato ese de madurar. Tal vez sea todo lo contrario, pero cada vez que despierto por la mañana, me lavo las manos (con gel anti-bacterial) y voy a ver a Mateo que llora en su cuna pidiendo por papá o por mamá, dependiendo del humor del que haya amanecido.

Porque pocas opciones quedan para la rutina de dos bebés maravillosos que están por cumplir un año. Gracias al cielo, Rodrigo es más dormilón y se queda una hora o media hora remoloneando en su cuna antes de llamarnos para que vayamos por él. Todo esto pasará y eventualmente encontraremos una nueva rutina que disfrutaremos por igual. Porque yo me la estoy pasando de pelos. Incluso hay momentos, en los que el trabajo aburrido y monótono es tal, que me obliga a estar presente aunque mi mente divague y se pregunte: "¿y si...?" No hay tal "y si...". El héroe cotidiano realiza un acto, si no heroico, si muy comprometido con la causa común, a la vez. Un acto a la vez y un paso con cada pie. No existe la prisa de la turgencia pero tampoco el pasmoso letargo de lo acomodaticio. No para este héroe que resultó ser tan sólo un hombre.

Todo lo anterior, no es más que un pretexto para contar algo que desde hace días he pensado. La gente no cambia, eso lo tengo muy claro; pero nadie ha dicho nunca que no pueda crecer y evolucionar. Por supuesto que no me estoy saliendo por la tangente, ni estoy utilizando recursos retóricos para salir del paso o para defender mi punto de vista idiota. O sí, tal vez sí, pero no importa. No es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después, o no es lo mismo Luisz Galleta que Luisz papá Galleta tres años después. Claro que sí, el mismo pero diferente. Ustedes me entienden. Soy sólo un hombre sencillo que aprecia el silencio, pero también soy un hombre al que una palmada en la espalda o un abrazo sin razón, son suficientes para hacerlo feliz.

Hace un par de días descubrí que mis hijos me reconocen -aun con la barba muy larga- y me aman (o al menos me tienen cierto aprecio). Hace un par de días me di cuenta de que a Mateo le gusta embromarme al extenderme sus bracitos con una sonrisa, para que vaya por él, todo para que al estar a centímetros de tomarlo, se voltee y gatee como alma que lleva el diablo, luego de que está a la suficiente distancia, extender de nuevo sus bracitos hacia mí con una gran y traviesa sonrisa entre sus cachetotes. Hace un par de días morí de felicidad cuando Rodrigo me buscaba para rodear mi cuello y mis hombros (o lo que se podía) con sus bracitos fuertes, cuando pega su cachetote con el mío o cuando recarga su nuca en mis hombros. Desde hace un par de días me he sentido más cerca de ellos que nunca.

Lo cual me lleva a otra cuestión, el hecho de que mis hijos me hagan todo el bien del mundo, me hace pensar en si he logrado hacerles todo el bien del mundo a mi mamá, a mis hermanos, a mis abuelos. ¿Qué estaríamos haciendo si Mateo y Rodrigo hubieran sido Andrea y Valeria? ¿Dónde estaría si Astrid no fuera Astrid? ¿Dónde si no hubiera salido por piernas de Cancún? ¿Qué hubiera pasado si hubiera seguido alguna de las profesiones familiares? No lo sé y seguramente sería un ejercicio ocioso. No me gustaría imaginar mi vida desde otro punto. Mis hijos y mi mujer son felices, yo con eso ya estoy en el cielo.

Pero platicaba hace días con mi hermano (¿?) por facebook, que llega el momento en la vida de todo hombre, en que uno no puede darle gusto a todo el mundo. Muchas veces he sentido el llamado de la sangre y el chorizo (y las tortas de La vaquita negra) y he deseado con el alma ir a Toluca a ver a mi familia olvidada y perdida, ver y buscar incluso la piedra inexistente debajo de la cual pudiera o no estar mi papá. Pero se me van las ganas cuando en el horizonte aparece la posibilidad de un abrazo eterno de Rodrigo y una sonrisa eterna de Mateo, las cuales no quiero dejar de experimentar jamás, ni siquiera a través del espejo retrovisor, ni con el brazo contorsionado. El quedarme quieto mirándolos es todo el combustible que necesito en esos momentos. Hasta que el ansia vuelve a los orígenes. Mi mamá es feliz cuando está con sus nietos y yo soy feliz de verla feliz. Dios sabe cuanto amo a los míos y Dios sabe cuanto agradezco que otros nos amen, aun y cuando las razones no me parezcan suficientes.

Porque la necesidad de pertenencia, así como todas y cada una de las sensaciones humanas, no decrece, por el contrario, nunca es suficiente. Si soy muy guapo (y tengo los ojos verdes, hermosos), ahora quiero ser delgado y fuerte como Ronaldo pero varonil como Casillas; si tengo cien pesos en la cartera, quiero tener doscientos en el bolsillo del pantalón. Si no quiero despegarme nunca de mi maravillosa mujer y mis perfectos hijos, ahora quiero alargar el tiempo para pasarlo con todos los míos. No quiero perderme nada y quiero vivirlo todo. Quiero leer todos los libros y ver todas las películas. Quiero saber todas las palabras y quiero saber cómo usarlas y combinarlas. No quiero dejar de vivir lo que tengo ni de anhelar lo siguiente. Quiero cuidar mi corazón al tiempo que los míos crecen en cariños.

No hay razones que valgan para dejar de vivir lo que se vive día a día, nada me impide seguir creciendo y evolucionando, sin dejar de ser jamás Luisz Galleta, siendo además un buen hombre, padre, esposo, hijo, hermano, nieto, yerno, tío, etc.



¡¡¡ letem bi lait !!!




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lunes, 2 de julio de 2012

... A thousands shades of grey ...

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A ver, a ver, a ver, en primer lugar, ya es lunes y según el calendario, todos tenemos que parar de mamar ya y ponernos a trabajar. Aunque no nos guste y aunque nuestro trabajo sea el más aburrido y monótono del mundo, es lo que hacemos y al momento, es la única opción que tenemos. Sí, estoy harto y estoy hasta la madre de todo el contexto, no lo puedo negar. Estoy hasta la madre de la gente intolerante y la gente imbécil y la gente en términos generales.

Muchas veces y en muchas plataformas me quejé amargamente de los fanáticos que creen que si no piensas exactamente lo mismo que ellos, de inmediato te tildan de ser partidario y/o fanático a la vez de su peor enemigo. No señores, en la vida hay matices de gris, y todos ustedes nosotros con tanta mamadera impresentable nos hemos encargado de hacer la existencia de este país la más gris de la historia.

También sí, sí ganó la profecía de Monterroso que, como buen guatemalteco que no se respete, saltó a la fama por sus pequeñeces, en fin. Se cumplió lo que durante al menos un par de años se venía perfilando y sí, también se cumplió lo que desde hace seis años estábamos temiendo: un viejito irresponsable e irrespetuoso que dice tener la razón absoluta, haciendo pataletas, eso sí, más silenciosas, pero pataletas al fin y al cabo. Aunque Josefina no haya ganado, no nos tocó bailar con ella, sino con una menos fea, no mucho, pero menos de todas formas.

¿Que si Liópez era un peligro para México? ¡Lo sigue siendo! ¿Que si Peña es el imbécil de Díaz Ordaz resucitado? ¡Tal vez, y no dejará de ser imbécil aunque tenga una cinta tricolor cruzándole el pecho! ¿Que si Gabriel Quadri...? ¡Bah, no importa ya!

Tanta idiotez escrita y leída, proferida y (lamentablemente) escuchada me tiene con los nervios de punta. Más que la inminencia de los resultados y más que la incertidumbre del final, como quiera la duda hiere y la sospecha mata, pero la certeza de la podredumbre es acaso peor que la muerte (in a matter of speaking). No me malentiendan por favor, no concibo la idea de un fraude perpetrado por la más aceitada maquinaria mapachil, la podredumbre de la que hablo no viene del sistema, no. Viene desde un lugar mucho más sagrado y mucho más escondido, acaso mucho más grave en realidad. La podredumbre viene del interior de cada uno de los que no se detienen un momento a escupir insensateces e imbeciladas.

Quizás es mi culpa, estoy cierto de que seguir o no seguir a alguien en las redes sociales es entera responsabilidad de cada uno, pero de pronto me encuentro con cada cosa que digo: ¡Qué cosa! Es una verdadera vergüenza. Desde gente alardeando de matar al candidato, de hacer una colecta para contratar a un israelí o a un palestino o a un tepiteño, hasta gente horrible tratando de influir con nimiedades el voto de los demás. Da lo mismo una despensa, una torta o cinco mil pesos. Aceptar cualquiera de ellas constituye un delito, que los muertos de hambre pensaban cometer de cualquier forma, ya sea robándose un pan para mantener a su familia, ya sea acarreándose a un mitin a cambio de ayuda coaccionante. Lo sé, es horrible pensar eso, pero es la verdad, la realidad es horrible, get used to it.

Dos de cada tres entradas en este blog lo dicen. De nosotros depende el hacer o el no hacer de nuestra vida una buena vida. No hay mucho más que decir cuando uno escucha a los merolicos de la tele pregonar a los cuatro vientos la victoria de fulano, al tiempo que escucha a los merolicos del otro lado gritar: ¡fraude y revolución!

Si quieren revolución, papás, ahí está la educación que tanto nos necesita; si lo que quieren son madrazos, pues vayan con Dios. Un mártir no la sirve a nadie, un héroe de mentiras no crece en importancia cuando le da el agua ni cuando se mata de hambre ni cuando se queda callado frente a un edificio muerto ni cuando se llaga los pies por permanecer horas vociferando improperios, mucho menos cuando desde un teléfono inteligente se critica a los que más tienen y se pretende, con palabras, defender a la miseria.

Miseria de pensamiento que no les permite ver que, más allá de quién encabece a una nación, la nación la hacen los de abajo, no con sus votos sino con sus acciones de todos los días. Si pasa lo extraordinario y el viejito acaba por aceptarse derrotado (como lo ha estado los últimos siete años), el próximo fin de semana estaremos hablando de la inminencia de los Juegos Olímpicos y fustigando una vez más al Presidente por no apoyar a los atletas, gritando cada vez que María Espinoza lance una patada a la cabeza y (ojalá) berreando con emoción cuando Oribe meta un par de goles a Corea.

Ayer por la noche, ante un insulto gratuito y generalizado en Facebook, respondí proponiendo la introspección, y la respuesta, después de haber sido denostado y acusado de corrupto, fue que ojalá no exista más gente como yo. ¡Por Dios! Si es lo que el mundo necesita, matices. Lo que la gentecilla no entiende (o no quiere entender) es que lo chido del mundo radica en las diferencias. Existe un dicho que por ahora no recuerdo quién lo dijo, que afirma que: "La derecha siempre privilegia lo que nos distingue, mientras que la izquierda pone énfasis en lo que nos hace iguales". Bienvenidos esos pensamientos, sin embargo y no creo que nadie aquí pueda desmentirme, vivimos un proceso electoral desgastante, en el que cada uno de los cuatro candidatos demostró que no tiene idea del país que quiere gobernar, cada uno de los cuatro se 'deslindó' de los demás e incluso de los ciudadanos. Nadie se comprometió de verdad a cambiar las cosas, nadie se comprometió de verdad a creer en el país y nadie se ganó la confianza de los indecisos.

Todavía ayer por la mañana creía que esos indecisos que, como yo, estaban hasta el reverendo copete de tanto engorre y tanto odio dispersado entre los dos punteros, iban a tomar el camino de la tercera opción que en realidad, era la menos mala de todas, pero no fue así. ¡Qué lástima para todos, pero nada se acabó! Nada se acabó, ni una etapa ni una dinastía ni nada. Tampoco empezó una dictadura ni mucho menos.

Simplemente es lunes y aún faltan cuatro días más para el fin de semana y ¿saben qué? Faltan dos semanas para el cumpleaños de Mateo y de Rodrigo, y faltan tres semanas y cacho para que empiece el torneo de fútbol en México, y con los PUMAS que llegan con un trabuco ...





¡¡¡ letem bi lait !!!










lunes, 25 de junio de 2012

PELANDO LA BANANA. Los dominicos. Volumen I.

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Sólo Dios y ella saben cuánto había soñado con reproducirme. Dios mismo -que me espía- sabe cuánto y de cuántas formas lo había intentado. Los amigos más viejos, que saben de mis peripecias vivenciales podrán dar fe de que, desde siempre, uno de mis más grandes anhelos era el de tener un huevo, poner un hijo, ¡TENER UN HIJO!

También es cierto que desde que empecé con esto del sexo y la reproducción teórica-práctica, tuve muy claro que un hijo no era el final de mi meta, sino el principio del más maravilloso camino que como hombre habría de emprender. Por lo tanto no era nada que pudiera tomarse a la ligera. Pocas, poquísimas veces me dejé llevar por la calentura y pasé del uso de un 97% confiable condón; de hecho, esas ocasiones podrían contarse con los dedos de una mano y sobrarían algo así como uno o dos. Acaso fueron de esos momentos en los que el cuerpo se calienta de tal manera que un orgasmo se confunde con un latido, y el hecho de hacer el amor sin protección de barrera no importa porque 'detodosmodosvamosaestarjuntostodalavidayvamosaserfelicesporsiemprejamás'. No lo sé. O sí.

Mis issues de línea paterna han estado ahí desde hace años, no los voy a negar nunca. Tampoco creo que un hijo sea una redención, es más, todavía no me he puesto a pensar si creo o no en las redenciones. Las mágicas y religiosas expiaciones no me parecen tan reales como el cargo de conciencia, más bien creo que lo que no te mata te hiere. No creo en la gente intrínsecamente buena o epitelialmente mala, todos somos hermanos de la misma y falible condición humana, pero en fin, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión (o no, si me dan ganas).

El chiste es que mis hijos no representan para mí un perdón por mis pecados ni mucho menos un castigo eterno por mis crímenes contra las más elementales pasiones humanas y los más reputados derechos ídems. Mis hijos son mis hijos y punto, son la luz de mi vida, la brisa de mi playa, el aire de mi vela, el Tom y Benji de mi Oliver, el oro de mi azul, el báculo de mi Gandalf, etc.

Cuando conocí a Astrid, sabía que iba a ser el amor de mi vida y la madre de mis hijos, pero decir eso sería tanto como afirmar que el cielo es azul y el pasto es verde. Sólo un loco se negaría a verlo o se atrevería a negarlo, pero de ahí a tener entre nuestras manos galletosas a ese par de moronas que hacen nuestra vida perfecta y complicada, aún quedaba un largo trecho, igualmente feliz, perfecto y complicado. El génesis de Mateo y Rodrigo podría comprenderse al recordar ciertas palabras, ciertas frases y ciertos hechos que nos trajeron hasta ellos de una forma genial y milagrosa.

La primera de ellas, se dio en el contexto de una plática fundamental y trascendental a bordo del primer arcoirismóvil, el bien amado Jetta rojo, justamente cruzando algunos de los puentes de Churubusco. Ella me preguntó si yo estaba consciente de la diferencia (nimia) entre nuestras edades y lo que aquello podría significar en el futuro cercano. Hablamos de los ciclos y de las etapas, y no pudimos estar más de acuerdo. Me preguntó si sabia que ella, tarde o temprano, iba a sentir la necesidad de ser mamá. No tanto por una ambición egoísta ni mucho menos, sino porque si dejábamos que lo nuestro creciera hasta limites inimaginables, el mismo sentimiento iba a querer expandirse hacia otra persona pequeñita, mitad ella y mitad yo. Por supuesto que mi respuesta afirmativa y enamorada no fue sino la confirmación de que estábamos en el mismo lugar, de que nuestros caminos se encontraron por fuerza para confluir en un mismo punto y de ahí, al infinito.

Poco tiempo después, nos escapamos a la playa por primera vez. Una visita a la sex-shop de confianza un par de días antes, nos preparó para un momento genial y placentero como el que más. Justo al llegar, comenzó uno de los fines de semana más eróticos de los que tenga memoria, el primero de muchos. El calor de la costa conjugado con el calor de nuestros cuerpos desnudos y sudorosos y pegajosos y envalentonados con el amor creciente que nos explotaba en el pecho, nos hizo volar la cabeza y, como si hubiera estado planeado desde siempre, decidimos prescindir desde ese momento y en adelante del molesto y seguro condón. De cualquier forma, como si nuestros mundos hubieran estado alineados por una regla divina, supimos que íbamos a ser uno para la vida perenne, que íbamos a ser tarde o temprano una familia crocante, que íbamos a crecer hasta expandirnos y multiplicarnos.

Estuvimos plenamente conscientes de las implicaciones de lo que habíamos hecho, obviamente no éramos unos niños ya, y si de cualquier forma íbamos a decidirlo pronto, quizá hubiera sido mejor antes que después. Las palabras azules que transmitió el mensajero instantáneo fueron claves: "¡Ya quiero saber si estoy embarazada!" me dijo. Y yo lo sentí hasta el tuétano al imaginar la posibilidad de que un muñequito de carne ojalá parecido a los dos estuviera en camino. No fue así, y la pequeña decepción de cada mes no hacia más que acrecentar nuestras ganas y nuestros anhelos cada vez más secretos hacia afuera, pero de los que hablábamos cada día con más vehemencia que ya casi lo palpábamos como una realidad.

No teníamos ni cuatro meses y ya teníamos sexo para concebir. Intentándolo de una manera desordenada y sin secuencia, pero intentándolo al fin y al cabo. Ahora que estoy aquí escribiendo sobre esto, me doy cuenta de que las fechas se han revuelto en mi cabeza, no tengo muy claro cuándo pasó cada cosa, pero sí el orden en que ocurrió.

Estábamos muy bien pero queríamos y podíamos estar mejor. Yo me hice estudios de mecánica de fluidos je, seminología y demás, genéricos, nada muy complicado y todo salió relativamente bien, según un doctor ciego que nos estaba tratado a ese respecto. Idealmente, el problema es que no existía el ambiente propicio para que se diera la concepción, por lo que nos recetaron un medicamento prometía propiciar el entorno para que little luis pudiera llegar a fecundar a round astrid. Ella investigó los efectos de ese fármaco en internet y fue la primera vez que escuché las mejores palabras de mi vida: "¡Vamos a tener gemelos!"





Parte de esta serie:



¡¡¡ letem bi lait !!!




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viernes, 22 de junio de 2012

... Un héroe de mentiras ...

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Antier me enfermé. Mejor dicho, el lunes de la semana pasada sentí una picazón conocida entre mis amígdalas. Mi yo hipocondriaco estuvo a punto de recurrir al testamento para asegurar que mis deudos se quedaran con el salario mínimo mensual que me queda en el banco, pero mi yo PapáGalleta me dijo que no era para tanto, así que recurrí a mi dealer personal de medicamentos -guapísima- para una buena dosis de antibiótico, esto tomando en cuenta que los otros tres integrantes de la familia Galleta habían tenido infeccioncitas e infeccionsotas en la garganta en los días precedentes.

Tomando el antibiótico me sentí fuerte y poderoso, sano y grandioso, tanto que hasta fui a mi primera clase de artes marciales mixtas como ya expliqué en el post anterior. Cabe mencionar que mi tratamiento antibiótico que funcionó tan de maravilla, constó de siete días. El domingo fue mi último dia y el lunes por la noche, después de haber sobrevivido el día al dolor inmenso, ggggrrrraaaaaaarrrrrrggghhhhhhh, la picazón familiar en la garganta me carraspeó. LPQLP, ¡No puedo pasarme toda la vida tomando antibióticos! Decidí resistir, pero el conocido dolor de extremidas acompañado de un frío que hiela los huesos se presentó de madrugada. Le eché la culpa al desgarrador ejercicio/castigo al que fui sometido horas ha y al frío remanente del huracán Carlotta que por esos días (y hasta ahora) (des)asola la parte central del país.

Afortunadamente, no tuve fiebre, así que decidí tratarme con antihistamínicos, que sirvieron para maldita la cosa. Por si fuera poco, las cosas en el trabajo se volvieron un tanto pesadas, ya sea porque el jefe está de vacaciones pero no deja el teléfono en paz, ya sea porque el HDP del que ya he hablado sigue incrementando el nivel de llamadera de atención, ya sea porque he manejado hasta el hartazgo por el tráfico y el calor bochornoso de los días nublados. En fin. No ha sido una gran semana porque tampoco he tenido tanto tiempo com quisiera para escribir, leer o videar a mis bebés que ya casi cumplen un año. Hoy en la mañana, Roi tuvo fiebre, me partió una vez más el alma, pero salió bien, todo fue un golpecito de calor porque salió el sol por un rato o porque le están saliendo dientes nuevos o porque ayer le dije que cuando él me necesitara me lo dijera y me iba a pasar mucho tiempo con él. Él está bien, Matingo está bien y yo estoy fenomenal por eso.

Pero llego al trabajo y me dicen que, el compañerito que se quedó a cargo -del teléfono para recibir instrucciones- en ausencia del jefe por vacaciones, mismo compañerito que desde siempre se quejaba incesantemente del actuar de gran jefe, ¡está actuando y decidiendo tal y com lo haría aquel! ¿Papas? ¿De verdad será muy difícil asumir un cotito de poder y enloquecer? ¿O acaso yo estoy mal y de este lado las cosas se ven mucho más sencillas?

Porque una cosa es la responsabilidad y el cumplimiento de la ley y de las obligaciones, pero otra muy distinta es el permitir que otros jefes -que ni siquiera son los nuestros- te tengan agarrado de los güevos sin hacer nada por siquiera aflojar el apriete. Le agradezco la intención de dar salida a los que ya no tenemos nada que hacer, incluso le agradezco la buena voluntad de cambiar guardias y días en aras de una mejor convivencia; pero de ahí a tomar las mismas decisiones que tanto criticaste en el pasado reciente -no más de dos semanas-, hay una gran diferencia.

Siempre digo y aseguro que el respeto se gana, obviamente el inherente a cada individuo por su misma y falible condición se da de una manera gratuita, pero ¿cómo tenerle respeto a quien se contradice en dos frases? ¿Cómo asegurar que un trabajo está bien hecho cuando no se ha tenido la oportunidad de hacerlo? Si algún día me encuentro en esa posición, ¿yo también cederé y enloqueceré? ¿Por qué no seguir una congruencia elemental? ¿O será que la incongruencia y la complicación son cualidades esenciales de todo líder?

Yo por eso, no soy ni amlover, ni 132, ni verdebot ni nada. A veces los líderes se imponen y a veces nacen y a veces son elegidos y nosotros, el peladaje, jamás nos enteramos hasta que ya es demasiado tarde. Tal vez lo que resta es hacer lo mejor con el tiempo que se nos dio y con las cosas a nuestro alrededor, siempre creciendo, sin dejarse influir por líder alguno, positivo o negativo que pueda hacernos decrecer, achaparrarnos. Lo mejor es caminar siempre adelante con la frente bien al frente, con nuestras maletas en mano y el alma limpia para lo que siga.

Mis mocos se rehusan a salir mientras el líquido nasal fluye y confluye deteniendo y cambiando ganas y planes, pero ni una gota ha caído a mi iPad, que es donde humildemente escribo este posto. Lo único que siempre he querido es el bienestar para los míos y para mí. Los ciclos son históricos y los errores son genéricos (como el que haya escrito herrores y el autocorrector lo haya mmmm pues corregido). Si el nuevo comete los mismos errores del anterior, no será conveniente preguntarnos si en realidad, los que vivimos en el error somos otros y ¿qué rayos estamos haciendo mal?




¡¡¡ letem bi lait !!!





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lunes, 18 de junio de 2012

... ¿Qué qué qué qué qué? ¡Naaaaaah! ...

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Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Aclaración pertinente para lo que están a punto de leer. No me imagino ni pienso que den por verídica la información tan increíble, y no obstante tan sencilla que voy a relatarles, refiriéndome a un caso que hasta mis sentidos de niegan a aceptar. Sin embargo, no estoy loco, ni tampoco estaba soñando. Y así, antes de morir de dolor, quiero descansar mis patas.

Hoy fue mi primera clase de Artes Marciales Mixtas, en realidad yo quería entrar a caminata, pero mi mamá dijo: "¡Usted es un hombrecito"! No es cierto, en realidad quería entrar a box, pero mis horarios laborales tan flexibles me hicieron imposible entrar esta semana, y cierto es que el cumpleaños de los bebés está a la vuelta de la esquina, y mi panza ya le da la vuelta a la cama, además de mis brazos flacuchos, mi espalda encorvada y mis piernas cansinas. Estoy cien por ciento seguro que uno de los entrenamientos más completos -amén de lo que representa la práctica misma del deporte- que existen es el del boxeo. No están usted para saberlo ni yo para contarlo, pero mi abuelo, mi Papá E, era un gran fanático de los Martes de la Coliseo, aunque nunca me llevó, bueno, es que cuando mi hermano y yo ya teníamos edad y facha para ir a las funciones, a mi abuelo ya le había asqueado todo lo que envuelve a tan corrupto deporte a nivel profesional. En fin, que el entrenamiento es muy completo, riguroso y extenuante, tanto que se promete una excelente condición física en un mes -obvio, sin faltar a ninguna clase-.

El punto es que ya me urge hacer algo de ejercicio para no dar pena ajena en la fiesta de los bebecos. Por lo tanto, esta semana que los horarios mi trabajo interfieren con los horarios del box, entré a la clase de artes marciales mixtas. Lo que los nacos conocen como "valetodo" -que no es tal-, y los más nacos aún disfrutan por televisión en la UFC. Y me duele todo mi estúpido y sensual cuerpo. Y mis ojos (verdes, hermosos) se llenaron de lagrimitas de cocodrilo por tanto dolor al que fui expuesto. Pues no era el único nuevo, pero sí el más bonito, así que las moles se me dejaron venir encima, lastimando mi suavidad y haciéndome sudar hasta el vaso de Ades que me desayuné el viernes pasado. Y aaaaaah, qué rico se siente sudar tanto, así sea porque el dolor apareció al hacer la danza irlandesa, una especie de tortura china (o irlandesa) que consiste en subir y bajar rítmicamente uno y otro pie a una llanta de trailer, dando brinquitos, al tiempo que con una barra sorprendentemente pesada, hacer curls de hombro. ¡Hórrido! Pero altamente gratificante una vez que termina, oh sí.

En fin, fui aplastado, arrastrado y torcido, pero me gustó. O bueno, me gusta e concepto, obvio no me gusta ser arrastrado, torcido y aplastado, pero me va a gustar el resultado una vez que el orgullo de mi constancia me vea llegar a la meta deseada. Ya la siguiente semana estaré en el box, haciendo de mis puños armas mortales.

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Que por poco fueron puestos a prueba el sábado pasado, cuando saliendo del festejo de cumpleaños de mi mamá, un tipejo imbécil y en evidente estado de ebriedad, no quiso detenerse ni evitar que el coche que tan afablemente conducía mi Astrid (con galletas a bordo, claro), y además de casi colisionar con nosotros, se paró justo frente al auto haciéndonos imposible la salida. No sería nada del otro mundo, pues bravucones similares suelen cansarse si uno los ignora olímpicamente, pero éste en específico, se bajó del auto, y cuando miré, ya estaba y abajo también y frente a él, solicitándole de la manera más atenta, que parara de mamar, que quitara su espantoso tsuru de en medio y que dejara que gritarle improperios a la dueña de mi alma.

El pobre tipo apenas y podía mantenerse en pie, pero decidido sacó su teléfono ladrillo y en un amago de llamar a a policía, comenzó también a pelearse con toda la familia que salió en defensa de nuestro honor. Ni siquiera sabia lo que quería, en un afán de controlar la situación, me acerqué al copiloto de su auto, que era una señora con un bebé en brazos -arriesgando su seguridad-, y que además traía a otra niña pequeña en el asiento posterior. Le pedí amablemente que hablara con su beodo marido y le dijera que sí, que parara de mamar y que se fueran a seguir la fiesta en paz. Pero la señora también comenzó a agredirme y a hablar mal del manejo de mi vida; acto seguido, el borracho idiota golpea su propio auto dándole un severo puntapié en una de las facias y golpeando el vidrio para exigirle a gritos a su señora que cerrara elvidrioputamadre ...

Mi tío, que no se caracteriza por su dulzura, trajo su camioneta para empujar el auto y que nosotros pudiéramos emprender la graciosa huida, pero el tipejo se amarró haciendo imposible su empuje. Se puso peor, amenazó con policía, ajustadores de seguros y la bruja del setenta y uno; volvió a amagar con llamar por teléfono, pero no se pudo, su saldo amigo se había agotado, quizás años atrás. El alcohol lo envalentonaba pues al menos había siete tipos frente a él, pero terminó por asustarse cuando el Vader, el perro de mi primo, se asomó con su babosa cara de bull-terrier por la ventana de la camioneta. Ahí se subió a su autito y se largó, quedándose en la esquina y llamando desde una caseta. Astrid, las galletas y yo nos echamos de reversa, y escoltados por la camioneta de mi tío, mi hermano y otra tía, tomamos una ruta alterna para escapar de ahí lo antes posible.

No estábamos asustados, pero ahí quien quiera, ahí quien ose poner un dedo o un vituperio en el amor de mi vida, o en los amos de mi vida, ¡porque ya estoy en clases de box, estúpidooooooooo!





¡¡¡ letem bi lait !!!





jueves, 14 de junio de 2012

... Siniestra enajenación ...

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Muchas cosas hay en este valle de lágrimas que simplemente no entiendo. Los conceptos de geografía política son sencillos, son tan fáciles que las mentes más obnubiladas se desgañitan tratando de comprender el porqué de tanta ductilidad. Izquierda, derecha, arriba, enfrente ... No hay que verlos -a los conceptos- con respeto, ni siquiera lo merecen. Aquellos que defienden las teorías como algo irreductible, son los mismos que han prostituido todos y cada uno de los preceptos ineludibles de la geometría y geografía política.

Bertrand Russell no se equivocaba al decir que si uno no es socialista a los dieciocho años, es un imbécil; mientras que el que sigue siendo socialista a los treinta, lo es aún más. Porque estamos todos de acuerdo -y si no, ¡sáquese a ganar dinero!-, que los ánimos comunistoides y de igualdad de los espíritus sobre los individuos y mafufadas semejantes, se nos disminuyen cuando nos dan nuestro primer cheque quincenal, por diminuto que éste sea. Así mismo, las ganas de cambiar al mundo de lado por nuestras polainas ideológicas, se nos terminan definitivamente cuando dejamos de subirnos al metro y nos compramos nuestro primer coche.

Y no olvido decir que, léase lo que se lea, el ánimo de la trascendencia no se crea, ¡no por Dios! Las ganas de ser, de caer y de trascender nacen con el propio individuo, y mueren con el mismo, por supuesto, no mueren de inanición ni de inacción, simplemente se duermen. Aunque hay quienes se las pasan dormidos toda su reverenda vida. No me gusta hablar mal de la gente (AY AJÁÁÁÁÁ JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA), pero quienes tienen el cerebro hecho caca ideológica, no me parecen dignos del más mínimo respeto. Lo he dicho y lo repito, "la mal llamada izquierda de este país copia conceptos e ideas a las mal llamadas izquierdas latinoamericanas que, no me lo tomen a mal, están más pendejos que nosotros en once de cada diez sentidos. La mal llamada izquierda reaccionaria y revolucionaria de los países americanos que han sufrido y padecido dictaduras militares y civiles, ha pasado por cosas y horrores que en este lado del hemisferio no somos ni siquiera capaces de imaginar. ¿Quién podría comparar el Halconazo o Tlatelolco con los años de Videla, Castro, Pinochet, Stroessner, Branco, Noriega, Leonidas, Somoza, incluso Franco? ¿Quién sino los que lo vivieron podrían relatar el miedo? Hoy, la mal llamada izquierda que busca el poder enarbola conceptos y epígrafes en los que ya nadie cree fuera de Latinoamérica, y por cosas como esa, Latinoamérica se está condenando a la más triste de las irrelevancias".

Seguro que los más -mugrosos- radicales se justificarán aduciendo que ellos no pertenecen a la izquierda que busca el poder, que solamente pertenecen a la izquierda que busca y lucha por la justicia. OIESAMAMADA. En esta vida petaca hay que tomar un partido, elegir un lado y si no nos gusta ni nos llena, cambiar, nadie dice que eso no se vale. También estoy cierto en que para ser completamente objetivo, se necesita estar muerto por dentro. Todos tenemos un perro y un dueño, y eso no nos lo enseñan en la Facultad de Sociología, eso es mero sentido común, claridad de pensamiento y larguedad de miras, cosas que les faltan a muchos gritones izquierdosos.

Porque es una realidad, mugrosos hay en todos los espectros de la política, la ideología y en general de la vida. Y si es, cierto que todos somos iguales, también lo es que hay unos más iguales que otros. Una de mis máximas de la existencia es que: NO HAY NADA MÁS INJUSTO QUE TRATAR COMO IGUALES A LOS QUE SON DIFERENTES. Porque aunque en una visión humanista, todos los seres humanos somos iguales en competencia y relevancia, en una visión más cosmogónica y universal, cada quien es responsable de su propia competencia y de su propia (ir)relevancia, es la verdad. No me quiero imaginar cómo van a crecer los hijos de quien se ufana de su no-progreso en aras de una filosofía trasnochada y medieval. Porque para los que obtuvimos conciencia del mundo después de que cayó el Muro de Berlín, las guerras frías entre comunismo y capitalismo nos parecen punto menos que medievales. El mundo está cambiando mucho y muy rápido, y quien no se suba se va a quedar y en la segunda vuelta, el mundo lo va a aplastar.

De los jóvenes es el reino de los cielos, dicen. Lo que no nos dicen es que para ser joven, no es requisito ser pendejo, ofendiendo. Los que ondean banderas ajenas son suyas, que con su pan se lo coman; los que lo hacen con las propias, perderán cien veces antes de triunfar, pero eventualmente lo harán, y entonces su reino no tendrá fin. Creo en la naturaleza del hombre antes que en los hombres per se, creo firmemente en las máximas capacidades del individuo, pero también -y lamentablemente- creo en que el motor que mueve a este mundo es la estupidez. No se puede obligar a las personas a pensar como uno, ni tampoco se puede forzar un 'inception' globalmente, el creer que todo el mundo piensa como uno es la peor idiotez que puede existir. No se necesita leer de todo para opinar, pero sí leí a Lipovesky y me cagó la madre. Los viejos adoctrinados en el rojillismo más arcaico que van por la vida, teorías por delante, minimizando a los que opinan distinto no me merecen el mínimo aprecio ni la más remota consideración.

Lástima que en este blog no se discrimina por cuestiones de raza, sexo, preferencia sexual, religión, edad o filiación política; porque la única razón por la que yo podría discriminarlos es por ser estúpidos, y a veces ni eso. Voten el primero de julio por quien quieran, pero voten, o no, da igual, cada quien será responsable por sus posaderas. Yo no tengo el voto decidido y mucho me temo que no lo tendré a tiempo, pero no importa, estoy seguro de que el dos de julio me voy a despertar con la conciencia tranquila y feliz, porque nada debo y nada temo. Quien me quiere es bienvenido a mi casa y a quien mi forma de vivir le parece ideológicamente inaceptable, bueno, los invitados a las fiestas siempre sobran.

Yo agradezco la visión que me abrió el maestro Francisco José Amparán, que Dios lo tenga en su regazo, porque hasta para reírse de los demás y sus atinadísimas opiniones, hay que saber reírse de uno mismo y no tomarse la vida tan en serio. Pues, gane quien gane las elecciones del primero de julio, nosotros, el peladaje, seguiremos estando igual de jodidos y radiantes como Benedetti lo estuvo siempre. Felices o infelices en cada uno de los instantes de nuestras vidas petacas, sin la imperiosa necesidad de quejarnos amargamente porque una mosca vuela o porque una mole se nos sienta enfrente, quejándonos de una manera divertida de la ironía que significa estar vivo en los tiempos que corren, y por supuesto, hacer en la medida de nuestra falible condición humana, que nuestro mundo sea un poco mejor a cada instante, por nuestros padres y por nuestros hijos ...





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... Gracias Dios por los dones que voy a recibir ...