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miércoles, 28 de abril de 2010

... Otro cuarteto trágico ...

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Ésta es la continuación de la primera media decena trágica.


La prometedora incumplida. En una de tantas pláticas previas, después de jugar 'reto o secreto', confesé mi poco gusto por el sexo oral practicado a mí hasta ese entonces. A ese secreto siguió una promesa de su parte de hacerme disfrutar el mejor sexo oral de la vida. No tan entusiasmado, llegó el día del encuentro y de inmediato se arrodilló frente a mí... diez minutos ... (bola de paja pasando) ... media hora ... Nada para escribir a casa, la tierra no se movió, no más de los millones de kilómetros que se iba a mover de cualquier manera. Me cansé de estar de pie y ella de estar de rodillas, o algo. No estuvo padre ni divertido, y lo peor fue que en su intento por cumplir su promesa insensata, sacó de su cajón del tocador ¡un lubricante con sabor a fresa! Suficiente. Next!

La huevona anorgásmica. No puedo evitar el atribuirme cierta responsabilidad en esta tragedia. El orgasmo es de quien lo trabaja, dice un merolico de la tele, sin embargo pienso que la compañía es un factor determinante para tener o no tener orgasmos (para las mujeres claro, los hombres somos más facilotes). La tipa en cuestión era grande, de talla grande, gorda para algunos, pero yo por cortesía la llamaba grande. Su condición le daba el pretexto perfecto para no querer pasar de la posición del misionero. No era tan grave, pero cuando estira la mano y de su tocador extrae un vibrador significa que algo no anda bien. En efecto, yo seguía duro y dale y de pronto siento el vibrador acercarse a nuestros centros y comenzar su labor. Las veces siguientes no fueron diferentes. Fail! :(

La dominadora. No como dominatrix, sino como los que hacen dominadas con las rodillas en los intermedios de los partidos de futbol. Sus tetas eran como de señora de ochenta años, caídas, caídas, aunque cuando estaba vestida no se le notaba. Al igual que la anterior, no quería 'estar arriba', por obvias razones, sin embargo lo hizo, pero agarrándose las tetas con las manos y los brazos, no en afán sensual sino por pura protección, capaz que me asfixiaba en pleno rodeo. ¡Chale!

La complaciente. En esta entrada describí la versión familiar de la historia con la boba complaciente. Según la clasificación A, yo la boté en el cine, pero la realidad es mucho más oscura y perversa. Después de que me dijo que veríamos la película que yo quisiera, le dije que mejor quería ir a mi casa; ya ahí, no tuve necesidad de preguntarle qué quería hacer pues sabía la respuesta: ¡Lo que yo quisiera! Así que hice lo que quise con ella, no está padre esa sensación de necrofilia que llega acostándose con una mujer prácticamente inmóvil. En términos coloquiales podría decir que me masturbé con una vagina real. Al terminar, me levanté al baño, me duché rápidamente (no iba a dejar a una casi desconocida sola mucho tiempo en mi cuarto) y volví junto a ella, que seguía acostada en la misma posición en la que la había dejado. Por cortesía le pregunté qué quería hacer ahora y la respuesta fue la misma: "Lo que tú quieras". ¡Aaaaargh, suficiente! Le contesté que lo que ahora quería era que se fuera. Se levantó de la cama, no le vi la cara pero quizá su rostro tendría una mezcla de indignación y confusión. Se quedó paradita unos segundos mirándome, encuerada, encorvada y con sus calzoncitos en las manos. Se vistió y se dirigió a la salida. Todavía, en la puerta tuvo el descaro de voltear a verme y espetar: "¿Me llamas?". Jajajaja, sí, ajá.


Mal, muy mal.



¡¡¡ letem bi lait !!!

lunes, 21 de septiembre de 2009

... ¡Yo, Claudio! ...

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Tres meses y medio han pasado desde que despotriqué horriblemente en contra de las pécoras mujeres infieles. Aquí mis deslates masculinos de coraje y empatía con mi género.

Yo sé que no es políticamente correcto hacer apologías de lo masculino gracias a siglos y siglos de dominación hombreril, la gente suele hacer ojitos de icono (¬¬) cuando uno proclama que es bien chido ser hombre. Hombre hombre, digo. El portar con orgullo el cromosoma Y no está peleado con demostrar lo que se siente cuando se siente, es más, ni siquiera está peleado con algo. Los radicales son los que siempre ponen los dedos en donde ellos creen que hay llagas (pero en realidad son sus propias llagas, ilusos). Una de las más importantes cruzadas que he emprendido fue en contra de los eufemismos. Simplemente odio con odio odiante la grandilocuencia sin sentido (aquí me muerdo la lengua, me desangro y me muero), ajena por supuesto.

Aunque me desvío del tema. El fin de semana fui al cine con mi mujer de mi vida mía de mí a ver una película (porque a veces no vamos sólo a ver una película [nosierto]) francesa que se llama Un baiser s'il vous plaît. O como le pusieron aquí en Mexicalpán de las tunas: Bésame por favor. Un título literal y adecuado según yo. ¿Por qué? Let's see...

Todo comienza cuando una tipeja está perdida en Nantes y le pide dirección a un tipejo en una camionetita repartidora. Como buen franchute, él la desea de inmediato y ella como buena franchuta se hace la difícil pero al final acepta salir con él a tomar un trago. Buena velada aunque cuando él la regresa a su hotel intenta besarla y ella se resiste, él se disculpa y ella le contesta que no lo puede besar por una razón: Una de sus amigas vio como cambiaba su vida por un beso. Entonces le cuenta la historia (dentro de la historia).



Nicolás es el mejor amigo de Judith (Virginie Ledoyen rrrrrrr) y Judith está casada con Claudio y son felices, aparentemente. Porque Nicolás de pronto se queda soltero y como buen amigo francés, se enferma de soledad y afecto (ajá) y cree que la única manera de curarse es teniendo sexo (ajá ajá ajá). Taaaan nerd y ñoño (como buen francés) busca una prostituta (que estaba muy bonita he de decir) pero como se niega a besarlo, namás no le funciona el asunto. 'Tons como buen amigodelanovia que se respete le pide a Judith que lo ayude a curarse. (Para entonces yo ya odio con toda mi alma a Nicolás, uno porque es profesor de matemáticas en una escuela para señoritas, dos porque no tiene internet en su casa y tres porque es el amigoquedeseaasuamiganoimportaqueseaajena) Judith taaaaan mosca muerta naive como buena francesa que se respete no le entiende al principio pero termina por aceptar la propuesta sucia, ¡sucia!.

Regresando a los eufemismos, la escena de su 'primera vez' es cagadísima, no saben que hacer y se piden permiso para todo. Lo más chistoso es cuando el baboso de Nicolás le pide permiso para tocarle una teta.

El tipo se parece a mi maestro Jesús de matemáticas en la secundaria, y no, no iba en una secundaria para señoritas.


Y bueno, resulta que lo hacen tan bien y con tantas ganas contenidas (pécoros) que les encanta y se enamoran y lo hacen en todos lados, hasta en una fiesta con Claudio rondando. ¡Malditos, malditos sean!

Tanto es su so-called amor que idean un plan malévolo para que Claudio se enamore de una ex de Nicolás y entonces ya puedan estar juntos y vivir juntos y coger y besarse sin culpas. Pero todo sale mal y Claudio se entera y se va de la casa. Judith no sabe que hacer. Ambos se sienten pésimo y luego ya no me acuerdo en qué acaba su historia.

Tipeja, que se llama Émilie le dice a tipejo que se llama Gabriel que por eso no puede besarlo porque ella es casada y no quiere repetir la historia. Él lo entiende y dice: Claro, ¡pobre Claudio! Aaaaaah, yo dije también 'Pobre Claudio', aunque Astrid me dijo que al final todo había salido bien para él pues se había casado con una buena mujer. Yo contesté: '¡¿Con esa?!' Entonces pasó lo que tenía que pasar, viene la patada en los gumaros a todos los hombres de la sala, Émilie le dice a Gabriel: ¿Por qué pobre? De no haber sido por eso, yo no habría conocido a mi esposo.

Aaaaaaaargh.


¡Tipeja se casó con Claudio y se besa con un desconocido! Ah pobre Claudio.

Claudio = Síndrome de John C. Reilly all over again.


Claudios Hombres del mundo, uníos en defensa de los pobrecitos hombres dejados, humillados, maltratados, golpeados, utilizados como vil objeto sexual por seis horas.

No se vale...



¡¡¡ letem bi lait !!!

domingo, 16 de noviembre de 2008

... MISERIA ...

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Está en línea desde la semana pasada mi aporte a Cineen. A su derecha se pueden encontrar el link a la portada de la revista electrónica y debajo el link directo a mi columna. En el remotísimo caso de que no lo hayan leído ya, aquí se los presento.




MISERIA.
(Yo les envié el archivo sin faltas de ortografía, para ojos sensibles, mejor leer aquí que allá).


Él estaba en la cima, era su momento de gloria y nada podía frenarlo ya. Sentía que podía comerse al mundo trozo por trozo, mordida por mordida debido a su fama adquirida a fuerza de empujones y tenacidad, no necesariamente por su talento, que lo tenía sin duda, pero sus fans no estaban realmente interesadas en eso. Lo que buscaban era una salida momentánea a sus frustraciones amorosas, y en él la encontraban. Todos los días, excepto los jueves, tenían su dosis de sacarina aderezada con miel de maple. Una foto cursi con letreros de tarjeta de San Valentín y un texto a veces corto, a veces largo, a veces con un ligero tinte erótico, muchas de las veces con una innegable veta romántica; pero la mayoría de sus textos escondían la realidad, una misoginia galopante que encontraba cierto placer en los halagos recibidos por parte de sus fans. Él sabía que de sus más de trescientos lectores diarios, al menos el noventa y cinco por ciento eran mujeres, mujeres jóvenes de entre diecisiete y veinticinco años que al ver sus fotos y leer sus textos suspiraban, aunque no entendieran el trasfondo, eso no importaba. Lo que a él le hacía gozar sobremanera era el saber que, a pesar de insultar la inteligencia femenina con cada palabra, sobajar a todo el llamado sexo débil con cada frase y prácticamente humillar a sus lectoras llamándolas arrastradas y necesitadas, a pesar de todo eso, ellas amaban sus textos. ¿Cómo podía ser eso? Él no tenía la respuesta, pero le encantaba, por Dios que le encantaba. Cinco años con cuatro meses duró el idilio entre él y sus fans, fans que iban y venían pero cuyo número se mantenía constante. Un día, el servidor donde se alojaba su página web colapsó, había opciones, sitios gratuitos o incluso conseguir un nuevo servidor no debía costarle más que un par de días, pero de pronto sintió que el mundo se cerraba para él. Sin aviso, sin despedida y lo más importante de todo, sin los jugosos ingresos de publicidad de Google, él se deprimió.

Ella jamás tuvo un momento glorioso. Ni siquiera en la escuela, ni siquiera en el tae kwon do, ni siquiera en el trabajo, ni siquiera entre su familia. Y no era fea, era hermosa de hecho, por así decirlo. Piel blanca, cabello castaño y ojos claros de una indefinible tonalidad entre verde y marrón. Una cicatriz le atravesaba el rostro por el lado derecho mutilando su simetría. Desde pequeña, su madre creyente de mitos y supersticiones y estudiosa de la frenología, le había dicho que el accidente en el que se vio envuelta cuando bebé, trastocaría su vida futura. Esa gran cicatriz la hizo insegura, tímida en el salón de clases y por ende de mediocre desempeño escolar. A pesar de su notorio defecto físico, nunca tuvo apodos, ni siquiera por antonomasia, su paso por la vida de los demás fue tan gris y poco relevante que el mundo parecía simplemente ignorar su existencia. En el tae kwon do logró llegar al tercer dan de cinta negra basándose en su empuje y en su tenacidad, poco debido a su talento, que lo tenía sin duda, pero la inseguridad lastimera que arrastraba desde su infancia le impedía demostrar todas sus cualidades. A pesar de haber llegado a ese alto grado en su disciplina, su nombre no figuró en ningún diploma ni en ninguna medalla. Era como si nunca hubiera estado ahí. El único recuerdo que le quedó fue un desgastado dobok con manchas amarillas bajo los brazos, y una raída y deslavada cinta negra con su nombre en coreano colgada en una pared. Su trabajo en el Tok’s no la absorbía ni le preocupaba en especial. Todos los días, excepto los jueves, era la misma rutina. Despertar a las cinco de la mañana, bañarse, ponerse ese duro uniforme azul que se pegaba a sus curvas y rosaba sobremanera, trabajar con una sonrisa perfectamente olvidable de siete de la mañana a tres de la tarde tratando con señoras que quieren comer mucho y pagar poco, con hombres gordos y sudorosos que tratan de tocarle la mejilla o acariciar sus piernas mientras ella debe permanecer ecuánime y apartarse lentamente pero siempre con la sonrisa en los dientes. Por la tarde ejercicio en casa, televisión y dormir sin soñar y todo otra vez. Un día el gerente del Tok’s la notó. No sabía su nombre pero le dijo que su sonrisa no era ya suficiente, que si quería conservar su empleo debía salir con él. Ella recogió sus cosas, en silencio se marchó, él la olvidó y ella se deprimió.

Él y ella no tenían nada en común a simple vista. Sin embargo estaban unidos por un deseo más allá de lo que por sus simples y acaso patéticas vidas se podría descifrar. Eran los jueves. Los jueves en que él no publicaba textos ni fotografías. Los jueves en que ella dormía hasta medio día temerosa de salir de la cama. Los jueves que para él sólo tenían razón de existir por ser el día en que olvidaba su desprecio por las mujeres y se entregaba desde temprana hora a un festín cinematográfico en el cineplex de la calle Central. Los jueves en que ella no tenía ningún lugar a donde ir, ni amigas que visitar, ni familia que llamar, mucho menos amantes con quien gozar. Los jueves en que él amaba con gran pasión a Nicole Kidman, a Monica Belucci, a Kiera Knightley, a Catherine Zeta-Jones, a Julia Roberts y a Natalie Portman. Los jueves que para ella eran días de abandono total a los placeres audiovisuales y al pecado de la gula, días de pasar de una sala a otra en el cineplex de la calle Central y días de comer kilos de palomitas y beber litros de refresco sin preocuparse por el ejercicio vespertino, para eso habría tiempo y seis rutinarios días más de la semana. Los jueves en que él se sentía alto y delgado como Eric Bana, sofisticado como George Clooney, poderoso como Brendan Fraser, bien parecido y con carisma como Robert Downey jr. Los jueves en los que ella sentía los abrazos de Brad Pitt y Tom Cruise, se sentía princesa como Anne Hathaway y se divertía horrores con Wil Farrell. Los jueves en que él buscaba en el cine la inspiración para sus historias, donde la gente no le molestaba pues cada quien está concentrado en sus propios asuntos y no pone demasiada atención a su alrededor. Los jueves en que ella se sentaba en la fila más baja y en la butaca de la extrema izquierda. Los jueves en que él prefería la última butaca a la derecha de la última fila. Los jueves en que ella iba al cine, no únicamente por disfrutarlo, sino porque era el único lugar en donde podía pasar el día sin atormentarse en sus pensamientos y sin que las demás personas la vieran todo el tiempo sola y pensaran que estaba loca. Los jueves en que ambos se encontraban, sin saberlo, frente a su destino. Los jueves en que ambos, sin estar conscientes de ello, se iban acercando cada vez más. Los jueves en que él, como movido por un acto reflejo, se recorría una butaca hacia el centro, o una fila hacia abajo. Los jueves en que ella, por una absurda coincidencia, se sentaba una butaca hacia el centro o una fila hacia arriba.

Pero llegó el día en que ambos se vieron en la necesidad de faltar a su rutina. Y no era jueves, era martes. A él no le parecía tan descabellado ir al cineplex de la calle Central ese día, jamás lo había hecho pero la idea no le molestaba; deseaba ver esa película y de cualquier manera, no tenía mayor cosa que hacer de ese día en adelante. A ella la idea le provocaba antipatía, y hoy que era martes de enchiladas potosinas; era sencillamente inconcebible el olvidar su día a día así tan de repente, el enfrentarse a la calle dos días antes de lo habitual la asustaba. Fue ese martes en que los constantes y casi inadvertidos acercamientos rindieron frutos, cuando las luces se apagaron, él y ella se encontraron en la fila de en medio de la sala siete del cineplex de la calle Central, justo a una butaca de distancia. Separados por un ente invisible que se antojaba tan corpóreo que costaba enormidades el voltear la cabeza, él hacia la izquierda y ella hacia la derecha. De pronto el silencio roto por el implacable sonido institucional de THX, los acordes iniciales de una pieza sublime para piano, una trompeta y la frase que cambiaría por completo y para siempre el significado de sus vidas: "Uno no está totalmente acabado mientras tenga una buena historia para contar y alguien que lo escuche".

La leyenda de 1900 era la película con la que se habrían encontrado. La historia de su historia en sí misma y de ese alguien capaz de salvar al otro del abismo. Una película de dos historias diferentes unidas por el presente de un trompetista, la historia del pasado y la del presente / futuro que se desencadenaría a partir de un encuentro por demás fortuito. Como el que sucedía en ese instante en la fila de en medio de la sala siete del cineplex de la calle Central. El ente invisible se esfumó de pronto y ambos lo sintieron. Los anteojos de ella caídos a media nariz, completamente empañados y ligeramente ladeados, sus orificios nasales aumentaban su tamaño, hinchándose, y luego decrecían al ritmo de su respiración entrecortada. Los ojos de él fijos en la cicatriz que a ella le mutilaba el rostro, pero que en ese momento, en ese lugar, le parecía la más fantástica demostración de que la belleza más delicada se hallaba frente a si, y que era menester hacer algo al respecto. Ella lo sentía también, lo intuía, acaso lo deseaba. Se miraron, los dedos largos y torcidos de él cruzaron la frontera de la butaca vacía, las manos redondeadas con dedos chatos y uñas despintadas de ella los imitaron y por fin se alcanzaron.

Él, el que odia con profundo desprecio a las mujeres, el que se divierte enamorando quinceañeras por internet, el que se burla de las féminas en su cara sin que ellas lo noten, el que se creía émulo de Alfie, él estaba ahí, inmóvil, sujeto de la mano de una extraña y con la mirada clavada en sus ojos. Ella, la mujer invisible, la de la existencia gris, la que menos de veinticuatro horas antes había perdido su trabajo esclavizante, la que lloró mientras di Caprio se hundía congelado en el Atlántico, ella estaba ahí, completamente sonrojada pero deseando mantener este momento fijo en su memoria para siempre.

El cineplex de la calle Central los había unido sin intención. Pero al instante él supo que tal encuentro no podría ser de ninguna manera un accidente. Max el trompetista lo había dicho todo; él, vacío y sin un lugar donde desplegar su cuestionable arte, aún tenía mucho que decir, muchas historias que contar, muchas ideas que expresar, y la musa estaba junto a él, la veía, podía escuchar los latidos apresurados de su corazón y lo más importante de todo, ella lo veía a él, era real, existía y lo estaba tocando, y él la sentía de una forma que había olvidado hacía años ya. Ella, por el contrario, tenía miedo; nunca en toda su vida un hombre le había tocado la mano así, con el deseo contenido en la inocencia, y sintió calor, era la segunda vez en dos días que sentía con esa intensidad, las insinuaciones de su ex jefe lo provocaron por primera vez, un calor repentino subiendo desde sus piernas hasta el centro de su pecho abrasándola por dentro; tenía ganas de correr, de esconderse en una oscuridad diferente a la de la sala siete, correr y esconderse sí, pero sin soltar la mano de ese extraño.

Y lo hizo así, parecido, pero sin correr. Ella, por primera vez desde que amaba el cine se levantó antes de que los créditos concluyeran, le gustaba leer la mayor cantidad de nombres que pudiera, aún cuando los olvidara pocos segundos después, mucha gente había trabajado para hacer posible esa película, pero ese día nada más importaba. De la mano de ella, él se dejó llevar, la siguió en ese andar felino que habían visto juntos, a trece filas de distancia uno del otro en Malena, Él sabía lo que iba a pasar, lo anticipaba permitió que pasara, aún al salir de la sala siete tuvo un último chance para acobardarse, ella necesitaba entrar al baño antes de partir aunque matara el momento mágico, pero al mismo tiempo les daba a ambos la oportunidad de volver a su vida indiferente. Ella pudo no haber salido en horas, él pudo no haberla esperado, pero no pasó ni lo uno ni lo otro; ella no se reconocía en el espejo, su sonrisa se mostraba confidente y llena de toda la seguridad que le había faltado desde hacía más de veinte años, pensó que no podía prescindir de los anteojos, la miopía no se lo habría permitido, pero al mismo tiempo le daban un cierto parecido a Maggie Gyllenhaal y le otorgaban ese toque sensual y perverso que toda la vida le había faltado. Él estaba nervioso, desde la secundaria no había intentado siquiera seducir a una mujer en la vida real, lo hacía con singular alegría en el messenger, pero esto estaba pasando de verdad, tenía miedo, miedo de no responder a las expectativas, de no estar a la altura, de ser eyaculador precoz, cuando se masturbaba frente a la computadora el objetivo era terminar lo antes posible, y hacía muchísimo tiempo que no estaba con una mujer.

Perdido en esos pensamientos estaba él que no se dio cuenta del camino que habían tomado, cuando recuperó el sentido de la ubicación ya estaban en casa de ella. Sin hablar sus cuerpos se acercaron torpemente, por la mente de ambos pasó la misma escena: Billy Bob Thornton y Halle Berry desesperados cada uno con su propia fatalidad, entregados por el puro deseo, del más bajo infierno al paraíso. Así como él y ella, dos seres en las antípodas uno del otro, que por lo mismo parecerían complementarse de manera adecuada. El misógino y la sumisa, el conquistador y la chica tímida. Juntos se pierden en la pesadilla que esa noche han creado. Hoy son uno, pero mañana, ninguno de los dos querrá olvidar su vida pequeña, quizá él más que ella, o tal vez no.

En el momento del orgasmo ella lo mira fijamente y dice: “¿Cuánto dolor debes sufrir? Tu cuerpo dolido por manos que jamás fueron tuyas”. Él se queda frío. De golpe viene a su mente uno de sus primeros textos, su primera fan y su primera conquista por internet. Otro pensamiento lo invade de forma angustiante: Kathy Bates en Misery, pero es tarde. Siente el golpe seco en el rostro y después, la oscuridad y el silencio, diferentes de la oscuridad y el silencio de hacía unas horas en la fila de en medio de la sala siete del cineplex de la calle Central, pero tan parecido.

Tan parecido ...






¡¡¡ letem bi lait !!!

sábado, 30 de agosto de 2008

... No, ¡¡¡ No lo aceptaré !!! ...

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La Suprema Corte de Justicia de la Nación, declaró la Constitucionalidad de las reformas que despenalizan el aborto en la capital del país promovidas por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando al respecto a casi un año de que la ley está vigente en la práctica.

Miles de mujeres que abortaban clandestinamente o que cruzaban la frontera para hacerlo ahora lo hacen en la comodidad de su ciudad con la complacencia del gobierno local. Lo peor es que es presumido y cacareado como un gran logro.

¿Qué puedo decir que no se haya dicho ya?

Que el aborto es un asesinato, sí, sí lo es.

Que las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos, sí, sí lo tienen.

Que biológicamente una persona, aunque se desarrolle dentro del cuerpo de otra, no depende o no debería depender de una sola decisión si vive o muere, no, no debería.

Que los hombres padres de esos bebés que están siendo abortados por cientos no son nunca tomados en cuenta, sí, siempre son ignorados.

Históricamente en los idearios izquierdoides que siempre están a favor del aborto universal, han tildado a los hombres como violadores, irresponsables y otras linduras, lo que ya no entienden o no quieren entender o simplemente no tienen el alcance de miras suficiente para saber que existimos hombres que queremos tener derechos reproductivos a la par que las mujeres.

Cuando la ley fue aprobada fuimos testigos de manifestaciones en pro del aborto cuyos gritones fueron llamados asesinos, promiscuos, etc. Pero también de manifestaciones en contra cuyos respectivos gritones fueron llamados mochos, persignados, fomentadores de la miseria, entre otras cosas.

Y es cierto todo eso.

La misería existe en este país y en el mundo, pero ya no importa.

Si una mujer es violada, embarazada y aborta, que lo haga, ya no importa.

Si la gente hace uso irresponsable de su sexualidad y pretende tomar el aborto como método de planificación familiar, que lo haga, ya no importa.

Que cada quien pague y acepte las consecuencias de sus acciones, ya no importa.



Pero que nunca, nunca sea asesinado un hijo mío en el vientre de su madre.


Nunca (más).








¡¡¡ letem bi lait !!!

miércoles, 16 de abril de 2008

... ¿Rojillos? Mis calzones en año nuevo ...

Para comenzar habría que dar algunas definiciones de lo que es el socialismo.

Marx dividió la construcción de la utopía en tres:

1. La Revolución. Que es el cisma que provocaría la caída del Estado. (Marx no decía que debía ser necesariamente violenta, pero ningún Estado que se precie de serlo enfrentaría su destrucción con las manos arriba).

2. El Socialismo. Cuando el fruto de La Revolución se ha sembrado, una élite debe hacerse cargo de las cuestiones del Estado (Aquí un punto que trataré más adelante).

3. El Comunismo 'real'. La Utopía nunca alcanzada (y en cuyo nombre se ha cometido y se sigue cometiendo barbaridad y media).

Desgraciada o afortunadamente Karl Marx no vivió para ver como la obra de su vida era llevada a la práctica (intentada) por un grupúsculo autoritario que se llamó a sí mismo "La Mayoría" (bolcheviques), aun siendo en realidad la minoría, pero muy democráticamente, Lenin dijo que eran la mayoría y se fregaron los demás.

La fundación de la Unión Soviética fue un gran suceso, por primera vez en siglos se fundaba un Estado basado en teorías nunca antes llevadas a la realidad. El mundo tenía buenas expectativas de ello. Tal vez incluso más que las creadas por la fundación de los Estados Unidos de América un siglo y medio antes.

Si a un niño que nace hermoso, lleno de talento y con la esperanza del mundo en sus hombros le toca por padre un abusivo y golpeador todo lo que podría haber sido se va por el desagüe. Eso le pasó a la URSS, cortesía de Stalin. Una vez muerto ‘el Padrecito’, Krushchev y Brezhnev intentaron hacer algo pero era tarde, el niño estaba enfermo y envejecido (y controlado por la 'gerontocracia') y nada se pudo hacer ya, hasta 30 años después cuando su muerte era inminente (aunque aún hay algunos que parecen no haberse dado cuenta).

El punto es que el Socialismo como tal no puede ni debe ser un fin en sí mismo, simplemente es una estación de paso tal y como fue concebida por Marx. El problema es que siempre se han quedado en esa etapa.

El socialismo que existe no convierte a los humanos en iguales por una evolución de ellos mismos. Los convierte en iguales degradando su condición defectuosa, de en ciertos aspectos ignorante, de gente sin opinion ni posibilidad de cambio, de chusma que necesita ser oprimida porque no es capaz de gobernarse a sí misma. La élite gobernante de los sistemas socialistas es tanto o más corrupta que los gobernantes capitalistas, simplemente porque esa es la naturaleza humana. Marx se equivocó al predecir que una revolución traería consigo el nacimiento de un Hombre Nuevo. ¿Dónde estaban las mujeres soviéticas mientras duró el régimen ‘comunista’? Utilizadas como instrumento de reproducción, como carne de cañón en la vanguardia de las tropas militares, como diversión y premio para estas mismas tropes, ausentes por completo de la conducción del Estado y la toma de decisiones. ¡Bendita emancipación socialista!

El capitalismo en cambio pretende la productividad. El trabajo en equipo, algunos poseen el talento, algunos la habilidad y algunos el capital. Privilegiar a aquellos que se destaquen en cualquier ámbito y prescindir de aquellos que fallen. Darwin lo llamó Selección Natural. Los discursos sexistas no caben en sociedades capitalistas modernas, en donde lo valioso es el trabajo, no quien lo realiza.

Ahora la pregunta: ¿Por qué los movimientos revolucionarios de izquierda socialista no prenden en países desarrollados? Otra de las equivocaciones de Marx. Él decía que la Revolución se gestaría en países industrializados porque la clase obrera (trabajadores de las fábricas) sería la impulsora del movimiento. En realidad las Revoluciones se dieron en países atrasados y rurales: China, México, Rusia.

Hay muchas corrientes divergentes en la izquierda y ese es acaso su mayor pecado. El aferrarse a razonamientos trasnochados en los que ya nadie cree fuera de Latinoamérica está haciendo que nos condenemos paulatinamente al desastre.

El socialismo no tiene nada que ver con la social-democracia, sistema que gobierna en Chile, España o Alemania por ejemplo. Ese es el futuro, pero ese es otro tema y debería ser tratado en otra ocasión.



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Au Readers:

Me hicieron enojar unos rojillos wannabe que no entienden razones.


* Inspirado en un fragmento del Libro: "Historia sencilla de un siglo complicado" Francisco José Amparán.



¡¡¡ letem bi lait !!!

lunes, 14 de abril de 2008

... ¿Por qué los hombres aman a las cabronas? ...

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Porque estamos bien estúpidos.

sábado, 8 de marzo de 2008

... Mujeres necias que acusais al hombre sin saber que sois la razón de lo mismo por lo que chillais ...

¿ Qué estaría haciendo Simone de Beauvoir si viviera aquí y ahora ?

- De gira con “Los Monólogos de la Vagina”
- Peleando y chillando en el H. Congreso de la Unión
- Sería una estrella más del canal de las estrellas
- Daría pláticas sobre sexualidad femenina en comunidades indígenas
- Todas las anteriores
- Ninguna de las anteriores


Hace 100 años nació uno de los iconos del feminismo a nivel mundial, la buena Simona (no la cacariza, o quién sabe) que con uno de sus ensayos EL SEGUNDO SEXO le dio perspectiva histórica, social y filosófica a la condición de las mujeres en las sociedades occidentales.



Cuenta que la mujer siempre ha sido una constante presencia/ausencia que salvo en contadas ocasiones siempre ha sido lo que el hombre quiere, y hace un recorrido por la imagen femenina que el arte y la literatura han creado.

MI BELLA DAMA (my fair lady)

‘… una mujer que chilla ruidos disgustosos y deprimentes no tiene derecho estar en ningún lugar, ni a vivir. Recuerda, eres un ser humano con alma y el regalo divino del habla articulada’. (Henry Higgins).



Su gran aporte es quizá la idea de que las mujeres, es decir LO FEMENINO, no es algo con lo que se nazca, sino simplemente una construcción social. Impuesta por los hombres, a los que según de Beauvoir, las mujeres debían igualarse.

Los extremos se tocan y tan intolerantes resultaron los machistas como los experimentos feministas de la década de los 60’s y 70’s. Como en política y en todos los ámbitos de esta vida petaca, los extremos ideológicos son igual de dañinos para todos los involucrados, pero más para los que quedan en el medio. No me quiero ni imaginar la de marañas que habrá en el cerebro de un hijo de feminista y machista.

Al final del camino las cosas han cambiado poco en mucho tiempo, la educación tradicionalista sigue teniendo vigencia, aunque para las mujeres ‘modernas’ las tesis contenidas en EL SEGUNDO SEXO ya no tienen la misma validez que en su momento.

Los hombres no somos más ni somos menos que las mujeres, simplemente somos diferentes. ¿De verdad es tan pinche difícil entenderlo?

La igualdad nada tiene que ver con la equidad; si tenemos diferencias, sólo son las inherentes al género, entonces, por qué tanto grito y sombrerazo por querer ser tratadas iguales. NO HAY NADA MÁS INJUSTO QUE TRATAR COMO IGUALES A QUIENES SON DIFERENTES.

Dejando de lado los roles sociales ‘aceptables’, independientemente de las preferencias sexuales, en las relaciones humanas cada quién tiene un rol por cumplir (el que sea), ¿por qué se complican tanto la vida?

Simone de Beauvoir lo entendió, en realidad nunca quiso igualarse a Sartre, al final de su vida, supo que eran un complemento, diferentes en esencia pero juntos en el camino …







Wiki de Simone



¡¡¡ letem bi lait !!!
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... Gracias Dios por los dones que voy a recibir ...