miércoles, 6 de mayo de 2009

PELANDO LA BANANA. La cáscara. Volumen V.

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Hubo un momento, cuando las cosas terminaron definitivamente con Elizabeth, que no estaba seguro de mi lugar en el mundo. Ciertamente, y quienes me siguen (o me conocen) podrían fácilmente afirmarlo, mi vida está regida por las mujeres a mi alrededor. Acaso definida por las mismas. Y es un hecho comprobado y comprobable que siempre que me hablan de una fecha pasada, me pregunto a mí mismo con quien andaba en ese momento, y lo recuerdo todo. ¿Lo peor? Soy incapaz de olvidarlo, incapaz al nivel de a veces necesitar un taladro (o unas tijerillas) para sacar pensamientos de mi cabeza.. En alguna otra ocasión pondré una cronología precisa, pero hoy quiero hablar de Marisel.

Ya dije que había terminado todo con Elizabeth, hubieron lágrimas y abrazos, un adiós, un te quiero y ningún porqué, y nada. Se fue, se perdió en la noche y para siempre. La única y real fuente de pertenencia que me quedaba en esta vida petaca se me escurría como agua por las manos. Después de todo fui yo a decirle que no ... Y sí, la familia, los amigos, el trabajo y los PUMAS (que una vez ya me habían salvado del derrumbe [futuro post, prometido]) seguían ahí. Pero después de dos años de intermitencia, de ser un par de meses y de perdernos por tres y todo de nuevo, cada vez más espaciado, yo sabía que eventualmente las cosas se arreglarían, no sabía cómo ni con qué pretexto. 'She was my lobster', Si Brisa, era mi Rachel y yo era su Ross, Elizabeth era mi Chandler y yo era su Monica. Y nos perdimos, inevitablemente y sin posibilidad alguna de dar marcha atrás. De pronto me sentí vacío, desnudo, destruido en general. Tenía que encontrar un asidero del cual sostenerme para no caer al inexorable abismo.

Y entonces llegó ella a sacarme del fango. Días después del adiós, un amigo de mi familia llegó a la oficina. Su sobrino preferido, predilecto ahijado casi hijo se casaba y confiaba en mi talento que haría un buen trabajo con el tratamiento audiovisual de la recepción. Lo básico, fotografías, video de pre y post boda. Las cosas no andaban bien en el negocio y aunque hacía meses que no hacía ningún evento de ese tipo (bodas, bautizos, cumpleaños ...), no era el momento para negar ningún trabajo, además, el tipo era, es buen amigo de mi madre desde hacía años. Acepté, en realidad necesitaba algo en qué distraerme. Reuní a mi equipo, trazamos el plan de acción, ja, suena más ñoño cuando lo pienso, pero en fin.

Exactamente diez días después de que mirara por última vez la camioneta de Elizabeth alejarse de mi casa, la hice de chofer. Llevé a una chica que trabajaba conmigo, con cámara, tripié y demás aditamentos necesarios a la casa de la novia (horrible). Confiaba en su trabajo y la dejé, regresé a la oficina y llevé a otro tipo a la casa del novio. La idea (y que salió muy bien) era tener constancia de todo el proceso del ‘día de’. Entrevistas con ellos, con su familia y hasta con la señora que peinó a la tipilla. Mientras ellos trabajaban, yo platicaba con el padrino, el amigo de mi madre que a partir de ahora se llama Federico (aunque no creo que aparezca más en la historia, pero equis). Resultó que cual indígena conquistado, se había convertido al cristianismo hacía un par de años, él y toda su familia. Su sobrino incluido y por ende, su novia, así que sin saberlo ni esperarlo, me vi en la inminencia de una boda cristiana. ‘De todos modos es lo misma gata pero revolcada’ -pensé-, ‘y seguramente será interesante’.

Y lo fue. Y me gustó. Y no puedo negar que sentí cierta envidia por la manera en que la camaradería fluía entre los miembros de la congregación. Y entonces la noté y sin poder evitarlo me acerqué a ella en plena ceremonia religiosa, aunque no le hablé en ese momento. Claro, estaba trabajando y yo soy muy profesional. Pero ella también me había notado.

No era muy bonita, su piel blanquísima resplandecía bajo una falda vaporosa a la rodilla color blanco, una blusa con escote discreto del mismo color y un largo abrigo negro (era noviembre). El cabello de negros rulos brillantes le caía despreocupadamente sobre los hombros y enmarcaba su rostro sereno, sin gota de maquillaje. El abrigo no dejaba ver con claridad su cuerpo, pero gorda no era, de eso estaba seguro. No era muy bonita pero me llamó la atención de inmediato. No sé si haya sido la falta de sexo en días, la simple extrañación de un cuerpo de mujer en mis brazos o algo más profundo. Me gusta pensar que me sentí atraído desde el principio por algo indefinible como el aura, que me atrapó y no pude pensar más que en ella durante toda la tarde/noche.

Sólo le dije a mi socio: ’Mía’, señalándola con la cabeza y lo entendió. Bailé con ella, salsa, lo hacía muy bien y yo me sentía como un oso de circo. Pero ella sonreía. Ah, que linda se miraba bajo las luces del salón de fiestas. ¿Ritos cristianos? Solamente en la ceremonia religiosa, pero nada del otro mundo, nada excéntrico pero sí muy emotivo, me gustó. Y la fiesta fue como todas las fiestas de casamiento. Vals, bailar con la familia, liga, ramo, víbora de la mar, etc. Y ella iba sola y estuvo conmigo en los momentos en que podía relajarme un poco de la grabación. Al despedirnos, se me hizo muy extraño que no tuviera celular, eso me dijo, pensé que no quería dármelo porque no tenía intención de verme de nuevo, pero entonces me dio el número telefónico de su casa. Me sentía eufórico pero aún con la consciencia pesada, nada espectacular, como una más la pensaba. No era muy bonita y eso me hacía no pensar en nada serio con ella. Sí, ya sé, malditos ojos míos (verdes, hermosos) acostumbrados a la belleza femenina. No era muy bonita, si la hubiera topado en la calle no hubiera pasado más que de un rápido vistazo a su escote, su rostro y de pasada a sus nalgas, y ya, pero el destino quiso que la conociera en su estado más espiritual.

Marisel era, es su nombre. Con toda la vergüenza del mundo llamé a su casa la semana siguiente, estarán de acuerdo que no es lo mismo llamar a un celular en donde casi casi sabes con seguridad quien va a contestarte, que a una casa, sobre todo a la de una mujer con la que apenas hablaste. Yo sentía que mi performance con ella no había sido suficientemente contundente para que me recordara a la primera. Pero pasó, lo peor había pasado ya y quedé de salir con ella el jueves siguiente.

Había encontrado de donde sostenerme, por un tiempo al menos. Aunque estuvo a punto de caérseme a pedazos cuando en la primera ida a comer me dijo que ella también era cristiana. No juzgo a la gente por la religión que profesan porque no me gusta que lo hagan conmigo, pero ya saben la fama que tienen los cristianos. Santurrones y moscas muertas (dicen). Con mis reservas, seguí adelante. Para mí no tiene importancia la religión de la gente, pero para ella sí, por eso lo mencionó, quería estar segura que yo estaba bien con la situación. Y sí. O no mal al menos. ¿Qué más podría perder?

No me enseñó nada que no supiera ya. Historias de La Biblia, parábolas, metáforas, interpretaciones personales y particulares, y generales. Hablamos de dogmas, de lo absoluto y lo verdadero. Me sorprendió pues nunca había conocido a nadie que supiera tanto de religión, de la religión cristiana y de otras. El conocimiento me excita, pero ella me dejaba sin palabras, y pocas veces me han dejado sin argumentos. Temía parecer estúpido. Y entonces hablábamos de otras cosas.

Me llevó a su templo, me invitó a sus reuniones y acudí con gusto. Nunca intentó que me convirtiera al cristianismo, ni siquiera lo sugirió, yo estaba sólo de oyente. De todos modos, nada tenía yo, nada le pedí y así todo me lo dio. No fue de ella de quien me agarré en esos momentos de vacío del alma. Fue de Dios. No el dios de los cristianos, no el dios de los católicos, sino la idea de un ser superior al que le vale soberana sombrilla lo que haga con mi vida, que si me dejo arrastrar al desastre es muy mi pedo, pero que siempre va a tener una mano para tenderme si es que quiero salir. De la idea que comparado con el absoluto, soy nada, aunque aquí lo sea todo, aunque para alguien lo sea todo, aunque yo tenga la completa seguridad que lo soy todo. Así cómo Él, ego sum qui sum ...

Y Marisel me enseñó que por la carne también se llega al cielo. Siempre había creído que los cristianos eran muy recatados, nada de alcohol, de cigarro, mucho menos de drogas, el sexo necesario para reproducirse (estando casados, claro); al menos eso es lo que pregonan a voz en cuello la mayoría de ellos, aunque en privado se desdigan de todas sus afirmaciones. No Marisel. Ella no tomaba ni fumaba, eso me pudo encantar, pero detrás de la puerta de la habitación, no había dogma ni mandamiento que valiera más que el del deseo. ¡Dios! Sabía tantas cosas y se movía de una manera, me tocaba como nadie jamás me había tocado ni nadie nunca lo ha hecho de nuevo y me besaba con un hambre y una entrega que no he vuelto a ver en la vida. Si hablando de religión me dejaba bien estúpido, haciendo el amor, peor. O mejor para tal efecto. 'Lo que la carne une no lo separa ni Dios, ni el diablo, ni la muerte, ni el olvido'.

Infelizmente, una de mis dos neuronas hizo corto circuito cuando la inevitable pregunta llegó. 'Y tú y yo, ¿qué somos?'. No supe responder, no quise. Me apendejé y solamente la miré marchar. No volvimos a saber de nosotros. Ocasionalmente la he topado en la calle, en camino a su templo o con su mamá del brazo, pero nunca con un hombre. No nos saludamos. Es raro. Pero era obvio, yo lo sentía obvio. No estaba listo para una relación comprometida. Así como no lo estoy ahora, me gustaría que así como me entendió mejor que muchas, lo hubiera entendido en ese momento. Mucho drama se hubiera evitado y acaso un tiempo más de completez hubiera existido, y ya sabemos lo que el tiempo es capaz de lograr.

Pero las cosas pasan por algo. Y esta vez no me dejó cuando las cosas parecían ir mejor. Ja.

Doh.




Parte de esta serie:






¡¡¡ letem bi lait !!!

8 comentarios:

Dib dijo...

Chale... y para alguien necesitado de cariño, me mandan a la única cristiana que no tolera que yo sea ateo...

El mundo está mal.

la chida de la historia dijo...

¬¬

La Diabla dijo...

yo tambien me ubico en el tiempo con el hombre que anduve.

sabes eso de "que somos?" me recontra caga, osea, si una mujer lo pregunta se delata ella misma al aceptar que no es suficiente para llenar al tipo con el que se acuesta y que si queria ser princesita de cuento sin final nunca debio haberse enredado con un tipo que lo uncio que quiere es un rato... "ameno" digo, si un hombre, por muy indiferente y patan que sea cuando llega una mujer que "le late" ps realiza la pregunta de "quieres ser mi novia?" sin importarle nada!

si no ps ni y nimodo

Miss Psycho. dijo...

quizás ella lo atrajo con su olor
a veces el aroma de las personas es tan fascinante que les complementa las carencias de atractivo que pudieran llegar a tener .
saludos :)

Jolie dijo...

será que el pasado... nos vuelve a pasar? me pregunto eso porque puede haber fechas, plazos a término circulos viciosos y el olvido es .. un poco como ese tizne rojizo que se forma entre el metal y la humedad...

no me hagas caso...
solo e sn simple parloteo.

Anónimo dijo...

Ah, que linda se miraba bajo las luces del salón de fiestas.

Pude amar a frase..

Anónimo dijo...

MAR:
Buenas historias en tu vida, aunque en esta se me hace interesante que no sólo te refugiaste en ella, sino que fue algo más espiritual y eso es algo bueno.

Luisz dijo...

Dib: Sí, recuerdo eso, que gacho, si quieres te paso su mail.

la chida dela historia: re ¬¬

Diabla: Amén. Lo has dicho todo. Tan sabia siempre :)

Miss Psycho: Me hiciste sentir viejo, no sé por qué ... ¬¬

Jolie: Demasiado tarde para no hacerte caso ... Me encantan tus letras. Y me hacen sonreir.

Ella: (:

Mar: Mucho más que espiritual.

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