Repasas la libreta negra buscando un nombre que debería estar bajo la letra A, pero la grasa de tus dedos manchados de mayonesa lograron cubrir con su suciedad las orillas de la 'Molesquín' que te compraste en Tepito el día que a punta de pistola se llevaron tu cámara nueva, bueno, nueva de quince minutos, todo por abrirla inmediatamente al doblar el pasillo sin esperar a salir del barrio bravo. ¿Qué te puedo decir? Te lo mereces, eso sí, digo, ¿a qué escritor en ciernes se le ocurre comprarse una 'Molesquín'? Sobretodo teniendo en cuenta la mamonez de la gente 'nice' a la que sueles frecuentar.
La agenda 'Fernández' que venía dentro de la cubierta de tercipelo de la 'Molesquín' impresa en couché de medio con gloriosa tinta azul rey está llena de nombres de mujeres que pasaron, están, pasarán o soñaste que estuvieron en tus brazos (por no hablar de tu cama). El karma es poderoso y lo sabes, las que están subrayadas con rojo son a las que pudiste engatusar con tu limitada labia y tu ropa y accesorios 'fake'. De cualquier manera ellas se hubieran revolcado contigo por un trago, o al menos por un beso o una mirada de tus ojos o una hora de hacer como que las escuchas. Las que están subrayadas con azul, las que te costaron más trabajo fueron irónicamente las que cogían menos rico, porque si vamos a ser sinceros, eso que dices de que hay mujeres que cogen feo es una mierda. Tú mismo lo dices pero sólo para pararte el cuello y todos lo notan, hasta que alguien se atrevió a decirte 'tu peor cita y aún así cogiste' fue cuando dejaste de presumirlo.
El nombre que buscas no está bajo la letra A. Angélica se llama para ti pero para el resto del mundo es Nidia. ¿Qué ya no te acuerdas de cuando marcabas a su casa y fingías la voz? ¡Nidia, pendejo! Aunque tú le dijeras 'perra' u otras linduras en la cama, en su casa y en la tuya la conocían como Nidia. Tampoco la ves subrayada en rojo, ni siquiera el nombre escrito en tinta negra. Tuviste el descaro de escribirla con el 'sharpie' dorado que usabas para marcar los discos compactos marca kodak.
No te culpo, después de todo te costó casi dos años el convencerla de que le valieran madre las familias y la amistad de años para que se convirtiera en tu amante ocasional y permanente. Valió la pena enormidades. Solamente el recordar la primera vez que la besaste sobre el edredón multicolor del que tanto se burlaban tus amigos pero que te hacía ganar puntos con las viejas, debe ponerte como un loco. No pasaron ni diez minutos cuando ya estabas sobre ella tocándola sobre la ropa. Ese primer día en el que se resistió con todas sus fuerzas a ser despojada de su blusa pero a cambio se dejó acariciar bajo la misma. Pero sus manos tampoco estaban ociosas, buscaban tus nalgas como poseídas, te pedía que no cerraras los ojos mientras la besabas pero ella era incapaz de mantenerlos abiertos. Mejor. Después el sexo sería digno de historias épicas.
Aún tiene tu chamarra negra, del día que cogieron siete veces en siete posiciones distintas en siete lugares de tu casa en jueves santo. Al salir agotados y recién bañados le invitaste unos tacos de pastor con queso, y para que la nena no tuviera frío le prestaste tu chamarra. En realidad no querías que ni en la taquería ni el taxista se deleitaran con el par de erectos pezones que se veían a metros de distancia bajo su blusa producto del frío y de la excitación que aún le dejaste, pero sobre todo a causa de que en plena embestida su sostén se enredó en tu pie y lo lanzaste a la oscuridad y después fue imposible encontrarlo.
He de advertirte que su celular no funciona ya y el teléfono de casa de sus papás lleva meses suspendido. Si quieres verla tendrás que recurrir a ayuda externa o tendrás que ir personalmente a buscarla.
Te escribo esto porque sé que después de la quinta ronda olvidarás su nombre pero extrañarás su sexo fácil y depilado. Querrás llamarla y escuchar su voz recordándote la última vez que se vieron, el día de tu cumpleaños en que te dejaron solo en casa de tu mamá y ella llegó en el momento justo para evitar que salieras.
Olvidó llevarte tu chamarra.
Donde estás no la necesitas, pero a ella ...
Ella es otra historia.
¡¡¡ letem bi lait !!!
