Esta quincena en METATEXTOS:
¿Qué ocurre después del fin del mundo? Es decir ¿quién o que, si alguien, se ocupará de este pobre y pequeño planeta después de que su hora haya llegado o después de que hayamos explotado hasta la ultima gota de sus recursos naturales?
En el otro lado de la moneda, hay preguntas similares ¿Podría la humanidad llegar a toparse con vestigios físicos de una civilización perdida hace milenios en algún otro planeta? ¿qué nos enseñaría ello de nosotros mismos?
Esta semana, los participantes de Metatextos deberán en trescientas palabras o menos realizar un ejercicio de Antropología Ficcional. Hay dos opciones
1. Una civilización futura analiza e interpreta un vestigio (cualquiera) de los habitantes del desierto planeta antes llamado “Tierra” cuya civilización desapareció hace muchos miles de años.
2. Los humanos analizan e interpretan un vestigio (cualquiera) del desierto planeta X usado por una civilización extraterrestre extinta hace miles de años.
El asistente de Mr. Pavlov.
Mr. Pavlov era un genio. De entre todos los científicos del universo, sólo él pudo descifrar los Libros Terrestres. Dicen que para obtenerlos, los exploradores del tercer planeta del sol soportaron temperaturas extremas y un ambiente desolador; claro, eso fue antes del colapso de su estrella. La extinción de la vida en la Tierra fue un misterio en nuestro mundo hasta antes de Mr. Pavlov.
Yo estuve a su lado cuando trabajaba. Todo el tiempo. Como el día en que descubríó la Clave Terráquea, y así pudo encontrar un patrón en la escritura de los humanos.
Estuve ahí cuando esos textos, aunque incomprensibles para mí, transmitían la desesperación de una raza que enfrenta su irremediable destrucción. Mr. Pavlov transcribía frenéticamente:
“Año 2089. Nunca pensamos que el fin sería pronto, logramos sobrevivir a la hambruna, al cambio climático y sus consecuencias: huracanes, temblores y sequías. Las contiendas por el petróleo, y el agotamiento de las reservas de hidrocarburos en un lustro. La pandemia de cáncer de piel y La Gran Guerra del Agua. Pero siempre se erguía orgullosa la sociedad global. Éramos mejores que todo eso y nos fortalecíamos con cada catástrofe. Desde principios de siglo estábamos preparados para todo.
Listos para todo menos para la llegada del doctor. Ese viejo Jesús Pavlov que llegó prometiendo el paraíso y lo único que logró fue que nos destruyéramos uno a uno. Cada persona debía cometer un asesinato diario . ¿Cómo lo logró? Jamás lo sabré. Pero estoy seguro que lo hará de nuevo, en otros mundos.”
Mr. Pavlov sonreía y un instante después yacía frente a mí con un lápiz clavado en la garganta. Las palabras de ese hombre lograron conmoverme y no quería ver mi planeta destruido. A fin de cuentas, aunque evolucionado, yo también soy humano.
¡¡¡ letem bi lait !!!
