jueves, 13 de agosto de 2009

... El clarín con su bélico acento ...

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Ayer aprendí a jugar backgammon. No fue divertido al principio, bueno también fue mi culpa por entender el objetivo demasiado literal y llevar todas mis fichas hasta el final de un sólo golpe (bueno, muchos). Perdí por cierto. Es como cuando intentas (y logras) un mate al pastor cuando juegas ajedrez contra un novato. O contra un experimentado, eso es más feo, porque debo reconocer que hace doce o trece años morí de esa manera tan humillante por la distracción que me causaron las piernas de una tierna adolescente (por cierto, yo era un adolescente también, aunque eso no me exhima de cualquier delito) que competía en la mesa junto a la mía. Pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Ayer, Astrid me inició en ese juego de nobles y aristócratas que es el backgammon. Perdí miserablemente, bueno, no taaan miserablemente, llegué hasta el final con buena estrategia y después el azar se encargó de patearme la cola. Esa fue la partida de prueba, en la siguiente me fue mejor, pero esa también es otra historia y merece ser contada en otro lugar.

Leyendo y conociendo un poco la historia de este país uno puede llegar a entender el porqué de nuestra recalcitrante belicosidad. Ayer, Nery Castillo (que ni mexicano es, aunque haya nacido en San Luis Potosí) dio tamaña muestra de su civilidad al pintarle bronca por nada a un negro que mide dos metros y pesa cien kilos más que él. Aunque la mexicanidad o la no mexicanidad es un tema interesante, lo que quiero hacer notar es la hostilidad con la que siempre vivimos. Siempre de los siempres.

No quiero enseñar historia, no es mi papel, pero es menester el darnos cuenta que desde que los diferentes pueblos y las distintas culturas indígenas que existían en el que ahora es el territorio nacional se la pasaban de las greñas por el simple vuelo de una mosca panteonera, no existe en el mundo mundial una historia más llena de traiciones, odios, venganzas y guerras fraticidas que la nuestra. ¡Y a mucha honra! ¡Nel!

En un país donde cambiar una ley sin que lloren los perredistas es más fácil que cambiar a Cuauhtémoc Blanco sin que llore el estadio Azteca, todos están más al pendiente y preocupados por su propio bienestar que por el bien común. No que los culpe, yo lo haría, pero el punto es que ya en el pasado hemos perdido la mitad de la nación porque los supuestos garantes del bien del país estaban peleándose entre ellos por un puñado de bicocas. No es algo lindo de qué presumir a los turistas, pero eso no le quita lo cierto. Y no es tampoco algo viejo, lo vemos ahora en los debates del hache Congreso de la Unión, en las rebatingas que se traen los gángsters por el control de los ambulantes, en el rayito de esperanza dándole con todo a la propia teta de donde mama. En fin, ejemplos sobran.

Hace ciento cincuenta años, ocurrió la única guerra por ideas, por proyectos opuestos e irreconciliables de nación que se dio en toda la historia del México independiente. La Guerra de Reforma que enfrentó a liberales y conservadores. Liberales que se morirían de ver en lo que, los autonombrados liberales de hoy en día, han convertido las banderas que ellos murieron por enarbolar. Hace ciento cincuenta años, era matar o morir por lo que creían era el futuro ideal del país, no por caudilluchos, no por dinero, no por viejas rencillas.

Rencillas que han constituido toda una cultura en este valle de lágrimas. Al parecer la gentuza (está bien, me incluyo) nunca está contenta si no se pelea con sus semejantes los demás. Luego cuando alguien es azotado de nacimiento (o necimiento, ja), que más da pelearse con uno o con otro, da lo mismo. Y desde párvulos nos han metido en la cabeza que los demás nos odian y no cesarán en su intento por dañarnos. Namás vean, son sólo frases aisladas pero que entrañan la paranoia en su máxima expresión:

Mexicanos, al grito de guerra
(Nomás pa' empezar)

piensa ¡oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dió
(Ahora entiendo el Servicio Militar obligatorio)

En sangrientos combates los viste
por tu amor palpitando sus senos
(¿De qué estaba hablando? Dejé de pensar)

Ya no más de tus hijos la sangre
se derrame en contienda de hermanos
(Jajajajajaja, se vale soñar)

Del guerrero inmortal de Zempoala
te defienda la espada terrible,
y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor;
El será el feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque él supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor
(Se refiere a Antonio López de Santa Anna, ¿neta? ¿El tipo que perdió una batalla por no tener suficientes municiones y ser tan orgulloso para pedirlas?)

¡Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la patria manchar los blasones!
(Landon Donovan se orinó en el estadio Jalisco, ¿cuenta?)

Y tus templos, palacios y torres
se derrumben con hórrido estruendo
(¿Como en 1985?)

de Iturbide la sacra bandera
¡Mexicanos! valientes seguid
(No puedo yo negar que la Bandera Imperial de Iturbide era la más chingona de todas)

¡Para ti las guirnaldas de oliva!
¡Un recuerdo para ellos de gloria!
¡Un laurel para ti de victoria!
¡Un sepulcro para ellos de honor!
(No aplica: 'Mejor aquí corrió que aquí quedó')

Aunque dudo mucho que exista un Mundial de Himnos Nacionales, siempre se dice que el nuestro es el segundo más hermoso del mundo, detrás de 'La Marsellaise'. Claro, armónicamente, ambos son comparables. Bélicos los dos. El himno de los Estados Unidos por el contrario, tiene una armonía sacra, contrasta con su política, sí. Y uno necesita no tener sangre en las venas para que la piel no se le enchine mientras los acordes de Ciña, ¡Oh Patria! viajan por el espacio electromagnético de la tierra en forma de ondas sonoras.

Todo el mundo sabe perfecto lo que caracteriza al mexicano. Con sus excepciones, claro, por eso nadie nos toma en cuenta ni da dos pesos por nosotros. Pero yo nada más pienso en lo que sentiría Barack Obama si el presidente de Irán, o el primer Ministro de China o la India arengara a su pueblo reunido bajo el balcón de la sede del gobierno, ondeando una bandera y tañendo una campana con gritos de ¡Guerra, guerra!

Mexicanos (o iraníes, o chinos, o indios) al grito de guerra ...

¡Ay nanita!



¡¡¡ letem bi lait !!!

5 comentarios:

Dib dijo...

Yo difiero con tu opinión del himno nacional.
Yo creo (o quiero creer) que más bien es una forma poética de mostrar repudio a lo que sucedía, similar a como lo hizo Saavedra con El Quijote.

Una forma de exaltar los - en ese entonces - valores de la sociedad, que únicamente sabía: arar el campo y agarrarse a madrazos.

la chida de la historia dijo...

No, yo sí creo que sea altamente belicoso... que poético también.. y chido!...

Pero Luisz, si no hicieras este tipo de análisis no serías tú... chistoso, casi real...

Lo cierto es que es espíritu mexicano sí es de lucha, sí es de arriesgar... y sí es de hacerse pendejo mientras los trancazos no le toquen a él...

Algo complejo, algo confuso...

Por supuesto no pienso ponerme a discutir contigo (again) la mexicanidad o no de ciertos personajes...

Besos, solecito.

Elphaba dijo...

Pues yo no puedo presumir de ser la más nacionalista, por lo menos no bajo el concepto nacionalista mexicano: No apoyo a la Selección (prefiero jugar backgammon, jeje), no creo que lo hecho en México (en su mayoría) esté bien hecho, no apoyo al "nuevo cine mexicano" (si hacen porquerías, por muy mexicanas que sean no las veo), apoyo la privatización del petróleo y la educación (aashh, ya sé...) y el himno nacional me parece más bien feito y no me enchina ni un pelo... que quede claro, amo a mi país, es hermoso; lo que no me encanta es que esté lleno de mexicanos (me incluyo).

Creo que nuestro país sería perfecto si los que vivimos en él dejáramos de darle "guerra, guerra sin tregua al que intente de la patria manchar los blasones" y mejor nos esforzáramos por hacer las cosas bien, sin comparaciones.

jess dijo...

Pues a mí sí me gusta mucho el himno nacional.... siempre que lo canto, en lo que menos pienso es en vestirme de adelita y matar "gachupines" o "gringos", ni mucho menos llamar a mis vecinos a derrocar al mal gobierno...

Sino que creo que todos podemos aportar nuestro granito de arena, para que los ideales de nuestros antepasados no hayan sido en vano.

Saludos morrito!

Pandora! dijo...

México es un país de contrastes, no hay mexicano que no sienta orgullo al dizque cantar el himno nacional y al mismo tiempo, solo consumir cosas importadas.

Hace algunos años, un tio que es guardabosques en Estados Unidos, me contó que raramente un mexicano prosperaba allá, que éramos un país envidioso y que le tocó ver hasta de compañeros que se echaban la migra entre ellos por envidia, cosa contraria a los cubanos que se tienden la mano entre ellos.

Necesitamos un Castro para crear lazos de hermandad iguales???

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