viernes, 3 de abril de 2009

PELANDO LA BANANA. La cáscara. Volumen III.

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Solía no ser muy creyente del karma. Es decir, si he de declararme seguidor de una ley inmutable en la existencia, sería de la de Murphy. Sí algo puede salir mal, seguramente saldrá mal. El karma en cambio ofrece la oportunidad de resarcir los daños reales o imaginarios que causamos a otros seres pensantes vivientes, por lo tanto me diría a mí mismo que tengo que ser buena persona, en aras de que otras personas sean buenas conmigo, o de que me vaya bien en esta vida petaca. Repito, solía no creer en cosas tan absurdas y banales como el karma. Sin embargo, por razones que no atañen al propósito de esta entrega de la banana y que no comentaré ahora, comenzaré a creer en ello.

Porque ayer fue un muy buen día para mí.

Entre otras cosas, ya tengo empleo (temporal, dentro de unas semanas, pero empleo al fin y al cabo, pos que chingaos). De hambre no me voy a morir (de nuevo). Además, sin que yo abriera mi bocota, ciertas personas excepcionales han estado conmigo en momentos en que los que los necesitaba, pero mi estúpido, estúpido orgullo jamás me hubiera permitido pedirles ayuda.

Y ayer fui al béisbol. Tigres de Quintana Roo recibiendo a los Pericos de Puebla (no, si la ironía es cabrona, ¡not!). Mis adorados Tigres a los que había abandonado por casi diez años.

Porque desde que su papá murió, y ella se fue no volví al estadio. Primero al Parque del Seguro Social (q.e.p.d.) y por unos cuatro o cinco juegos al Foro Sol, donde jamás fue lo mismo. Ni tampoco fue lo mismo sin ella y sin mi suegro favorito en toda la vida. Diez años pasaron antes de volver a ver en vivo un juego de beisbol.

Ella es un año y medio más grande que yo y por azares del destino coincidimos durante los tres años de la prepa, bueno, dos años y medio para mí. Denisse es su nombre. Cuando yo me integré al grupo, a un mes de haber comenzado el segundo semestre, ella y su novio, Hugo fueron los primeros en recibirme y hablarme. Además de los que ya conocía. Denisse era una Ugly Betty, ja, ya sé que está mal que lo diga yo, pero así era. Espejuelos gruesos como botellas, ni una gota de maquillaje, esbozo de bigotillo y ceja cero depilada, y flaca. Pero linda, con un perfil hermoso, y la nariz más perfecta de que tenga memoria.

Como la gran mayoría de los noviazgos de preparatoria, Hugo y ella terminaron y dejaron de hablarse. Hugo era de mis mejores amigos, por lo que me costó tanto trabajo enamorarme de Denisse. Mi estúpida, estúpida consciencia me lo impedía, al final, pudo más lo que ella me movía por dentro que lo que pudiera significar la lealtad o loquesea. De cualquier manera, Hugo lo supo siempre, y todos. Jamás nos ocultamos, al menos al principio, y eso costó lágrimas al final. Denisse cambió, por fuera solamente. Se operó los ojos y dejó las gafas, aprendió a depilarse las cejas y el bigote y aprendió también a maquillarse discreta pero adecuadamente. Y era hermosa.

Y todo era perfecto, mi familia la adoraba, la suya me toleraba. Aunque debo decir que la primera vez que fui a su casa, ella me dejó en la sala con el control remoto de la tele y se fue a platicar con su madre, a los cinco minutos llegó el papá. Calvo y malencarado, sin conocerme prácticamente me arrancó el control de las manos. Después aprendería a quererme. Era como yo, y acaso yo lo veía como el padre ausente, nos llevábamos bien, a mucha distancia de mi relación con Denisse, el convivir con el señor Felipe era otra cosa. Incluso, él llegó a decirme que pensaba que la única razón por la que yo seguía con ella era por poder ir a su casa. No tenía razón.

En ese momento, claro, y como siempre sucede, yo pensaba que Denisse era la mujer de mi vida. Y pudo haberlo sido. Pero el término de la preparatoria dio un vuelco a nuestras vidas. Entré a la universidad en septiembre y ella en agosto, yo a Mercadotecnia, ella a Robótica. No nos veíamos tanto como estábamos acostumbrados pero los fines de semana eran únicamente nuestros. Su hermana se casó la primera semana de septiembre, y el entrar de la mano de Denisse a una iglesia fue un shock para mí. Tuve el impulso de salir corriendo y acaso ella lo notó porque apretó mi mano fuerte y en ese instante se me quitaron las ganas de huir, supe que quería quedarme con ella, ese momento congelado es el que guardo con más celo en mi memoria.

Su hermana era azafata y se casó con un piloto de avión. Se fueron a vivir a Baja California. Eso fue determinante. De inmediato le hablaron a Denisse para que fuera a hacer pruebas para ser sobrecargo. Ella no quería, le gustaba su carrera, pero su familia fue más convincente que yo y lograron arrebatarla de mi lado (exagero, pero así lo sentí entonces). Se fue. Lo mejor, obviamente fue terminar, no podíamos mantener, no en ese momento una relación funcional a tan larga distancia. No después de haber estado juntos tan cerca y tanto tiempo.

El señor Felipe murió tres semanas después de que ella se fue. Estuve en el funeral, aún con ella, con ella siempre y ahí surgió la propuesta: 'Vente conmigo'. 'No puedo', le dije. Y lo entendió, pero súbitamente morimos de nuevo.

Pasó el tiempo y comencé a salir con Brisa y todo fue felicidad de nuevo. Una vez y lo juro por los dioses más sagrados, que una sola vez le fui infiel (¿o cuentan también unos besitos?). Y fue con Denisse. Volvió para pasar las vacaciones de semana santa con su mamá y me llamó. Con plena consciencia de que yo estaba con alguien más, y de que era feliz, y de que jamás me iría con ella. Pero me habló de cualquier manera y yo cedí. Acepté salir con ella, no uno, ni dos, sino tres días. El último día dormimos juntos y sea por lo que sea, también guardo ese recuerdo como una de las mejores noches de mi vida petaca. Brisa jamás lo supo. Y yo no me arrepentí por ello.

Contrario a lo que me pasa siempre, Denisse no terminó odiándome. Por eso, pero no únicamente por eso, ella es tan especial para mí. Entendió mis razones como nadie, y tuvo que morderse los labios y las manos una y otras veces más para no salir corriendo a buscarme porque yo se lo pedí.

Aún guardo la carta perfumada que dejó en mi mochila la noche que pasamos juntos, aunque sólo la encontré porque ella me lo dijo el día que la llevé al aeropuerto para volver a Baja California. Unas pocas líneas, ni siquiera de su propia autoría pero cuyos acordes me retumban en el alma aún hoy. Y ahora que estoy escribiendo esto. La carta dejó su perfume hace tiempo. Poco más de ocho años la he guardado y así seguirá, junto con las dos únicas fotos que conservo de ella y la tarjeta postal que me envió desde París.

Jamás nos volvimos a ver, ni a hablar, ni a saber nada (directamente) el uno del otro.

Quizá haya sido mejor así.






Parte de esta serie:




¡¡¡ letem bi lait !!!

6 comentarios:

La Diabla dijo...

Me encantan estos posts autobiograficos!


yo no opino lo mismo que esa gente pretenciosa que dice "ash ash yo vivo el presente y camino para adelante" pfff pendejos, obvio tampoco se trata de que el pasado te consuma, pero darle una mirada de vez en cuando, leer las cartas viejas, abrir la caja de recuerdos seimpre es grato y que bueno que lo puedas compartir, a mi me gustaria... pero no quiero hacer serntir mal a mi actual novio...

pd: escribi otro cuento en un colectivo y quiero tu opinion, esta la liga en mi blog y una pregunta mas, para escribir en metatextos... te inscribes, te tienen que invitar o como esta la onda?

la chida de la historia dijo...

Definitvamente sigo siendo fanss de tu banana, papito. Me encanta el toque que le das a cada entrega... por alguna razón es de lo que mejor te sale... en lo que pones más corazón, seguramente por que lo vibras al escribir... Incluso más que aquello del mes de noviembre...

Te mando besos y abrazos y... bueno!... ya métete en la maleta!

Celina Bailón dijo...

Ésta serie cada día me gusta más... O más bien cada entrega.

Y si... todas son entregas, entregas tuyas y de tus protagonistas, y entregas eso a este espacio que por este tipo de textos es por lo que pienso que es mucho menos frío que algunas relaciones interpersonales que he vivido.

En fin... tu me entiendes... o yo me entiendo.. ya ni sé :D

EXCELENTE manera de narrar... :)


Besos! Desde acá...

Dib dijo...

La verdad concuerdo con todos.
La serie "pelando la banana" es la maldita ley.

Chido.

Ingeniero McNinja dijo...

Oye muy buena historia me dejo con muchos flashbacks de mis ayeres.

Celina Bailón dijo...

Me encanta que te encanten tus ojos (verdes, hermosos) jajajaja

Ah pues me da gusto que nos estemos entendiendo.. a veces me cuesta trabajo que la gente, la que vive ahí afuera en el planeta tierra, me entienda... O será que usté es medio extraterrestre como yo? mmmm... pueque pueque...

Nos leemos pronto, entonces.. :)

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