jueves, 12 de junio de 2008

... Contrafactuales ...

"Dice el dicho que la historia la escriben los vencedores. Cierto. Pero también hay que considerar que los vencedores no necesariamente tuvieron que ser los que fueron. O sea, que cualquier acontecimiento humano de ciertas dimensiones (como guerras, revoluciones y movimientos sociales) no tenía por qué resultar como resultó. Alemania pudo haber ganado la Primera Guerra Mundial, el Sur la Guerra Civil Norteamericana y De la Huerta su rebelión contra los Sonorenses. Por supuesto, las cosas salieron de otra manera. Pero uno puede ponerse a pensar: ¿Y qué tal si??

A quienes nos gusta la historia nos encanta andar haciéndonos esas (aparentemente ociosas) preguntas. Que de hecho tienen su nombre: son CONTRAFACTUALES, esto es, lo que va en contra de los hechos como se presentaron en la realidad. Y a veces resultan ejercicios mentales mucho muy interesantes.

El contrafactual clásico y mejor conocido es la pregunta hecha por Blas Pascal en sus 'Pensamientos':

¿Y si la nariz de Cleopatra hubiera sido más grande de lo normal?

De esa hipotética protuberancia nasal se desprenden, según Pascal, numerosas implicaciones: Marco Antonio no se hubiera enamorado de ella; por tanto hubiera ganado la batalla de Actium, venciendo a Octavio; y la historia de la civilización occidental hubiera sido otra muy diferente. Claro que hay que asumir que a Marco Antonio no le gustaban las narizonas; y que sin esa distracción no hubiera cometido las burradas que de hecho cometió en Actium. Es mucho rizar el rizo, pero resulta divertido.

¿Qué tal si Sócrates hubiera muerto a los 45 años en la batalla de Delium, en la que participó como buen ciudadano ateniense y que terminó en desastre? Sin duda la filosofía occidental sería muy distinta.

¿O si Halifax y no Churchill hubiera sido nombrado Primer Ministro británico en mayo de 1940? Casi seguramente hubiera firmado la paz con Hitler de inmediato.

¿O si a Patton le hubieran dado la gasolina que pedía a gritos en agosto de 1944? Quizá Berlín hubiera caído en manos aliadas (y no soviéticas) en el otoño de ese año: adiós a Stalin en Europa Oriental, adiós a la Cortina de Hierro, adiós a la Guerra Fría, adiós calles de ladrillo amarillo.

¿Y qué tal si Poncio Pilatos hubiera perdonado a Jesús, presionado por la latosa de su mujer? Sin duda el cristianismo sería muy diferente a como lo conocemos."


El maestro Francisco José Amparán, en su columna de los domingos en El Siglo de Torreón hace un par de ejercicios interesantes de contrafactuales de la historia mexicana:


Contrafactual 1:

Hidalgo entra a la Ciudad de México tras la batalla del Monte de las Cruces.

Uno de los grandes enigmas de la Guerra de Independencia es por qué no la terminó Hidalgo en seis semanas. Al menos, muuuuy en teoría, es lo que podría haber ocurrido si después de derrotar a las tropas virreinales en el Monte de las Cruces, el 30 de octubre de 1810, hubiera entrado en la capital de Nueva España, la ciudad más grande del continente, que le quedaba a veinte kilómetros de distancia.

Las explicaciones varían salvajemente: que tenía grandes deudas de juego en Chilangolandia, que le entró una crisis de ansiedad, que no tenía municiones suficientes, etc.

Creo que la verdad es muy sencilla: Hidalgo no tenía la seguridad de controlar la horda (decirle ejército es de una generosidad franciscana) que lo acompañaba y temía que se repitiera (pero a lo bestia) lo ocurrido el 28 de septiembre en Guanajuato, en donde sus huestes habían cometido una degollina de cientos de inocentes. Desde ese momento Hidalgo había quedado marcado y su movimiento políticamente estaba frito: ¿Cómo justificar el asesinato de mujeres y niños? ¿Quién iba a apoyar a un homicida de civiles, líder de una turba que había saqueado la ciudad más rica de América?

Probablemente Hidalgo se imaginó lo que podría ocurrir en la Ciudad de los Palacios y decidió no pasar a la historia junto a pintorescos personajes como Atila, Ghengis Khan y Hank González. Así que se retiró de las puertas de la Ciudad de México. Menos de cinco meses más tarde fue capturado y a los ocho ya había sido fusilado. Un absoluto fracaso.

Por supuesto, es posible que de haber entrado Hidalgo a la capital en el otoño de 1810 sus fuerzas se hubieran portado bien, sin incurrir en saqueos, violaciones ni asesinatos. Ok, Hidalgo se apoderaría de la ciudad sin efusión de sangre. Sí, ¿y luego? Por lo aducido anteriormente, uno se pregunta quién en su sano juicio hubiera querido formar parte de su Gobierno Provisional o lo que fuera; o qué autoridad real (y moral) hubiera tenido ese Gobierno insurgente. Las fuerzas virreinales, las que después lo derrotarían en Aculco y Puente de Calderón, ya empezaban a organizarse y es de suponer que no tendrían mayores problemas en retomar la ciudad. En este escenario, Hidalgo hubiera sido fusilado en México, no en Chihuahua y en menos tiempo. La mecha que ya había prendido con Morelos provocaría el incendio posterior y la evolución de la Guerra sería más o menos la misma.

Así que, entrando o no en la capital, la suerte de Hidalgo y de su movimiento sería básicamente la misma. Pero muy probablemente su reputación hoy sería otra.


Contrafactual 2:

Vicente Guerrero acepta los resultados de las elecciones de 1828 y no rompe el orden constitucional con un golpe de Estado.

Otro profundo enigma de nuestra historia es por qué el primer militarote golpista, quien descompuso el orden legal y abrió paso a una serie de cuartelazos, asonadas y motines que asolaron al país, le da nombre a una entidad de la República.

Efectivamente, fue Guerrero quien puso el mal ejemplo al no respetar las instituciones cuando le fueron adversas, demostrando que el poder era de quien pudiera tomarlo por la fuerza, y así nos fue. En los siguientes cuarenta años, ningún presidente acabó su periodo normalmente, perdimos la mitad del territorio y nos atrasamos tecnológicamente unos tres cuartos de siglo. ¡Gracias, señor Guerrero!

En 1828 terminó su periodo el primer presidente de la República, Guadalupe Victoria. Los principales candidatos a sucederlo eran Manuel Gómez Pedraza, apoyado por los moderados y masones del rito escocés; y Vicente Guerrero, estandarte de los radicales y masones del rito yorkino, el que había traído el embajador norteamericano Joel Poinsett, precisamente para sembrar cizaña en la inepta clase política de la joven República.

Las elecciones favorecieron a Gómez Pedraza. Despechado, Guerrero dijo que había habido un compló(sic), que era el candidato del pueblo y éste nunca se equivoca y procedió a dar un golpe militar para evitar la ascensión de Gómez Pedraza. Nuestro primer relevo presidencial mandado al demonio por la ambición de alguien que, por su accionar en la Guerra de Independencia, suponía que se merecía todo.

¿Y si se hubiera quedado quieto? ¿Si hubiera aceptado los resultados electorales? ¿Habríamos tenido una evolución política tranquila e institucional en el Siglo XIX?


Hasta aquí la cita.

Hace tiempo hice un podcast con un tema similar, medio en serio, medio en broma.

¿Qué pasaría si América hubiera conquistado Europa?

Diablos nooooo, no habría Eurocopa de Futbol !!!!!







PD - Mañana, ¡¡¡METATEXTOS!!!





¡¡¡ letem bi lait !!!

1 comentario:

una mujer en apuros dijo...

Daaahhhh!!! ya no entendí qué parte escribiste tú y cual es cita... pero aún así resultó ser un tema bastante interesante, lo leí todititito a pesar de que no me gusta aún como tienes estructurado tu blog... errr je je je...

Por cierto, no sabía que te gustaba la historia... qué bien¡¡, eres toda una cajita de sorpresas eh?....

Besotes chamaco, nos estamos leyendo!

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