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martes, 13 de enero de 2015

PELANDO LA BANANA. La cáscara. Volumen VIII.

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El año en que cumpliría 14 comenzó de una manera muy intensa. Con los compañeros de escuela, habíamos ido en bola y en camión guajolotero a las faldas del volcán Popocatépetl a juguetear en la nieve. Los más osados ya se veían escalando hasta más allá de Paso de Cortés cual modernos Hillarys, mientras que los más tranquilos y/o emparejados sólo queríamos aprovechar el frío para acurrucarnos cerca cerquita. Para entonces yo era noviecín de una chica de madre holandesa que era más de un año mayor que yo, estaba a un par de semanas de cumplir 15 años y yo a cinco meses de cumplir apenas catorce. Tampoco era que fuera a durar toda la vida. Mi profundo sentido del ridículo me hizo negarme por todos los medios a bailar con ella en su próxima fiesta, la cual ya estaba toda planeada.

El viaje no resultó lo que esperábamos pues después de subir y subir, la cuesta abajo se hizo pesadísima y entre todos contratamos a una camioneta estaquitas para que nos devolviera a nuestro guajolotero. Al hacer la cuenta final estábamos un integrante corto; el primo de mi holandesita no estaba y el pánico se apoderó de todos. Llanto y gritos desesperados precedieron por largos minutos hasta que, bajando pesadamente el camino, el primo bajaba en completo estado de shock y con un brazo prácticamente destrozado.

Sobra decir que la fiesta no podía cancelarse, pero sí cambió de estilo, en vez de hacer una gran ceremonia con vals y chambelanes, se hizo una techno-party como estaba de moda en esos días. Vestidos estrambóticos y nada de corbatas serían la norma en ese caldo de hormonas despertando. Los noventas estaban a la mitad y no siquiera recuerdo mi alocado atuendo, pero debió de ser extremadamente infame.

Liberado por anticipado de las obligaciones de novio, me dediqué a tomar refresco y ver cómo todos los demás sacudían sus hormonales esqueletos al ritmo de Scatman John. Mi amigo el científico se sentó junto a mí y juntos, con sólo ese poder que un par de buenos nerds son capaces de tener, nos reíamos tanto de todos. Hasta que llegó ella a sentarse entre nosotros.

Una chica de piel blanquísima y pelo negrísimo con los labios pintados con el rojo más intenso y rojísimo que había visto. Mi mandíbula me llegó hasta el suelo cuando se acercó a mí y me besó en la mejilla diciéndome su nombre. No tenía más de catorce años y su cuerpo era ya el de una mujer digna de su ralea. También saludó a mi amigo el científico que de igual manera se había quedado boquiabierto.

Platicamos toda la tarde, al menos tanto como se puede platicar cuando la voz de Gillette cantando Short Dick Man taladraba los oídos con sus subidos decibeles. En un momento, La gótica temprana tomó mi mano y me llevó a la pista, contraviniendo mis más profundas convicciones, quería ver al adolescente caliente que fuera capaz de decirle que no a esa hiper-niña. Mi amigo el científico se levantó y nos siguió para no quedarse atrás. Sin el menor sentido del ridículo, moví mi lindo cuerpecito junto a su hermoso cuerpazo mientras tarareábamos Knock kncok knocin’.

No sé ni le pregunté después qué había pasado entre ella y mi amigo el científico, lo que me interesaba era ir a su casa y verla y seguirla viendo, y besarla claro. Y fajonear con esos torpes fajoneos de puberto precoz. Ella me enseñó a jugar ouija y me enseñó las primeras heridas de navaja en sus brazos. Me enseñó fotos de piercings increíbles provenientes de revistas que jamás había visto. Me hizo probar por primera vez la sangre de otra persona cuando se cortó un dedo con un rastrillo.

El fin llegó justo ese día, cuando después de meter su dedo en mi boca y darme el rastrillo, me negué rotundamene a cortar mis suavecitos dedos. Sobra decir que no quería que el espíritu maligno de Gilgamesh o lo que sea se apoderara también de mi alma.

Aún conservaba mi pureza y castidad y sin embargo, el haberla visto hacerse daño y el tener la fortaleza suficiente de decir que no, me hicieron perder un poco la inocencia. Creo …








Parte de esta serie:





¡¡¡ letem bi lait !!!



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domingo, 11 de enero de 2015

… Lo tienes bien merecido ...

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El último día de diciembre le pregunté a Astrid: "¿Estoy mal por querer ver la película de Gloria Trevi?", a lo que ella dulcemente me contestó: "Sí estás muy mal, ¡pero yo también la quiero ver!". Así que, ni bien comenzó el dos mil quince, nos alistamos para mirar la 'biopic' de la Trevi, que, al menos en apariencia, sólo podía ser una oda al mal gusto.

Porque seamos honestos, los que tenemos entre treinta y cuarenta años, dimos puntual seguimiento a la historia develada por Pati Chapoy en Ventaneando, que se conoció más tarde como la truculenta secuencia de hechos que culminó en el 'Clan Trevi-Andrade'. Recordamos cómo Gloria Trevi le vació el agua de un jarrón a Pepillo Origel, cómo subió sus patotas a los sillones paupérrimos del set de Tv Azteca, la cara desfigurada por la ira cuando Chapoy anunció que Gloria regresaba a Televisa, incluso recordamos aquellos noventas tempranos, en que la programación del canal siete y del canal trece era la misma, salvo por el infame programa 'A todo dar', en donde niñas de no más de ocho años imitaban o trataban de imitar los movimientos hoscos y salvajes de la Trevi mientras hacían playback con "Doctor Psiquiatra", "Pelo suelto" o "Agárrate". Próceres y visionarios ellos de la televisión actual de provincia: Alby Casado y Juan José Peña. No me avergüenza decirlo pues es parte de mi historia, en la secundaria tuve de compañero por un tiempo a un hijo de Alby Casado, Dino. Que tenía el nombre más estúpido que he oído, pero que era, también, estúpidamente rico. Sus abuelos, Sergio Peña y Kippy Casado tenían la casa más grande que recuerdo, en ella, la habitación de Dino era dos veces el tamaño de mi casa, justo como la recámara de Bart cuando se va a vivir con el Señor Burns. Pero en fin, esa es otra historia y no creo que merezca la pena ser contada en otra ocasión.

Todos sabemos qué fue de Gloria Trevi, de su encierro en Brasil y de su extradición y posterior liberación, de sus hijos, una muerta y desaparecida y otro nacido en prisión, de sus "éxitos" musicales y cinematográficos, de sus calendarios calenturientos para púberes, de su renacimiento como reina gay y de sus fracasos televisivos más recientes.

No es necesario que nos demos baños de pureza con eso, #TodosSomosGloria ah no. O bueno, no sé. Todos conocemos los recovecos de la historia y está por demás hacer un recuento, sin embargo, los productores y escritores de la película "Gloria" lo olvidaron y decidieron que la cronología no debe de importarle a nadie porque 'fuck it'.

Para empezar, el casting es afortunado sólo en los dos principales roles, dado que tanto la actriz que encarna a la Trevi como el gordo que hace de Sergio Andrade lo hacen muy bien -dentro de las limitaciones que el insufrible guión les ofrecía-, pero ni los personajes reales que aparecen de casualidad ni las demás niñas están bien representados. La pusilánime Mary Boquitas es más un adorno y un recurso para echarle la culpa a alguien de arruinar una escena que un personaje fuerte, y debería ser o, ya que está presente en el noventa por ciento de las escenas, aunque sea de decoración. A Aline Hernández le hicieron un favor pues nunca fue ni bonita ni atractiva siquiera, y la pseudo-actriz que la representa, aunque se supone que es menor de edad, sí está muy buena. Por el contrario, a Karina Yapor la perjudicaron más porque le escogieron a la no-actriz más fea que encontraron que por la veracidad de sus acciones dentro de la historia. Los demás personajes están tan caricaturizados y ridiculizados al extremo, que no vale la pena detenerse en ellos, simplemente hay que hacer mención de que solamente sirven para meter ruido en un guión por demás falible. Las tristes parodias de Raúl Velasco, Paty Chapoy, Ricardo Salinas, Emilio Azcárraga, entre otros, no sirve ni como 'comic relief' en una trama que intenta ser melodramática sin lograrlo.

De ahí mi siguiente gran queja. El lenguaje utilizado en el guión de Sabina Berman es más propio de Shanik del mismo apellido que de una escritora publicada y laureada. No porque me guste su estilo, que lo tiene, pero esta película no la representa. Términos como "la cagaste" no son, de ninguna manera, adecuados para la época en que se desarrolló la historia realmente. Sería una peccata minuta si tomamos en cuenta que el guión jode la cronología de los hechos para adecuarlos a un hilo que no se entiende realmente cuánto dura. Por el embarazo y el crecimiento de las niñas podemos darnos una idea, pero ni así. Sobre todo porque todos sabemos qué fue lo que pasó.

Por último, las actuaciones del cast son deprimentes. A la no-actriz que (no)interpretaba a Karina Yapor, solamente le faltó alzar alternadamente los brazos mientras decía sus líneas, que peor, son de las más dramáticas y fuertes de la parte final de la película. Y eso es lo leve. Pero, para ser congruente con lo dicho aquí, sí se me enchinó el cuero cuando sonó "El recuento de los daños". Me reí de las situaciones absurdas reales y de ficción, y me pareció original (aunque mal logrado) el recurso de los videoclips insertos en la película.

¿Me divertí? ¡Sí! ¿La recomiendo? !No! ¿La vería de nuevo? ¡Dios no! ¿Desquité el boleto y el combo nachos? ¡Por supuesto! No es la obra definitiva que cambiará el rumbo de la cinematografía nacional, pero es entretenida por momentos, y tampoco es que sea "Un paseo por las nubes" para que me aburra hasta la muerte.









¡¡¡ letem bi lait !!!




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jueves, 8 de enero de 2015

… CARROÑA (Parte I) ...

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Se le veía rondar los cementerios, los crematorios, las capillas ardientes, las salas de urgencias, la sala de espera del hospital de oncología, el servicio médico forense, el ministerio público, incluso "El Torito". Se le veía y no. Su rostro era común, moreno y alargado con el mentón hundido y los pómulos prominentes, ojos negros pequeños y demasiado juntos, nariz ancha y frente amplia. De espalda ancha y cintura delgada, estatura promedio y pies grandes. Su chamarra negra con 'hoodie' gris era inconfundible para quien quisiera o pudiera fijarse bien, aunque realmente no había nadie además de él que pudiera estar en esos lugares de desesperanza sin sentirla.

Rara vez se aparecía con compañía. Quizá un par de veces al día se le advertía platicando con alguien. Era un alma solitaria. Y vieja. Sus ojos pequeños solían mirar a través del pensamiento de sus interlocutores y eran capaces de el más hábil convencimiento. Tenía un 'day job' como vendedor en una agencia automotriz, en dónde era una estrella en ascenso, su especialidad era vender camionetas a señoras divorciadas o viudas que se preparaban para regresar a su vida normal, con su ayuda.

Su único talento era el hacer felices por unas horas a quien fuera que lo necesitara. No era un hombre malo, sin embargo no era un paladín ni mucho menos un héroe. Su placer consistía puramente en la felicidad efímera que era capaz de otorgar a sus víctimas. Aunque él se rehusaba a llamarlas víctimas, simplemente eran un accesorio para su fetiche más extremo, una sonrisa seguida de lágrimas. Ellas eran las más vulnerables en ese momento y, sin embargo, disfrutaban realmente su compañía, su manera salvaje de coger, la forma en que sus ojos juntos se centraban en los propios para llevarlas desde el más agradable de los cielos al mismo sufrimiento del que, por unos instantes, creyeron que por fin habían escapado.

Fue una noche, cuando rondaba ya muy tarde por el Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes, que la vio. Era muy llamativa por decir lo menos, alta, un metro con setenta centímetros sin tacones, muy gorda pero de cara linda, cabello abundante y negro y rizado. Él se acercó más y logró escuchar el motivo de su presencia ahí. Buscaba a su hermana desaparecida el día anterior. Tenía veinte años y síndrome de Down, así que era más que probable que se hubiera salido de casa y no supiera regresar, incluso era posible que, al verse y sentirse perdida, la chica se hubiera hecho daño al violentarse.

Era su especialidad, una situación desesperada en la que él podía atenuar el dolor de una hermana ante la pérdida y las posibilidades. No tenía mucho que perder ...











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domingo, 4 de enero de 2015

… La gota que vence la sequía ...

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He sido un romántico incorregible. Este blog es una prueba innegable de ello, es mi naturaleza, soy besucón y agarrón. Por supuesto que mi lado sociópata también es lamentable, así que mis arrumacos siempre han sido selectivos. No cualquiera merece un abrazo de mi parte, mucho menos me gusta saludar de beso a todo mundo. Pero cuando siente mi cuerpo, mis manos y mi boca tiemblan por tocar y besar todo el tiempo, no lo puedo evitar, claro, a menos que tenga peligro de ser condenado por acoso. Particularmente, la mujer que hace vibrar mi sangre es la sencilla receptora de mis cariños.

Tal condición se ha trasladado a mis hijos. Muero por abrazarlos todo el tiempo, llegando incluso a empalagarlos y hacer que no quieran saber nada más de mí, pero es que es inevitable. Son tan listos, tan grandes, tan cachetones, que provocan el más grande amor del que soy capaz de sentir.

Justo ahora, que escribo estas letras, con ellos jugando a mi alrededor, Rodrigo me enseña un taller de juguete que trajo y me dice: "Te presento mi último invento, ¡El gran despachador de historias!", para, acto seguido, aporrear los botones como si fuera una máquina de escribir y cantar "¡Una gran historia yo contaré!". Cabe mencionar que en este momento, me encuentro sentado junto a él, con mi computadora en las piernas, aporreando las teclas escribiendo esto. El corazón me creció mil por ciento. Sobre todo después de que Mateo llegó con un tren de juguete y dice: "¡Yo también quiero hacer historias como tú, papá!". Juro que yo jamás les he dicho nada sobre eso, de alguna manera debieron haberlo visto, sentido o escuchado. Ya lo hacen, sólo que aún no saben que lo hacen. Ellos todo el tiempo están creando historias de la nada, y es prácticamente de la nada.

Los escritores no creamos. Simplemente escogemos palabras que cuentan una sucesión de hechos conocidos, ya que todo está inventado, todo está vivido, por alguien. Por todos. Las historias continúan siempre, aunque los protagonistas cambien o aunque los contextos se empalmen, lo necesario es al fin recíproco entre la vida y el escritor. Sin vida, el escritor no tiene de qué hablar, y sin escritores, la vida está condenada a ser vivida sin ser recordada.

Todos podemos ser escritores, todos conocemos las palabras. Algunos las utilizan de una manera y otros de mala manera. Unos ponemos extra cuidado -y aún así muchas cosas se pasan- en cada letra escrita y otros escriben como si tuvieran dedos de salchicha, una palabra por otra sin un eficiente auto corrector. Pero la idea está, aunque hay quienes ni siquiera pueden hilar la idea en su cabeza, son los menos (quiero pensar y así lo deseo).

Cuando mis hijos me entreguen su primera frase salida de su cabeza seré el hombre más feliz del mundo, y aunque no escriban una obra de teatro a los seis años o aunque compongan una sinfonía magistral a los ocho, siempre serán mi más grande orgullo, la razón primordial por la que hago las cosas. Ellos y ella.

No hay sequía que se apague con un torrente. Gota a gota, la vida sigue y siempre hay que dar un paso a la vez. Enamorarse siempre es fácil, es repentino y es veloz, súbito. Volver a enamorarse es un camino sinuoso, pero el amor es fácil, las decisiones son las complicadas, los vericuetos de la senda son falaces y la quilla debe estar siempre bien apuntada. Yo voy a luchar hasta más allá del límite de mis fuerzas. Los paradigmas no funcionan cuando prueban su ineficacia, por eso es difícil la vuelta, aunque no es imposible, definitivamente no.

Las historias maravillosas las escriben hombres sencillos empujando sus límites. Yo amo las historias.



¡¡¡ letem bi lait !!!





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viernes, 2 de enero de 2015

… Las historias que se acaban ...

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Son cuatro y desde que tengo uso de razón son viejos. O eran, ya que el mes pasado, dos de ellos dejaron de ser viejos para convertirse en eternos. Cuatro viejos de los medios de comunicación que, irremediablemente, me recuerdan cada vez que los veo a mi abuelo. Mi Papá E, el héroe de mi infancia y mi protector eterno, del que ya mucho se ha hablado en este blog.

1. Jacobo Zabludovsky. El periodista hecho por sí mismo, que vivió e hizo época cuando el periodismo era o encumbrado o perseguido, no quiero decir que esté bien o mal decantarse hacia cualquiera de los lados. Se puede hacer buen periodismo siendo servil, por supuesto, la buena narrativa y la crónica pulcra no limita visiones; así como también se puede hacer periodismo basura siendo contestatario y revolucionario. Y Jacobo hacía buen periodismo, alejado por completo del juicio moral al que todos tenemos derecho, se convirtió en un referente inalcanzable de la cultura popular.

Y Papá E lo quería, y lo desafiaba frente al televisor. Editorializaba lo que el hombre de grandes audífonos acababa de repetir y lo transformaba en lo que después se convertiría en mi primer acercamiento con la interpretación de la realidad. Sin saberlo -o quizá sí-, mi abuelo sentaba las bases de mi pensamiento -que intenta ser- crítico e inquisitivo. Lo quería como se quiere a un colega que ha logrado más que uno, con una admiración manifiesta y una envidia de la peor también manifiesta a veces. Los "¡pinche Jacobo!" sonaban por lo bajo a la hora de la cena en la Casa Verde, aunque por lo alto se oía a Papá E decir: "Lo dijo Jacobo". Soy demasiado joven para recordarlo todo, pero sí recuerdo la noticia del asesinato de Colosio y de su última noticia, su retiro parco y simple del noticiario. Luego su berrinchuda salida de Televisa y su vuelta a la voz y al papel, ya sin las ataduras que lo maniataban, pero siempre con la conciencia del deber bien ganado. Siendo maestro de su hijo así como mi abuelo fue mío. Con su suéter de la UNAM frente a cientos de libros, como mi abuelo con su saco a cuadros grises sentado en su biblioteca. Jacobo habrá de irse y mi abuelo también, y aunque mi Papá E ya no escucha casi nada, sé que en su mente siempre quedará el recuerdo de la voz de Zabludovsky llamándolo: "periodista".


2. José Ramón Fernández. Éste sí, fue un contestatario rezongón al que la edad sólo lo ha hecho irse demasiado a su extremo hasta casi tocar el contrario. Me recuerda a mi abuelo más por lo físico que por el carácter. Pues aunque mi abuela cuenta historias de gritos y enojos, para mí, mi Papá E siempre ha sido el hombre más tranquilo del mundo. Pero también es bajito, de ojos claros, calvo de la coronilla y con lentes enormes, justo como el primer Joserra que mi abuelo escuchaba hablar pestes del amarica, ese equipo de millonetas y pedantes en el que no vale la pena gastar un solo bit más. Mi abuelo siempre fue aficionado del Guadalajara, al que veía como el equipo del pueblo, el orgullo de lo mexicano, siempre en contraposición con el otro.

Ambos son poblanos y ambos fueron egresados de la Carlos Septién. Incluso, mi tío Chucho, hermano menor de mi abuelo, fue el asesor de tesis de José Ramón. Incluso he pensado que puedo usar ese 'token' como entrada a ESPN ja. En fin, que si mi abuelo hubiera estado mejor del oído hace un par de años, seguro hubiera disfrutado como loco de las aventuras de Joserra y Jacobo en Londres, vaya que hasta suena a caricatura vieja, y acaso lo fue. Realmente no puedo imaginarme un producto televisivo más vintage -al menos en teoría- que ese duo hablando sin parar.


3. Vicente Leñero. Si algo admiraba yo de mi abuelo, era su eclecticismo. Se pasaba el día leyendo seis periódicos o más. Gustaba tanto de la opinión ácida de La Jornada como de las páginas centrales chorreando sangre de La Prensa, de ahí a los extremos. Entre sus favoritos, sin duda, Proceso y Excélsior. No el Proceso de Sanjuana y Esteban, sino el buen Proceso de Julio Scherer y de Vicente Leñero, uno de los mejores hiladores de palabras que ha conocido este país. Periodismo del día a día en el Excélsior e investigación y crítica dura en Proceso, cada semana. Yo aún recuerdo que, siendo muy pequeño y antes de la salida editorial de Scherer, leía sin comprender todos los reportajes de Proceso, sentado junto a Papá E, en su negocio, en el comedor o en la biblioteca.

Leñero fue un hombre de sombras, no fue notorio pero su trabajo es inconfundible. Y aunque la figura más notable de la revista insignia del periodismo de investigación en México, siempre será Julio Scherer García, sé muy bien que Proceso nunca hubiera llegado a ser lo que fue sin el escritor jaliscience.


4. Chespirito. Aquí mi corazón se detiene, porque aunque nunca admiré el estilo de Roberto Gómez Bolaños, mi memoria está repleta de noches de carcajadas de mi abuelo frente al televisor mirando El Chavo, Los Caquitos, El Doctor Chapatín y todos los demás. Siempre con la repetición del gag y el humor más involuntario y forzado que otra cosa, pero que también siempre arrancaba la más sonora risa de mi abuelo, que con nada más en el mundo se reía de esa manera, llegaba incluso a las lágrimas de cuando en cuando. Ni Cantinflas había logrado eso en mi Papá E, y eso que mi abuelo puede contarse entre los mayores defensores de la vida y obra del mimo peladito.

Tiempo después, lo lúcido que Chespirito se mostraba ya en la vejez, en entrevistas y en homenajes televisados, además de sus apariciones esporádicas en programas especiales, no hacían más que recordarme que el tiempo pasaba inexorable y que mi abuelo también decaía en sus funciones corporales, aunque no así en su mente, esa gran traicionera que de un tiempo acá lo mantiene prácticamente en silencio, ya que al no escuchar bien, prefiere no entablar conversaciones para no desesperarse por no entender lo que se le dice. Eso me parte el alma, más que sus dedos temblorosos y su andar despacio, el que haya optado por el silencio como refugio significa una gran pérdida para el mundo y para nosotros, su mundo, que aún tenemos tiempo y ganas para escuchar toda la sabiduría que pueda salir de su voz.

De su voz de periodista, letrado y culto como el que más, entendido y claro como nadie, además generoso con el mundo que lo rodea. A ese gran hombre, mi Papá E, jamás serán suficientes los homenajes para honrar su vida y sus obras, entre ellas, la más grande: Su familia, la nuestra.



“No me gusta que las historias se acaben; ni en el cine, ni en la literatura, ni en la vida. Siempre tiene que haber más posibilidades, más caminos, más respuestas”.
Vicente Leñero.







¡¡¡ letem bi lait !!!





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jueves, 1 de enero de 2015

... Quince ...

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Dicen los que saben e inventan, que los mayores y más terribles miedos siempre son descendentes, en todas las acepciones. La cuenta de los años corre inverosímil y crece hacia arriba, cual enredadera, devorando y cubriendo todo a su paso. En nuestro moderno y modernista sistema métrico decimal, los números cerrados son panacea, sin embargo algo pasa, algo importante y relevante sucede siempre en los puntos intermedios, justamente en el de la mitad; el cinco y sus múltiplos que no corresponden a las decenas son sólo uno de los diez números mágicos que existen en el mundo.

Mis hijos nacieron un día quince. Éste es el año quince, dos mil quince. Atrás quedó el espantoso dos mil catorce sin tantas secuelas graves y sí con mucho para escribir a casa. Sólo falta que Mateo y Rodrigo tengan quince años para cerrar el círculo, pero para eso aún falta un tiempo ya no tan grande.

El quince de julio cumplieron tres anos, y de entonces para acá, han madurado lo indecible, inconmensurable, a veces inestable. Ya no son unos bebés, son niños grandes que van al baño y comen solos. Además de tener consigo la enorme bendición de contar con su mejor amigo junto desde siempre, desde su inmaculada concepción hasta el final de sus días -que para eso falta aún más y, con suerte, yo me habré ido antes-.

El quince del quince es su cumpleaños cuatro, y ya más cerca que lejos, me permito hacer un resumen lo más corto posible de su vida: la mía.

Ya no es posible no imaginarlos. Ya no es posible no pensar en ellos, en sus reacciones, en sus necesidades, en sus palabras, en sus respuestas, en sus preguntas, en sus risas y en sus lágrimas. Son los que ocupan gran parte de mis pensamientos y emociones, los necesito siempre y los extraño hasta cuando están dormidos. Sé que me partirá el alma verlos volar pero también estoy consciente de que ellos jamás lo sabrán, no hasta que lo sientan en hueso propio.

El dos mil catorce fue un año regular, hasta el último trimestre cuando varias tormentas nos golpearon a la vez. Pero no a ellos. Ellos siempre estuvieron protegidos lo mejor posible por todos los que los amamos.

No tengo miedo de perderlo todo. Ya lo he perdido todo un par de veces y no me morí ni una sola. ¿Tengo miedo de perderlos a ellos? ¡Por supuesto que sí, siempre! Pero también tengo confianza en que ellos ni nadie va a sufrir daño mientras dependa de mí, o de Astrid, mi Astrid, de quien viene todo lo bueno que existe en este mundo para mí.

No puedo ni quiero sacar de mi mente las carcajadas de Mateo, sus abrazos y sus besos apremiantes, su sonrisa que ilumina el mundo, el desdén con el que inventa palabras, su manera de crear escenarios e historias en un segundo, su audacia, su timidez selectiva, su descaro al hablar con la gente, su llanto horrible y sus cachetes de calabaza.

Tampoco quiero que se me borren los ojos hermosos de Rodrigo, sus pucheros interminables, sus intentos rupestres de manipulación, su esfuerzo en pronunciar correctamente cada palabra, su liderazgo en los juegos, sus indicaciones precisas, su lento masticar, su voz de ganso afónico, su talento natural para caso cualquier cosa, su independencia y su aparentemente poca necesidad de ayuda.

Son tantas y tantas cosas que no alcanzan las horas ni los días para descubrirlos con justicia. Simplemente son el uno para el otro y son los dos para mí, para nosotros y nosotros somos para ellos.

Hasta que el destino feliz nos alcance ...





¡¡¡ letem bi lait !!!


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miércoles, 19 de noviembre de 2014

… Dividing cruelty from the tenderness ...

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En pleno dos mil catorce, parece que las profecías inquisidoras se volvieron realidad en una escala impresionante. Ya se ha hablado hasta el hartazgo que el verdadero Gran Hermano no es más que un montón de bots, Pequeños Hermanos con un smartphone en mano. Nada puede pasar sin que quede registro fotográfico o audiovisual de tal hecho. Para lo que no estábamos preparados era para la dictadura de la opinocracia. Cualquiera con dos dedos de frente puede abrir una cuenta en tuíter y escupir sus pensamientos más inmediatos al mundo. No que eso sea necesariamente malo, sino que las intenciones rara vez son honorables -entendiéndose por honorables cualquier cosa creada por el hombre pensante, o no-. No me gusta mal entender las cosas, pero la opinorrea es de las cosas que más detesto en la vida.

Opinamos sobre todo, sabemos de todo y nos quejamos de todo. Creemos que nuestra ira infinita alcanzará de tal manera a los objetos de nuestra furia y los golpeará tan fuerte que podremos sentirnos triunfadores, superiores. Desgraciadamente, esto es cierto en la mayoría de las veces. Si nos tratan mal en un restaurante: ¡quejas en tuíter y en facebook para que todos mis amigos sepan lo horrible que es! Si nos tratan mal en el trabajo: ¡quejas en tuíter y en facebook para que la gente sienta lástima por mí! Si no nos gustó el más reciente capítulo de Laura en América: ¡quejas en tuíter y en facebook para que deporten a esa maldita vieja infernal! Si no me gustan los quejosos: ¡quejas en tuíter y en facebook para que desaparezcan de mi vista!

Nada nos gusta, nada nos entretiene más que la queja. Trasladar este universo podrido a la literatura podría ser prácticamente desastroso. También estoy harto de las críticas sin fundamento. De esperar grandes cosas cuando ni siquiera se aprende a apreciar las pequeñas. Estoy hablando de la generalidad. Por formación, empatía y deseos, jamás demeritaría una obra publicada, sea cual sea, sin haberla leído antes. Incluso la literatura catalogada como "basura" tiene su mérito en la creación de la necesidad y expansión del mercado. El mundo literario es un todo, muchachos. Nadie se puede abstraer ya en una sola ida romántica de las letras. ¡Qué más quisiera yo! Pero si he de escribir para vivir, siempre tendré en mente el entorno y las necesidades, conviviendo con las ideas y las cosquillas en los dedos.

No conozco a nadie que haya leído LOBOS, de Xavier M. Sotelo, pero durante mi prolongado periodo de invalidez, me encontré con un tuíter repleto de comentarios e invitaciones a leer esta novela. Me llamó la atención particularmente porque la mercadotecnia en internet, actualmente, se limita a ser chistoso y cagarla para obtener notoriedad. Y bueno, la mayoría de los tuits eran RTs de dos de mis cuentas favoritas: @megustaleermx y @megustaescribir. Eso fue importante. Decidí comprarlo (encargarlo, pues mi limitada movilidad me impide ir al Sanborns siquiera).

Entre lecturas atrasadas, investigaciones infructuosas y mis propias letras, apenas ayer terminé -en un par de horas- de leer LOBOS. Y vaya sorpresa que me llevé.

Entiendo que el autor es comunicólogo o comunicador, como prefiera. Él quizá de formación, yo de experiencia y trayectoria. Él trabajó en cine, así como yo, antes de que muchas cosas pasaran. Es un apasionado de los videojuegos y yo me quedé en el súper nintendo. En fin, empatía que se le dice.

Todo lo anterior viene a cuento porque yo tenía expectativas divertidas con el libro. La promesa de devolver a los hombres lobo a su estatus de bestias instintivamente asesinas era francamente atractiva. Conforme avanzaba la lectura, no sabía si estaba leyendo Fallas de origen de Daniel Krauza, pero con lobos y cosas sobrenaturales, y sin tantas groserías ni drogas, o Compro, luego existo de Guadalupe Loaeza, pero con menos dinero y con lobos y cosas sobrenaturales. Sí, aún no decido si comparto o no la forma de narrar de Xavier, sin embargo, su concepción primigenia como guión de cine me dio una clara muestra de que las letras son el refugio perfecto para lo que los encargados del dinero en el medio no quieren o no pueden hacer. ¿He dicho que no sé si comparto la forma de narrar? No es relevante, simplemente porque, aunque no sin cierta incomodidad, la verdad es que Xavier me estaba narrando su historia, no lo que yo quería leer de su historia. Y eso es más que respetable.

No sé qué me gustó más del libro ciertamente no el estilo, pero ese es mi problema, no de Xavier, quien teje de muy buena manera las partes de la historia para concluirlas en un final tan abierto como adecuado. El que todas las mujeres estén buenísimas me queda claro que es por su ubicación geográfica, ya que sabemos empíricamente que Guadalajara alberga cuerpos (y hombres lobo) de miedo, pero sería un necio si se lo reprocho, yo también prefiero escribir erotismo con mujeres guapas que con espantajos, ¡mátenme! La personalidad de cada uno de los personajes está tan bien descrita que no necesita mayor comentario, aunque me intrigó desde el principio mi incapacidad de predecir quienes serían los supervivientes (No es spoiler porque se anuncia en las primeras páginas).

Todos estos detalles, entre otras maravillas, como la tensión sexual entre los personajes, el triunfo del amigo friendzoneado, los sueños reales y los saltos temporales, hacen de LOBOS una obra que leería otra vez. Y vaya manera de terminar, con el final abierto para la segunda parte: "Un hombre lobo tapatío en París" …




¡¡¡ letem bi lait !!!




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jueves, 15 de agosto de 2013

PELANDO LA BANANA. Los dominicos. Volumen VI.

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Los días previos al parto estuve montado en una nube. No tengo recuerdos del trabajo ni de conversaciones ni de encuentros que, por mero trámite debía hacer. Estábamos programados para el viernes quince de julio de dos mil once, a las dieciocho horas en el hospital Ángeles México, justo en una de las intersecciones más complicadas de la ciudad en hora pico. Entre Insurgentes y Viaducto, en una tarde lluviosa, tan típica de julio en el de efe, el doctor Martín llegó demorado por el tráfico, cuando Astrid estaba ya en una camilla del quirófano y yo mordiéndome lo que me quedaba de dedos, sin celular ni posibilidad alguna de distracción, afuera de los vestidores.


Llegó cual ráfaga disculpándose por el tráfico, que tampoco era demasiado tarde, pero mis nervios me podían como nunca. Me disfracé de pitufo quirúrgico y bajamos y bajamos y bajamos escaleras hasta encontrar esa visión que no olvidaré jamás: Astrid como santo cristo envuelta entre vendajes y las telas más níveas de que tenga memoria, con los brazos extendidos de costado, tubitos en la nariz y gorro de pitufo goloso. Cuando me vio me sonrió tan grande y tan hermoso como nunca y yo me quedé ahí con ella, en la cabecera de la plancha del quirófano mientras Aldo, el pediátra neonatólogo y Martín el ginecólogo, el mismo que había puesto a ese par de bebés en la panza de Astrid, estaba listo para sacarlos.

Todo pasó en un suspiro. Desde mi privilegiado lugar podía ver a Astrid no sentir dolor alguno, y el campo estéril me impedía ver el corte por donde mis dos pequeños dolores de cabeza asomarían la ídem. No creía ser lamentablemente sensible a la sangre o a las heridas abiertas, y sin embargo prefería estar ahí, viendo el rostro perfecto de la mujer de mi vida, con la frente perlada cubierta por el gorro, cuando una masa rosa gelatinosa subió gritando por las alturas. ¡Ya salió Mateo!, dijo Martín con un triunfo, mientras yo tomaba las manos de Astrid y ella me manoteaba diciendo ¡ve con él, ve con él! Surqué la sala entera, pasé por encima de los jirones de vendas ensangrentadas, pero no me importó. El grito voraz con el que Mateo abrió sus pulmones al aire que respiramos ahora no tuvo comparación con nada de lo más hermoso que haya escuchado en mi vida. Llegué hasta él y lo vi ahí, acostadito, mínimo, arrugado y con pelos güeros en la cabezota chipotuda. Vi como Aldo lo picoteaba de todos lados, agujas en la planta del pie, batazos con abatelenguas en las manos y en la panza, popotes por la garganta, y después una enfermera comenzaba a limpiarlo. Como despertando de un sueño, de reojo vi una figura enorme y blanquísima elevarse en otro grito tan hermoso como el de su hermano. Asombrado por la espectacularidad del momento, le grité a Astrid y a quien pudiera escucharme: ¡Rodrigo es un gigante! Blancote, también arrugado y con pelos un tanto más oscuros, con nariz de chile poblano y frente del perro Aguayo, -se han de mejorar, pensé- pero tan hermosos como nada que hubiera visto antes, ni veré después.

Rodrigo también fue sometido a la tortura inicial, y cuando ambos estuvieron limpios, los pasaron para que Astrid pudiera verlos y besarlos, ahí nos tomaron nuestra primera foto juntos los cuatro. Fue solo un momento pero es algo que quedará en nuestros corazones para siempre, e inmortalizado digitalmente ja.

Aldo los tomó entre sus brazotes de Gru y los llevó a los cuneros. 9.9 fue su calificación de apgar y según dicen las enfermeras, eso fue cosa de Aldo, él no le puso 10.0 ni a su hija. Pero no importaba. Ellos estaban bien, sin necesidad de incubadoras ni ningún aditamento especial para pasar la noche, ni mucho menos. En el cuarto en donde los dejó, había un bebé muy chiquito, casi la mitad de tamaño de Rodrigo, con un casco para respirar mientras un ventilador inflaba sus pulmones. A su lado pusieron a Roi en una cama térmica para que estuviera calientito, encuerado y en puro pañal que le quedaba grande, cerraba sus ojitos para dormir a pierna suelta. Mateo en cambio, siempre fue taaaaan Mateo desde el principio. Estaba en una wafflera, caliente por arriba y por abajo -seguro de ahí viene su precioso color aceituna-, y me miraba fijamente con sus ojos (no verdes, hermosos), y volteaba la cabezota para mirar su nuevo entorno.

No me permitieron meter mi cámara para tomarles fotos ahí, y ahora me arrepiento de no haberlo desafiado, pero mi mente estaba fija en el completo bienestar de ese par de costalitos de harina que estaban ahí para mí. Solo un momento me dejaron ahí, con ellos, mismo que no pude dejar pasar sin agradecer a Dios por los tres, y pedirle también por el niño pequeño que estaba compartiendo cuarto con ellos. Feliz, me fui a la habitación para esperar a Astrid, que llegó ya dormida.

Fue un subidón, un subidón. Una inyección de adrenalina, subidón. Ya era hora de dormir de nuevo y yo casi no pude hacerlo la noche anterior. Primero por la gran descarga de adrenalina y endorfinas que significó el parto doble y todos sus bemoles, y después por la preocupancia del bienestar del amor de mi vida. No por los niños, ciertamente, pues sabía perfecto que ellos estaban bien, ya los había visto en la tostadora perdiendo su hermoso hermoso hermoso color blancuzco. Despertando cada dos minutos a ver que Astrid estuviera bien, mirando el reloj del celular cuya pila moría de a poco y yendo al baño tres veces gracias a un laxante jugo de durazno, pasé mi primera noche como papá creando vínculos que no tenía y que añoraba más que a nada en el mundo.

Los llevaron a la habitación a la mañana siguiente y yo seguía muriendo de miedo al cargar por primera vez a ese precioso renacuajito güerejo llamado Mateo, pidiendo auxilio como después lo haría mi hermano al darle de comer al menonita hermoso de Rodrigo, sentía como una extraña y placentera hiperactividad me recorría mis huesitos y mis huequitos. Quería cargar, abrazar, cambiar los pañales, limpiar colas manchadas de popó de colores raros, dar mamilas, pegar en la espalda para que sacaran el gas, besar cabecitas peludas, chocar mi nariz con las suyas, ya nunca morder sus cachetes, arreglarles los dobleces de las orejas, amoldar la choya chipoteada de Mateo, seccionar las cejas rubias de Rodrigo que estaban unidas a su cabello de Fu-Man-Chú ...

No podía dejar de verlos, no quería y no quiero dejar de verlos nunca. Son mis niños, mis line-backers, mi línea ofensiva, mis delanteros de poder, mis goleadores, mis eruditos y mis eructitos, mis cómplices de travesuras, mi compañía perfecta para ir al estadio a ver a PUMAS, mi orgullosa sangre azul y piel dorada, mis medallas de oro en la Olimpiada de Matemáticas, mis campeones del Spell-Bee ... Los hombres de mi vida, los padres de mis nietos, mis cantores de "Mi viejo", el orgullo de mi nepotismo, y tantas y tantas cosas que incluso ahora no alcanzo a vislumbrar.

Ahora, Astrid y yo teníamos aún mucho por aprender, pero ya estábamos listos para Todo lo Bueno, para enseñar a dos pequeños a ser felices, para crecer y hacerlos crecer a la par. En la víspera de mi segunda noche como papá, seguía emocionado y seco. Mis lágrimas no habían brotado pues mis ojos estaban dispuestos a no dejar que nada, ni siquiera las gotas saladas de felicidad como las del día anterior, se interpusieran entre ellos y la visión de mis hijos, la visión más maravillosa que pudieran tener, lo mejor que verían en la vida.

Fuimos ellos y ellos fueron nosotros. Somos desde ese momento los cuatro fantásticos y entonces supe, que si dos es mejor que uno, definitivamente cuatro es mejor que dos. Para siempre...













Parte de esta serie:







¡¡¡ letem bi lait !!!







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lunes, 14 de enero de 2013

... Solo, di sol a los ídolos ...

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Yo soy, para todos los efectos prácticos, un fanático de los palíndromos. Para mi fortuna o desfortuna, también soy un procastinador crónico. Yo soy, buenísimo para hacer palíndromos, y sin embargo, debido a esta características tan funesta, siempre los dejo a la mitad.

Después del mal chiste y las malas referencias que esto le puede traer a mi persona, quiero contar una historia sencilla acerca de un hombre extraordinario. De un hombre extraordinario o de un ídolo simple. Depende cuál historia te guste más.

Mi capacidad temporal de ir al cine se ha visto disminuida de manera drástica desde que mis bebés están con nosotros. Incluso antes, su tamaño inconmensurable dentro de la panza de Astrid nos hacía difícil el aguantar una película en los incómodos asientos de Cinemex, a menos que fuera una sala VIP, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

Por cierto, la semana pasada se anunciaron las nominaciones al oscar, y entre algunos comentarios escritos y dislatados al respecto, la película "Una aventura extraordinaria" (Mefisto diefne a los distribuidores y sus cerebros inexistentes), -que mentes más elucubradas osan llamar "la vida de Pi"-, no lograba captar mi atención más allá de lo que lo haría un trasero plano frente a mi vista en el metro. Hablaban del virtuosismo del creador del tigre en CGI, del libro en el que se basa la historia, del libro en el que se inspira el libro en el que se basa la película, del curioso caso del doblaje en español con acentos indios cual Kwik-E-Mart, etc. Sin embargo, la premisa de un niño a la deriva en el Océano Pacífico, flotando en una balsa con un tigre de bengala, no era especialmente mi idea de una película divertida.

Hablando del poco tiempo para ir al cine, he de decir que debemos seleccionar con mucho cuidado qué películas se merecen en verdad el privilegio de ser vistas por mí y mis ojos miopes. Tal fue la circunstancia, que el sábado se alinearon los planetas y Astrid y yo pudimos escaparnos por la noche. Entre el arrastre que El Hobbit (que merecería otro post, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión), y las semanas previas a que se estrene todo lo nominado al oscar que no se ha estrenado, no quedaban muchas opciones, así que decidí darle una oportunidad al mentado Pi.

Debo reconocer que yo pensé que Pi era el tigre, for some reason. Fue una buena noche de sorpresas, ya que desde que el cine se encargó de antojarme una -iukkk- Pepsi en su nueva botella (que sí está bien bonita), hasta la falta de tráileres al inicio, me hizo pensar que esta vez se venía algo bueno. Y resultó una película y una aventura y una vida que me tuvo atento todo el tiempo. ¿Por donde empezar? Cierto es que me valen madre los spoilers o no spoilers, así que aquí va:

Richard Parker es la onda, el tigre se llama Richard Parker. Por un error en los formularios del zoológico o algo así, el punto es que, el que conservara ese nombre por error, y que Pi lo siga llamando así todo el tiempo, es sencillamente un detalle delicioso. Ya encarrerado, Pi, obviamente es el niño, que no es ardilla, es muchacho, digo, no es niño, es muchacho; y su nombre completo es Piscine Molitor Patel. Traten de decir Piscine en un inglés con acento indio y verán que también es demasiado gracioso, de-ma-sia-do, hilarante, a un pelín de llegar al nivel bully. Un guiño deslumbrador a los idiotas que ponen nombres idiotas a los niños, arruinándoles la vida. Además, Pi lee "El extranjero" de Albert Camus.

La manera en que Pi se libra del bully y se vuelve leyenda es genial. Conociendo millones de dígitos de Pi (3.14157...), se gana la admiración de los compañeros de escuela y, ya lo demás de esa etapa es confuso, porque en cuanto aparece en escena Richard Parker, todo cambia. Claramente, autoasignado como espejo de Pi, Richard Parker es letal pero a la vez protector, temerario pero temeroso. Al final, no sabemos qué es realmente lo que mantiene con vida y ¿sanidad? a Pi, si el miedo que tiene de que Richard Parker se lo coma, o las ganas que tiene de ganarle la batalla por el terreno.

A media película, las frases estremecedoras caen como cascada:

- "Sé que es un tigre, pero aún así esperaba un cierre".

- "¿Quiere entonces una historia en donde no salga nada que nunca se ha visto?".

- "En ambas historias hay un naufragio, yo pierdo a mi familia y sufro, ¿cuál de las dos prefiere?" ... "Lo mismo sucede con Dios".

- "Sobre todas las cosas, nunca pierda la esperanza".

- "Me rindo, ¿qué más quieres de mí?".

- "Amma, Appa, Ravi, estoy contento porque pronto los veré de nuevo".

- "Gracias Dios por la vida que me has dado. Estoy listo".

La vida de Pi es una historia de Dios, de fe, de fe perdida y de esperanza sin ídem. Desoladora es la escena de Pi lanzando una lata con un mensaje de auxilio al agua quieta, y ver por eternos, eternísimos segundos cómo la lata se queda a dos metros de él, flotando simplemente ahí, inexorable. Increíble y eye-opener la isla fantástica (copia descarada, por cierto, de Perelin y Goab de Michael Ende), el reino de las suricatas, la gran ballena saltadora. Aterradoras hasta el hueso las aletas de tiburón esperando un error, el más mínimo e insignificante por parte de Pi.

En fin, un placer verdadero significó el ver esta película. Mis daddy-issues se dispararon a su máxima expresión y dos pares de gotas salieron de mis ojos (verdes, hermosos), al mismo tiempo que el escritor en ciernes, buscando la historia que lo inmortalizaría, se convence de la existencia de Dios. ¿Cómo dudarlo cuando la respuesta tiene que venir desde adentro? ¿Cómo dudarlo cuando se nos ha dado todo el poder de entender el exterior? ¿Cómo dudarlo cuando se el orden de los factores no altera el producto? En todos los casos, estamos aquí, ahora, y somos felices.

Por Ende ...




¡¡¡ letem bi lait !!!




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lunes, 13 de agosto de 2012

PELANDO LA BANANA. Los dominicos. Volumen III.

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Y seguimos buscando por todos los métodos conocidos e ignotos el quedar embarazados. Y seguíamos sin poder. De esas ocasiones en que el que busca no encuentra. De esas ocasiones en que cualquier cosa pequeñita se puede convertir en una gran piedra en el camino, que en vez de mostrarnos nuestro destino, se hace un grandísimo obstáculo para la consecución de nuestro más grande y precioso sueño.

Queríamos tener en nuestros brazos a un pequeño Rodrigo y a una pequeña Andrea, o a alguno de los dos, o algún set coleccionable. O algo. Queríamos y no podíamos. Es sabido que querer es poder, por eso hay que querer mucho, para poder más. Afortunadamente, ese querer mucho vino -en este caso- con una posibilidad que pocos tienen, por la cual, también, jamás vamos a dejar de estar lo suficientemente agradecidos.

A pesar de que e doctor ciego le dio a Astrid ciertas pastillas que fomentaban la ovulación y la presencia de un mejor medio para favorecer la concepción, nada de eso funcionó. Ni el termómetro, ni el ahora-ya-hazlo-ómetro, ni el disfrazarnos de preparatorianos calenturientos en el asiento trasero de un auto funcionaban. Para entonces, una prima mía y una sobrina de Astrid estaban embarazadas, así que los ánimos bebeciles estaban creciendo en la familia.

El viaje inesperado de Astrid por España, no sería sino una pausa para terminar de decidir qué es lo que teníamos que hacer. Dos meses antes, habíamos ido por primera vez a una clínica de infertilidad. ¡Ah, ah, ah, "contra la infertilidad"! Una clínica muy rosita y atendida por un doctor judío muy amable, en donde todo el personal camina por los pasillos en Crocs. Desde el principio nos lo dijeron. "Para llegar a su sueño, tendrán que pasar por dientes pruebas, exámenes, tests, laboratorios, masturbatorios, encontrar el toro de jade y recuperar el vellocino dorado". Lo teníamos muy claro. No iba a ser fácil, pero la decisión estaba tomada. Exámenes fueron y exámenes vinieron, los de ella fueron dolorosos e incómodos, en tanto que los míos fueron relajados y eyaculatorios mientras miraba porno de lesbianas. En unos cuantos días, tendríamos los resultados de todo.

El jueves diecisiete de julio era el día más esperado del dos mil diez -hasta entonces-, México enfrentaba a Francia en el Mundial de Sudáfrica, después de una penosa presentación, apenas empatando a un gol ante el anfitrión, en la inauguración con los ojos del mundo sobre ellos. Muchas expectativas estaban en Barrera, Guardado, Vela y Dos Santos, y yo estaba feliz porque conseguimos boletos para ver el partido en vivo, en un  Cinépolis cercano al trabajo de Astrid. Despaché temprano a mis alumnitos para poder llegar a tiempo, pasar al laboratorio por el resultado del estudio más determinante para nuestra situación, me senté en la sala de espera del cine v.i.p. y esperé la llegada del amor de mi vida. ¡Vaya que la amé tanto y más ese día por acompañarme en mi fanatiquez!

Cuando llegó, se veía tan hermosa con sus nachos y su refresco para mí, que no pude sino rendirme ante sus pies por enésima vez. Al medio tiempo, me pidió el sobre para ver los resultados. Yo los había leído, pero como no soy infertilidadólogo, yo, no los entendía del todo. Los leyó, mientras en la pantalla grande aparecía el Chicharito para marcar un golazo, los colores se escabulleron del rostro de Astrid. ¡Benditos-malditos smartphones! Las implicaciones del resultado del estudio le cayeron tan de peso, que el gol de Cuauhtémoc resultó por demás intrascendente.

Salimos del cine en silencio, entre la euforia de cientos que celebraban la victoria ante una Francia, antaño campeona del mundo. Lo que en buen cristiano decía ese sobre, era que las trompas de Falopio eran simplemente incapaces de transportar un óvulo al útero para ser fecundado, y en dado caso, que un espermatozoide intrépido viajara hasta allá y fecundara, de igual manera, el embrión/gameto no llegaría jamás a implantarse, actualizando lo que es conocido como embarazo ectópico. Un gravísimo riesgo para la madre.

Habíamos planeado intentar la inseminación artificial, pero esta noticia nos derrumbó el plan. Una inseminación pudo haber puesto en grave peligro la salud y la vida de Astrid, ya no digamos la del bebé que con tanta ansia esperábamos tener entre nuestros brazos. Nuevamente se nos cayó el mundo e ideas locas y autodestructivas se arremolinaban en nuestras cabezas. Yo no la solté nunca. Como nunca lo haré. Esa misma tarde, le regalé estas palabras: 

.Aquí me presento con estas palabras arrancadas a rasgos de mi corazón y de mi alma.

Sin embargo, esto no debe malinterpretarse, no. Yo soy el Sombrerero y aunque mi nombre es conocido, no es relevante; mi corazón y mi alma son tan fuertes como sensibles.

En el transcurso de esta vida petaca, nos han bombardeado con información tan confusa como contradictoria; cuando niños nos leían historias de duendes y hadas para dormir y soñar, al crecer, nos jalaron los pies al suelo diciéndonos que los sueños no eran más que eso y que había que vivir y padecer la realidad.

Pero todo tiene un momento, y Elphaba, renegando de los príncipes azules, se encerró en su alta torre de una sola ventana que miraba hacía acá: lejos de Oz, en los profundos bosques de Wonderland.

No era necesario más, esa ventana y una invitación a la hora del té hicieron lo más difícil. Lo demás, aunque rocoso, ha sido un andar tranquilo.

Entre Oz y la tierra del Sombrerero vivimos pues juntos creamos un mundo que existe por y para nosotros.

Quizás es difícil comprender que no existe tal cosa como la Tierra Prometida, pero el deseo del sueño no ceja ni termina jamás. Un metro a la vez, un ladrillo a la vez, una meta a la vez. No hay prisa, hay ganas, todas las del universo.

No ha nacido el lingüista capaz de manufacturar con delicada filigrana las palabras precisas para hablar de lo que es absoluto, así que lo intentaré yo:


"Aunque nuestros proyectos parezcan más grandes que el mismo cielo inmenso, mi sombrero siempre estará para llevarte en cualquier viaje que juntos emprendamos; aunque la realización parezca a ratos inalcanzable, no hay ninguna razón en todo el mundo que me haga pensar que una vida a tu lado pueda estar incompleta.

Ninguna."



Te amo Elphaba...


Y lo volvimos a intentar ...





Parte de esta serie:



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miércoles, 8 de agosto de 2012

... Si nos veremos arriba ...

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Cuentan que cuando un silencio
aparecía entre dos
era que pasaba un ángel
que les robaba la voz.

Y hubo tal silencio el día
que nos tocaba olvidar
que de tal suerte yo todavía
no terminé de callar.



HOLA, NO SE MUY BIEN COMO COMENZAR ESTE CORREO, SOY JOCELYN AMIGA DE CRIS, NO SE SI TE ACUERDES DE MI. LLENDO AL GRANO, CRIS FALLECIO ESTE DOMINGO. SU PAPA ME TRAJO AYER UNAS DE SUS COSAS, ENTRE ELLAS SU LAP PARA QUE LAS REVISARA POR SI QUERÍA QUEDARME CON ALGO. POR ESO TE ESCRIBO. FUE UN ACCIDENTE REGRESANDO DE VERACRUZ EN LA NOCHE, EN LA CARRETERA POR LA PURI. LE PEGO UN TRAILER, LA VERDAD NO SABEMOS BIEN. A MI ME HABLARON ESA NOCHE Y YO FUI CON SU PAPA. HAY LUIS QUE SENTIA LA OBLIGACION DE DECIRTE POR SI NO SABIAS, DE ECHO MUY POQUITA GENTE FAMILIA Y AMIGOS SE HAN ENTERADO. POCOS VINIERON AL VELORIO EL LUNES Y LUEGO LUEGO LA CREMARON. YO ME SIENTO MUY MAL PORQUE HABLE CON ELLA ESE DIA Y QUERÍA QUE FUERA CON ELLA PERO NO PUDE. PERDÓN LUIS SI TE MOLESTO, NO SE QUE MAS DECIRTE. SE QUE ESTAS VIVIENDO FELIZ Y DISCÚLPAME SI TE INCOMODO.



Fue así que recibí la confirmación de su partida. Ella fue uno de mis primeros apegos no familiares. En la prepa, en segundo, cuando la vi volé y cuando la besé para evitar el contacto visual con una stalker furibunda... es que simplemente las palabras no salen cuando el nudo en la garganta es Gaussiano.

Quizá fue que la opresión en el pecho que desde ayer me duele justo en la parte más austral de esternón no era debido a que por la mañana casi me empalo con una madera del bote de ropa sucia al querer colocarlo en su lugar. O sí, porque me pegué y me duele si me aprieto. No tengo idea de Jung ni mucho menos, pero si las cosas pasan por algo, hay millones de cosas en el mundo que no entiendo. Tampoco es que sea mi papel. Soy sólo un pasajero más y no tengo derecho alguno a la pena. Creo. O no.

No siento culpa de cómo resultó nuestra historia. Tal vez la culpa es de haberla olvidado de golpe, tanto que ni siquiera podría afirmar categóricamente si ella me había olvidado a mí. The heart wants what the heart wants. Nada justifica nada, lo hecho hecho está y lo que está muerto no puede morir. No soy juez porque soy parte de todo, pero me rehuso a aceptar cualquier atisbo de culpa en el fin de la historia. No soy un hombre malo, no creo serlo. Si varias veces rompí corazones, jamás fue sin razón.

Todo empezó en la sorpresa
en un encuentro casual
pero la noche es traviesa
cuando se teje el azar
sin querer se hace una ofrenda
que pacta con el dolor
o pasa un ángel
se hace leyenda
y se convierte en amor.


Hace ya más de tres años que todo acabó, que todo se rompió por el paso que ella dio. Un paso que no estaba listo para dar, que no sabía siquiera si era lo que mi corazón deseaba. ¡Carajo, que las recochinas dudas no le surgen a uno de la nada! ¡Carajo y recarajo! Que si mis lágrimas se niegan terminantemente a salir no es por nada. No lloraré de tristeza, no. Ni lloraré de culpa ni de rabia ni de dolor ni de frustración ni de nostalgia. El carajo del coraje es por haber permitido que un error cometido fuera tan determinante. Me contradije retroactivamente, ahora que digo que a mi vida es bienvenido quien sea que me quiera y quiera a mi familia.

Besé y toqué su alma hace casi quince años, ella besó y tocó la mía. Que doce años no es nada, eso resultó la diferencia. Ya no éramos unos adolescentes en pleno despertar, ni éramos corazones solitarios en busca de compañía. No fue el timing correcto, pero así se dieron las cosas. En retrospectiva, ella cambio mi vida.

Porque gracias a que nuestra historia se rompió así de pronto, mis ojos (verdes, hermosos) quedaron en la completa libertad de fijarse en otro par de ojos (hermosos, perfectos). Mismos que no quiero dejar de perderme en ellos cada noche, ni mirar y mirar y remirar cada amanecer. Hoy soy el hombre más feliz del mundo y no tengo ningún esqueleto en el clóset. Mi alma compartida y expandida está libre de cualquier malicia que se pudiera pensar. Ya dije que no creo en la redención, simplemente porque no tengo ningún pecado que redimir.

Y al final, esto parece un apología del abandono, pero no es así. Cada individuo es libre de tomar las decisiones que crea convenientes o que quiera por alguna u otra razón. Mis decisiones (algunas ciertas, otras quizás erradas y felizmente corregidas), me han traído a la felicidad inmensa que ahora vivo, Astrid, Mateo y Rodrigo son mi sol y mis estrellas y, por ellos y por mí, soy fuerte y lo seré mientras estemos todos juntos.

¿Que si estoy triste por su muerte? Sí, por supuesto. ¿Que si la voy a extrañar? No lo creo, no la extrañé durante tres años y medio casi. ¿Que si me siento el peor ser humano del mundo? Tampoco, pero me da un poco de culpa el no sentir una tristeza desbordada. ¿Que si me dolió más la sorpresa que la confirmación? Tal vez. El saber que su papá está tranquilo, triste pero tranquilo es extrañamente reconfortante. También sé que su memoria no será olvidada, al menos aquí, en este blog en donde nuestra historia ya fue historia.

Llegue ahora una felicitación hasta al cielo por tener a su incondicional.

–Dios, tú sabes el porqué de todo, y creéme que tienes en tus manos a una mujer excepcional. Sé que yo, como uno de tus hijos favoritos, tengo todo lo que necesito para ser feliz, y lo soy, y te honro con cada sonrisa que no se borra de entre mis cachetes. ¡Gracias por el tiempo que me diste para conocerla y quererla y olvidarla! ¡Gracias a ti, por ella! Está en tus manos ahora, yo con eso, me quedo tranquilo, aquí abajo ...

Ahora comprendo
cual era el ángel
que entre nosotros pasó
era el más terrible, el implacable
el más feroz.

Ahora comprendo en total
este silencio mortal
ángel que pasa
besa y te abraza
ángel para un final.

Silvio Rodríguez.





¡¡¡ letem bi lait !!!



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martes, 17 de julio de 2012

... Bragollach ...

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De ahora en adelante mi vida
Es mi regalo para ti
Sólo lleva mi destino a la victoria...

Blind Guardian - Nightfall in Middle Earth



La cuarta de las batallas de Beleriand, según la mitología de Arda de J.R.R. Tolkien contenida en El Silmarillion, es denominada Dagor Bragollach. La Batalla de la Llama Súbita. Dagor - Batalla, Bragol - Llama y Lach - Súbito. Es así, ya que arrancó y terminó en un suspiro, cómo una flama que se alza majestuosa, simplemente para apagarse en un instante. El idioma de los Eldar es el Sindarin, y yo, ñoño como sólo podemos ser los que gustamos de la fastuosa sonoridad y cadencia del llamado élfico, deseo con toda el alma aprenderlo cabalmente.

Porque -y miéntenmela si nunca lo han pensado- hay momentos en la vida en los que, la frase propicia y adecuada para tal o cual circunstancia, suena mucho mejor en otro idioma que no es el español. No es una cuestión malinchista ni mucho menos, es simplemente una onda sonora que nada tiene que ver con el gusto personal. ¿O qué no toda la gente es multilingüe?

Y justamente la palabra Bragollach, es la que me ha estado rondando la sesera desde hace unos cuantos meses cuando me enteré de la noticia. Y no es que uno se espante ni se de golpes de pecho, pero vamos por partes.

Él, 25 años, economista, con una novia-exnovia un tanto psicópata y que no le quedaba para nada. Ella, 28 años, comunicóloga, con un novio-prometido un tanto psicópata y que no le quedaba para nada. Parecía que no tendrían mucho en común, pero el destino es grande y esta ciudad es chica, en cierto evento, el azar los llevó a estar sentados uno junto al otro y a intercambiar dos o tres palabras para no volver a verse.

Hasta cuatro o cinco meses después, en que una serie de eventos afortunados los hizo coincidir en la misma oficina, silla junto a silla y destino junto a destino. Astrid, que los conoció tiempo después, lo supo desde siempre. Se veían bien juntos y se notaba la química. Pero nada pasaba, pues ambos se peleaban por sus propios remedos de vida con los otros con los que estaban. La boda de ella estaba cada vez más cerca, para septiembre de dos mi once, si no mal recuerdo. Si creo en los fuegos fatuos (o en Jung), debería decir que las cosas siempre pasan por algo; la boda se pospuso y él aprovechó para quedar libre de una vez por todas.

Cuando la boda fue cancelada definitivamente, yo hice la broma de: ¡qué lástima, me caía mejor él que ella! No era cierto, pero lo que sí es verdad, es que le dije: ¡Yo no sé, tú me prometiste una boda y me la repones! Obviamente tampoco lo dije en serio, pero el curso de las cosas resultaron de manera tal, que quizá sí vaya a cobrar esa deuda.

Un día, él simplemente dijo: "¡Me gusta ella!" No fue un shock, pero sí fue sorprendente el que lo dijera así, sin más. Cuando supimos que a ella también le gustaba él, todo se dio de forma natural.

Para no contar una historia que no es mía, y sabiendo como lo sé, que las cosas se sincronizan de una manera esencial, sólo diré que las suyas se acomodaron en el momento en el que tenían que hacerlo. Él se quedó sin casa, justo en el momento en el que ella ansiaba por sobre todas las cosas estar con él, juntos. El vivir juntos a menos de medio año de relación no es nada descabellado, pero no es lo común.

Repito, yo no tengo ninguna autoridad moral, ni de ninguna otra para calificar y/o juzgar la rapidez con la que avanza una relación de pareja. Vamos, todos los que saben cómo se desarrolló a pasos agigantados lo mío con Astrid, saben que tengo razón. ¿Quién dice que no se puede ser feliz sin importar el tiempo? Él dice y con toda cabalidad, que no hay ninguna razón por la cual no hacerlo.

Porque ellos se van a casar este sábado. Antier, durante la fiesta de mis galletitas, lo anunciaron a los amigos más cercanos. Una pequeña recepción para el matrimonio civil. Nada es gratuito en la vida. Si digo que temo por su estabilidad no es sin conocimiento de causa. Tampoco me contradigo si asevero que las cosas pequeñitas son goteras que hacen pozos, pero también forman estalactitas, y las estalactitas son algo de lo más hermoso que la naturaleza puede crear.

La llama súbita crece rápidamente, de eso no tengo ninguna duda. Como la mía propia, mi corazón llameante se inflamó al momento mismo de conocer a Astrid, aunque no lo supiera de inmediato, o aunque ninguno de mis sentidos me engañara, ya éramos uno. Y cómo lo dije antes, mis deseos para el mundo, es que cada uno encuentre aunque sea la milésima parte de la felicidad que nosotros tenemos. Sé que se puede, lo sé, lo sé. Sé que si ellos lo logran, escribirán una historia de amor maravillosa, y quién sabe. Ta vez el que la escriba sea yo y me haga rico con una novela sobre ellos, o no.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, súbito significa: improviso, repentino, precipitado, impetuoso o violento en las obras o palabras.

Sean o no buenas acepciones, en ningún lado dice que lo súbito debe terminar igual de rápido como comenzó. Por mi parte, mi llama súbita ha crecido de manera ininterrumpida, su impetuosidad no la predispuso al fracaso violento ni mucho menos. La clave, como siempre, está en el trabajo. A ellos, a mis amigos, les deseo lo mismo, siempre y como siempre, no voy a fallar y les voy a desear sólo y únicamente lo que se merezcan.



¡¡¡ letem bi lait !!!

sábado, 7 de julio de 2012

PELANDO LA BANANA. La Penca. Volumen III.

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Hace ya casi tres años que se casaron mis dos mejores amigos de toda la vida. Justamente el veinticuatro de octubre del dos mil nueve, Salvador y Carlos se casaron. No entre ellos, no son mis mejores amigos homosexuales, cada uno de ellos se casó con su respectiva novia mujer, bueno en fin. Entonces, conté la historia del primero de ellos, aquí. De la misma manera en que fallé al seguir escribiendo esa historia, lo hice con mis aventuras noviembreriles, y otras cosas que se me han quedado en las yemas de los dedos.

Carlos se casó en una boda sencilla y sin fastuosidad. Con un maestro de ceremonias que más bien parecía hijo o hermano bastardo de Mauricio Clark, quien me hizo levantar de mi cómodo asiento, así como a la gentil damita que iba conmigo (jeje), para acompañar a la feliz pareja con un leve valseo en su primer y enamorado baile de esposos; entre otras libertades retóricas consistentes en poner primero el adjetivo y después el sustantivo. Además, él, que siempre ha cuidado de su madre como ella cuidó de él en sus primero años, no se merece más que mi más profunda admiración.

La sencillez de la ceremonia no opacó para nada el sentimiento, que vamos, después de venir de una boda a todo lujo y llena de picos emocionales, el llegar a un modesto salón en medio de la lluvia, y mirar cómo se iba llenando de a poco para estar con Carlos en el día más feliz de su vida hasta entonces, no fue poca cosa.

Si Salvador fue el hermano que nunca tuve, Carlos fue el hermano que se me fue a otra ciudad y me dejó. Tres años mayor que yo, pero con tres veces menos vida. Traga-años como nadie que haya conocido, alguna vez en broma, le dije que cómo quería envejecer, si no fumaba, no tomaba alcohol, era monógamo y no se desvelaba, ¡simplemente no se gastaba! Conoció mi vida disipada cuando Elizabeth se iba y me dejaba como novio de rancho, supo de mis aventuras con Edith, con Jimena, con Valeria, con Marisel y con otras que han adornado la banana en anteriores ocasiones. Alguna vez me dijo que no me detuviera a pensarlo, que él era muy feliz con su novia, pero que a través de mí, estaba viviendo las mismas aventuras... y cómo casi no se me da el contar las cosas con lujo de detalles, bueh ...

Trabajamos juntos y llegamos a formar un gran equipo, a veces con dientes integrantes, pero siempre él y yo al mando. Aún hoy, cuando necesito cartas de recomendación, él me las expide. Lo conocí en la radio, cuando él era la estrella de la estación, joven y audaz reportero crecido en un sesudo comentarista de noticias matutinas, además de ser -en los hechos- el director creativo de la estación, más creativo que director, con una visión tan genial que muchas veces quise pedirle ayuda con mis participaciones. Cuando la radio implotó, Carlos me invitó a participar en un programa piloto que él estaba realizando. Era su proyecto de tesis y el sueño de su vida. Ahí conocimos a Elizabeth y ahí me enamoré de ella y ahí comenzaron muchas cosas, entre ellas, no de mis sueños que él ayudó a crear: una compañía de producción audiovisual. Que en efecto, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Con él, sé que siempre puedo confiar en que es un verdadero caballero, es decir, si hoy alguien le pregunta por las novias que tuve mientras trabajamos juntos, sinceramente dirá que las ha olvidado, porque para ciertas cosas, s memoria era tan a corto plazo como Guy Pearce.

Relatar las cosas que vivimos en casi tu años trabajando juntos sería redundar, sólo es menester el mencionar que la mejor etapa de mi vida profesional hasta entonces la pasé tras esas paredes, en esas locaciones, en esos días de tronarnos los dedos por no poder pagar dos meses de renta atrasados, en esas tardes en que el dinero se repartía a manos llenas, en esos códigos de días en los que él tenía la oficina para él solo (bueno, no solo) y los días en las que era mía por completo. Eso sí, siempre respetuosos de los sillones de cada uno, no fuera a ser ...

Cuando fui a verlo para contarle y presumirle que estaba saliendo con Astrid, simplemente me preguntó: "¿y cuál es su problema?" Ninguno, o todos, por eso estaba conmigo y lo estará para siempre.

Hoy, aunque la vida y los trabajos nos llevaron por caminos separados, bendigo su felicidad tanto como sé que él bendice la mía. No puedo esperar a que se decida y publique su novela "Basado en un sueño real", así como tampoco puedo esperar a que trabaje de pronto en una temporada de Game of Thrones y me filtre los guiones para saber qué pasará antes que nadie. Ah, no lo había mencionado, hoy es un talentoso, reconocido y cada vez más famoso actor de doblaje, así com el mejor maestro que puede haber en Ciencias de la Comunicación.

Lo recuerdo ahora, cuando los insultos y las aspiraciones a mártir no se hacen esperar en las res sociales. Lo recuerdo ahora como mediador y, aunque sé que hace seis años votó por Liópez y seguramente lo hizo de nuevo este año, lo que a él verdaderamente le importa es la seguridad del trabajo bien hecho, bien disfrutado y bien remunerado. Sé que no se devana los sesos ni se acongoja, aunque el país se muera o sobreviva y crezca, él será siempre un hombre sencillo que aprecia las cosas buenas de la vida, y gratis. Y es mi amigo.






Parte de esta serie:



¡¡¡ letem bi lait !!!





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lunes, 12 de diciembre de 2011

... Origen y destino ...

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Sentado en este sillón rojo, frente a mi Mateo que juega en su estación de actividades y está tan tranquilo después de hacer un tremendo berrinche por no querer dormir, frente a la tele que me costó poco trabajo fijar en la pared usando mi taladro naranja novísimo, escuchando a Astrid en la cocina preparando la leche del bebé y preguntándome qué quiero para cenar, atento al monitor de Rodrigo quien duerme en su cuna lleno de juguetes; justo así comprendo el significado del éxito, como dice John Lennon. Sé que faltan muchas cosas,;sé también que nunca es suficiente; sé sobre todas las cosas que nunca estaré ni estaremos completamente satisfechos, no por nosotros, no, por ellos.

Sentado en este sillón rojo me doy cuenta del tiempo que ha pasado, de la promesa que he roto al no escribir santo y seña de la labor paterna. Me doy cuenta de que mis niños están a punto de cumplir cinco meses de haber llegado a hacer este mundo dos veces más perfecto. Me doy cuenta de que cada día es el principio de todo lo que falta...

Los días dan paso a las semanas que dan paso a los meses sin que les cueste trabajo, no hay descanso y las ojeras y las espaldas arqueadas y las dietas rotas y el poco tiempo libre me hacen, a veces, perder un poco de perspectiva. Lo más importante, lo mejor de mi vida tiene nombre y apellido -o nombre de mujer nórdica y nombre de hombre hebreo, como se quiera ver-. Astrid es mi fuente y mi larguedad de miras, es mi quilla y mi arena, la sangre de mis venas y el aire de mis velas. El origen de Todo Lo Bueno que existe en este mundo, mi mundo es ella. Mi mundo es ella. Todo lo que soy se resume en ella, y en ellos, claro, pero la génesis de Mateo y de Rodrigo pasa por su mamá necesariamente.

Hoy cumple años, los suficientes. Los necesarios para hacer realidad nuestro sueño. Uno de ellos, el segundo y más grande hasta ahora. No quiero, ni hoy ni nunca, dejar pasar la oportunidad de hacer constar en todas y cada una de las plataformas posibles que la amo. Que la extraño y que va conmigo a cada paso que doy. Que todo lo que soy. Todo lo que tengo se lo debo a ella y lo he logrado por ella... y lo que falta, por supuesto.

Hoy, sentado en este sillón rojo, mis ojos más enamorados que nunca no se pueden apartar de los suyos. Nunca más...




¡¡¡ Letem bi lait !!!




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viernes, 17 de septiembre de 2010

... Apologista del desaire ...

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Sè de cierto y quiero pensar que todos lo hacen, que a nadie le gusta sentirse abandonado. No dejado ni suplantado ni substituido, simplemente abandonado. Como este blog.

Fue bueno, muy bueno, no como válvula de escape sino como fiel reflejo de mis andanzas y aventuras. Nunca pretendí entenderme ni lograr que otros lo hicieran, tampoco era el objetivo el instruir ni construir ni destruir. Vamos, sólo es un blog, con todas las incoherencias que nacen de él, fuerte blog débil. Un blog que es todos los blogs del mundo. Un Sancho Panza que está siempre al pendiente de lo que hace el ingenioso hidalgo. Una Penélope que aguarda siempre, paciente, esperanzada...

Sin embargo no deja de ser sólo un blog. Un blog que nace, crece, se reproduce y no muere, no al menos hasta que colapsen todos y cada uno de los servidores de Blogger en Silicon Valley o en algún lugar de ese tipo.

La Galleta de Vainilla soy yo y no puede haber mejor cronista de la historia de mi vida que el de la letra, pero todo tiene un ciclo natural, y el de las letras en este espacio claramente ha caído en un letargo tan profundo que no se ve sino maleza y oscuridad.

No siento tristeza ni frustración como cuando escribía para callar los demonios y para evitar moldearme letras en los brazos con navajas de afeitar; al contrario, hoy tengo el alma limpia y llena de toda sensación positiva y engendradora que pueda existir. No tengo miedo del porvenir pues tengo la mejor compañía del mundo mundial. No siento gana alguna de borrar ni un acento de este blog pues lo que queda es todo lo que importa, lo que se fue y lo que nunca salió no tiene relevancia ninguna.

La Galleta de Vainilla quedará siempre aquí, igual que yo, que como Luisz no desapareceré jamás y me verán y me leerán siguiéndolos y leyéndolos cuando sus letras me atrapen. No es cuestión de tiempo, es cuestión de prioridades y hoy, en lugar de contar historias y anécdotas, sueño con crear miles nuevas, todas jamás contadas: la historia más grande del mundo está por comenzar, con el universo entero como testigo. Siendo así, las trece horas con cuarenta minutos del diecisiete de septiembre de dos mil diez, me constituyo en el ciberespacio para agradecer los caracteres que me otorgaron, buenos y malos, geniales y no tanto.

Nada es para siempre en la tierra, sólo un poco aquí...




¡¡¡ letem bi lait !!!

miércoles, 18 de agosto de 2010

... ¿Tienes el valor o te vale? ...

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Muchas veces, nos enfrentamos a decisiones fuera de lo común, preguntas cuyas respuestas no parecen tener demasiados efectos a posteriori y que, sin embargo, pueden causarnos serios dolores de cabeza en el futuro cercano o lejano.

Expertos y no tanto dicen que los diecisiete años es la peor edad para elegir una carrera. No necesariamente. Para algunos privilegiados, la vocación siempre fue vocación y el plan de vida y conocimientos y habilidades y demás mafufeis que les aclaran la mente estuvieron siempre presentes. Se escuchan casos de arquitectos que construían legos, de médicos que destripaban sus Lotsos y políticos de izquierda que se golpeaban la cabeza incesantemente con un martillo.

Mi caso es de cierto diferente. Es verdadera la historia que me sitúa a los cinco años escribiendo mi primera obra de teatro. Nada impresionante si tomamos en cuenta que Mozart tocó para la emperatriz de Viena cuando tenía seis años, y que mi obra, aún inédita, jamás fue leída por nadie pues es francamente lamentable. También es relevante contar que si algo tiene que ver la sangre en todo este asunto de la estudiada, mi papá se pasó la vida fluctuando entre empleos que le permitieran ejercer su verdadera vocación: el teatro y las letras. Que también son las mías, creo.

Desde hace años sé que lo que quiero hacer y no dejar de hacer por el resto de mi vida petaca es escribir, crear. Contar. Contar cosas, no números. Aún así, también he fluctuado entre ocupaciones de lo más diverso, aunque siempre siguiendo sus pasos: medios, cátedra y gobierno. No hay mucho más que decir aún, estoy comenzando un empleo que lo que más me ofrece es estabilidad. Estabilidad entendida como tranquilidad de que mis y nuestras necesidades básicas estarán cubiertas y entonces podré tomarme algún tiempo del poco o mucho que tenga libre para continuar con este blog, y otros blogs y otros proyectos. Lo mejor de todo, es que este trabajo me dará oportunidades enormes de conocer gente, por lo tanto, conocer historias y acrecentar mi acervo de anécdotas chistosas o no, dramáticas o no, que después podré utilizar, o no.

La cosa es así. Por momentos llegué a arrepentirme de una decisión tomada hace siete años, pues no se veía en el horizonte una oportunidad que me diera justamente eso. Hace siete años, cuando dejé todo por seguir a una mujer (como todo hombre que se precie de serlo debe, al menos una vez en la vida), alguien me preguntó: ¿Qué prefieres: trabajar en algo que te guste o ganar dinero?

Mi respuesta fue obvia. Entonces, la opción para ganar dinero era entrar con una tranza al ISSSTE mediante la compra de una plaza, tranza que me garantizaría una vida de mediocridad. Por el contrario, la opción que elegí me llevó a una estación de radio a aprender en vez de aburrirme como ostra.

Ahora sé que todo el camino andado me trajo a este lugar, con la mujer más maravillosa del universo universal y con todos los sueños por delante y ya al alcance de nuestras manecitas.

Y ustedes, ¿prefieren trabajar en algo que les guste o trabajar en donde ganen dinero? (No se vale decir que las dos ¬¬).




¡¡¡ letem bi lait !!!

martes, 29 de junio de 2010

... La página en blanco ...

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¿Qué se necesita para ser un mito?

Escritores van y escritores vienen y escritores mueren y millones de ellos nacen a cada instante. Alguna vez caí en la trampa de la página en blanco, esa bestia negra -por disonante que suene- que nos amenaza a todos los que pretendemos dejar una huella en tinta indeleble, o al menos en bits eternizados.

El año 1968 representó un cisma, no sólo en México. De nuevo, escritores fueron y vinieron con todo el derecho que les dio el haber estado en sus veintes cuando aquello ocurrió, pero casi sin ningún mérito específico. No es lo mismo estar en el medio de una balacera espectacular y sobrevivir para contarlo, que haber estado cuidando a los gatitos y vivir cuarenta y dos años hablando sobre lo mismo.

Pues yo estoy en mis veintes altos en esta época de sangre y balas y tristeza y desolación nacional. Y me aterra sobremanera escribir siempre de lo mismo. Y me da muchísimo miedo sobre todo, el ostracismo, la indiferencia. Monstruo publicitario ya por formación, ya por defecto, ya por antonomasia; si soy ignorado, dejo de existir. Si la vida pasa por mí pero no deja huella en mis letras, entonces las letras no tienen sentido alguno.

Me pasó el día haciendo preguntas y leyendo literatura 2.0 e interactuando con otros como yo. La frescura que un par de chicos ávidos de aprender algo de mí es en verdad revitalizante, por el contrario, la desvergûenza y cinismo de un grupo que ha perdido el respeto por sí mismo son devastadores. Tampoco puedo negar que el simple hecho de mancillar un trabajo impreso mal hecho con tinta roja es placentero, sin embargo, la viga en mi propio ojo no deja de atizar mis párpados cada vez que los cierro. ¿Cómo puedo juzgar la calidad de un escrito si hace mucho que no escribo nada? Ciertamente les sería de mucha mayor utilidad leer mis textos que asistir a mis clases.

Cierto es también que el bloqueo es un mito, si no escribo nada es que no tengo nada que contar al mundo o no es momento de decirlo, o tal vez que soy demasiado perezoso para sentarme frente al monitor a aporrear el teclado. No hay preocupación, o no debería. El mundo sigue girando a pesar del silencio de estas letras. Escribir es como comerse una naranja, no hay cosa más difícil que quitar la cáscara, después, todo es dulce.

De nadie ni de nada es la culpa. La besta negra de la página blanca se manifiesta como una cofradía de lucecitas y botones y colores que distraen la atención sin que uno se de cuenta. Por la noche, al poner las repeticiones de Futbol Picante no puedo evitar echarle un vistazo rápido al facebook y otro al reader. Suficiente para quitarme media hora o más de sueño, del sueño que no se recupera al dormitar en el transporte público ni al quedarse cinco minutos más escuchando la alarma sonar inexorablemente.

Aunque quizá sea culpa mía y de mi reticencia a leer mientras escribo. Es decir, en noviembre pasado pasado y muy seguramente (ojalá) en el siguiente, cuando estuve y esté envuelto en un viaje escribidero, me abstuve y me abstendré de leer lo contemporáneo y temporal para concentrarme en mis propias ideas y así no tener asideros para cuando me caiga. No pretendo ni jamás lo haré descubrir el hilo negro. Me sucede que al trabajar, no me gusta ni leer otras cosas ni escuchar música no instrumental; las letras son el motor y me llaman poderosamente la atención, aún siendo ajenas, aún siendo irrelevantes. No hay ideas originales y todas las palabras existen ya, sin embargo, es deber de un mono escribiente el ponerlas en un orden preciso. Yo soy ese mono. Mil como yo lograremos vencer a la diosa del tedio literario y al despertar, una obra en ciernes estará concebida.

Esto viene a cuento pues en las próximas semanas se dará un fallo que llevo meses esperando. Todo puede pasar y estoy preparado como desde siempre para una estrepitosa derrota, sin embargo, ahora hay una (¿o un par? ¿o un trío?) razón, no, LA MÁS PODEROSA de las razones para abogar y rezar y cruzar los dedos por que llegue. La victoria en el concurso nos dará la entrada a la mejor de las victorias, la más deseada y la más esperada.

Las galletas de pipeta vendrán por el fruto de esas letras o por el fruto de otro tipo de trabajo, pero vendrán. Con ellas, espero, llegará el torrente de ideas, pensamientos e inspiraciones que prometen hacer de nuestras letras las mejores del mundo; de nuestras manos, las más hábiles; de nuestros esfuerzos, los más eficientes, y de nuestras vidas, las más felices (rompiendo nuestro propio récord).



¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 3 de diciembre de 2009

... PROPUESTA PARA LEVANTARSE A LAS 11 ...

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Podría escribir toda una perorata quejándome de todo para rematar pegando una historia que considero es la panacea de todas las historias.

Pero la verdad es que estaba hurgando en mis archivos perdidos buscando un texto para reciclar, y que mi amable y culto público lector no se diera cuenta de mi bloqueo amoroso-creativo, pero no logré hallar nada medianamente decente.

Sin embargo quiero regalarles un texto de un autor desconocido (colombiano al parecer) que desde que la leí por primera vez, allá en el lejano 2005 me fascinó.

Pienso que todos los que deseamos hacer un oficio de lo que es escribir tenemos que fijarnos en la técnica, la hilatura y la delicada filigrana contenida en estas letras courier. Sin mayor presentación, los dejo con una de las mejores ficciones cortas que he leído en la vida:


Propuesta Para Levantarse a las 11.

¿Que asesinar es traumático?, eso dicen los que no han matado sino gallinas o ratas, pero matar es rico y sólo se necesita rabia; por lo de la culpa, pura mierda eso no te puede joder, culpa de qué si se tenía que morir algún día y es mejor así que morir agonizando de una enfermedad dolorosa, es mejor terminar allí bien tumbadito en el andén. Yo no soy de los que me quedo en el lugar del crimen, pa´que, no, yo me voy para mi casa pero antes entro a misa, casi siempre porque tengo la sensación de que si me llegaran a buscar por el muerto el cura podría decir que me vio en la iglesia.

Tampoco le encuentro sentido ir a los velorios o cementerios, yo lo mato y ya. Pagan de 500 mil a un millón si es un don nadie, pero si el finado tiene alguna dificultad el costo se eleva un poquito. Lo que más he cobrado son 5 millones por un diputado, pero por que tenía guardaespaldas y todo. A mí en este negocio me va bien porque soy serio, yo no soy de esos muchachos gatillos locos que matan
trabados o borrachos y se gastan el dinero en putas. Yo mato todo lo que se pueda matar, un día una señora me pagó $150 por matar un perro y así lo hice, era un rottweiller grande, pero un tiro y listo el perro.

Por eso les cuento, yo mato mujeres, niños (que valen como adultos pues esto no es agencia de viajes común, para ir al más allá se paga como adulto y ya), viejos, curas; mato de todo, pero mato, no amenazo, no dejo heridos, pocas veces he dejado heridos, pero después los mato en cuanto dan papáya. No trabajo, tengo un apartamento en una unidad residencial de clase media y tengo un carrito estrato tres y ya. El resto de lo que gano lo invierto en tierras. Tengo ya seis hectáreas en el departamento del Cauca y sé que en un par de años podré tener vacas y otros animales, cuidarlos mientras crecen y me puedan ofrecer algo para matarlos también. Como leen yo opté por ser el embajador de la muerte, no tengo guadaña ni visto de negro, peso 85 Kg., cobro porque no se puede trabajar gratis. Nunca he matado a nadie por que yo quiera, generalmente a los que mando a mejor vida no los conozco, y así fueran conocidos los mataría igual.

El negocio funciona de la siguiente manera. Tengo un beeper y allí me llega el mensaje de ir donde Paco, Paco tiene una venta de comidas rápidas en el sur, hace unas hamburguesas horribles pero él es el único con el que trabajo, siempre pido una foto, dirección del trabajo, de la casa y los teléfonos. Escojo el día, aunque que la verdad no importa mucho pues yo no hago ni seguimientos ni nada, eso se lo inventaron en Estados Unidos para que las películas duraran dos horas; no, yo no, me paro en la salida de su casa, lo sigo y lo mato en el momento que sea menos peligroso, a algunos los corono allí mismo saliendo de la casa, hay otros a los que me toca seguir todo el puto día, pero son $500 mil y eso me alienta. Tampoco me importa si están con la mujer, los hijos o la mamá, lo único que analizo es que no me puedan responder con otro tiro, o que la policía esté por allí. Así me pasó con el man ese Cara de Moco, $800 mil había cobrado pero me arrepentí porque ése era de los de
millón quinientos, no ve que hasta carro blindado tenía y todo, yo no sé por qué lo querían matar, pero no entré en ese negocio, allí yo no tenía nada que hacer, luego en la prensa salió que al sicario que le disparó lo mataron los escoltas; Si ve, siempre es que uno tiene su ángel de la guarda. Yo he estado pensando en estos días que debería cobrarle al periódico El Caleño por cada muerto que yo pongo en primera plana, no ven que si no fuera por mi no venderían ni la mitad de los periódicos.

Casi nunca sé por qué los quieren mandar al papayo, ni me importa, porque eso ya es chisme, lo único que yo sé es que hay una persona que no quiere a la otra y yo soluciono ese problema de afecto si una de las partes me da un cariñito de un millón, eso es todo. El Cucarrón tenía un fierro, yo se lo pillé porque se ponía de visajoso a caminar con media cacha afuera, por eso me puse la gorra de siempre, las gafas negras, la chaqueta y los tenis por si hay que correr. Ese man se puso de timbrado y empezó a llamar a la policía desde el celular pero ya había perdido, porque lo tenía calibrado y tas, tas, así es que suenan las balas, nada de pum, pum, esas son las balas de los muñequitos en las historietas, las de verdad suenan tas. Y fue saliendo del carro para la panadería donde quedó muñeco, yo como no apunto sino que me les voy por detrás y les descargo el revólver casi siempre en la cabeza o el cuello, El Cucarrón se cayó, pero no había tocado el piso y yo ya estaba lejos.

Yo no le apunto al fulano ni le hablo, eso de los discurso apuntando a un cliente también es una mala maña de película, que putas me voy a poner a hablarle o mirarlo a los ojos para que llegue otro y me dé a mí o para que él mismo me tire y me joda, no, sólo hay que acercársele, disparar y correr como alma que lleva el diablo, yo no miro para atrás por nada del mundo, corro y corro, cuando llevo tres o cuatro cuadras tomo un taxi o un bus. Casi nunca me siguen, sólo escucho gritos, no sé por qué no me siguen, bueno. será miedo, yo no tengo miedo, lo peor sería quedar herido y lisiado, pero si muero en mi ley, era mi hora. En el taxi viajo hasta la iglesia, allí me quedo hasta la misa o rezo un buen rato y me voy caminando a mi casa, guardo el revólver en una súper caleta y en otra las gafas, la chaqueta y la gorra.

Nunca salgo con el fierro si no voy hacer un trabajo, nunca disparo en falso, otra cosa es que me haya tocado matar a otros que se meten o que me equivoque de fulano. Eso de estar disparando a botellas o a circulitos no, eso no es para mí. El arma me la vendió un policía, es un clásico 38 largo, negro con cacha ortopédica, nada que se encascare ni que dé mucho visaje, el policía me la vendió con cuatro cajas de balas, y cada que necesito las compro en la olla, pero no mantengo muchas tampoco, solo una carga y otras en el bolsillo por si una balacera. Les decía que en algunas ocasiones he matado al que no era, pero eso no lo cobro porque son errores míos, además es muy difícil que los paguen, yo mejor sigo intentando, también he tenido casos donde toca darle al fulano y al que lo acompaña porque se meten y bueno, el metido lleva. No crean que estoy loco o que soy así por que mi papá me violó cuando estaba pequeño o que el cascaba a mi madre, no, nada de eso, mi papá es un p
ríncipe, sólo que se salió a vivir con una mujer más joven que mi mamá y ya tiene un hogar con ella, yo lo veo de vez en vez y admiro mucho al viejo. Mi mamá si es un alma de dios, desde que tengo con qué la saque a vivir en un hogar de viejos muy fino y ella allí tiene amigo y se divierte, me teje mantas, me hace cuadros que guardo con cariño, no hay domingo que no la vea. Le llevo uvas y mandarinas del supermercado.

Estoy en esto por que soy perezoso, me da jartera madrugar, estudiar, muliar, y bueno, son pocos los que se le miden de manera profesional a esto y hay trabajo, si logras saberte mantener en esto vives como un rey. Eso sí, no mates gente muy importante por que te encochinan y seguro te matan también o peor, te encanan, por eso mata a gente común y ya. En la finca tendré pollos, un corral de cerdos y un pozo de cachamas y seguir matando ya dentro de la ley. No tengo novia, tengo amigas pero ellas se empiezan a meter en mi vida, esa es la maldita costumbre de las mujeres, uno se las culea una vez y ya quieren irse a vivir a tu casa, pero yo si las paro y solo las tengo para las saliditas. Yo estoy seguro que nadie sabe quien soy, les digo a mis amigos que soy dueño de un taxi y que tengo unas casas alquiladas pero nadie sabe que soy uno de los matones más grandes de la ciudad, seguro que no, porque el de los perros y los amigos de él sabrán de mí, pero no saben donde vivo; aunque o tal vez me hayan seguido, pero aún soy muy útil para ellos. Me generó desconfianza ver a un man donde los perros y Paco le dio un paquete como los que me dan a mí cuando digo "una para llevar mono", mínimo ya tengo reemplazo, si siento que se me baja el trabajo me largo de una para la finca y me llevo a la vieja. Por el momento he tenido entre cuatro y cinco clientes al mes, que vienen siendo, mal contados. mal contados, tres paquetes, sueldo de gerente o de político ¿no? Y levantándome a las 11: 00 am casi todos los días. Claro está que al último que mato antes de mi auto jubilación es a mi vendedor preferido de perros calientes.




De última búsqueda supe que el autor es: Omar Felipe Becerra Ocampo



¡¡¡ letem bi lait !!!

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... Gracias Dios por los dones que voy a recibir ...