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sábado, 31 de julio de 2010

... Cachetotes de manzana ...

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(Nada que ver con Cachetitos de manzana)


únicamente para reivindicar los derechos de los rojos. ¿Los rojos? Sí, todos aquellos a quienes, como se dice vulgarmente, se nos suben los colores al rostro; todos aquellos que con la sola mención de cualquier cosa nos ponemos como tomate / manzana / camarón; todos aquellos que, como yo, nos sentimos más avergonzados de la repentina coloradez de nuestras mejillas que por el objeto mismo de la verguenza.

No es agradable sentir ese calor entre los pómulos avisando que el enrojecimiento se aproxima lenta pero inexorablemente; mucho menos cuando viene, de manera inevitable, del consabido sonsonete burlón: "Miiraaaaaa, se puso bien rojooooooo".

Los perpetradores de dicha malaondez parecen taurinos (a propósito). Disfrutan al ver correr sangre, sólo que en vez de verla correr por los ruedos, su placer es ver nuestra sangre recorriendo los vasos que atraviesan la cabeza. No, no, no, no. Escribo esto y me hierve el líquido hemático. No está padre.

Padres, no lo fomenten en sus hijos; hijos, no lo permitan de sus padres. Todos tenemos derecho a tener la cara del color que las circunstancias lo determinen. ¡No está padre! No es necesario restregarle en la roja carota al infortunado sujeto su subida coloración. Lo sabe, créanme que lo sabe. Lleva toda la vida sabiéndolo. Incluso, ese episodio lo sintió desde antes.

Es como una llama súbita que crece en el pecho quitando temperatura del resto del cuerpo, únicamente para correr de inmediato al rostro, las manos y los pies enrojeciéndolos, haciéndolos sudar y voltear los ojos en todas direcciones buscando una mirada empática donde hallar cobijo. Obviamente jamás la encontrará. Si hay otros rojos presentes, evitarán su mirada pues al ser testigos, recordarán inevitablemente las situaciones en las que ellos mismos estuvieron siendo ridiculizados igual. La empatía llegará, pero serán incapaces de sostenerle la mirada.

Todo eso, mientras las risas de los no-rojos se escuchan en segundo plano. ¡Snif!




¡¡¡ letem bi lait !!!

miércoles, 6 de mayo de 2009

PELANDO LA BANANA. La cáscara. Volumen V.

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Hubo un momento, cuando las cosas terminaron definitivamente con Elizabeth, que no estaba seguro de mi lugar en el mundo. Ciertamente, y quienes me siguen (o me conocen) podrían fácilmente afirmarlo, mi vida está regida por las mujeres a mi alrededor. Acaso definida por las mismas. Y es un hecho comprobado y comprobable que siempre que me hablan de una fecha pasada, me pregunto a mí mismo con quien andaba en ese momento, y lo recuerdo todo. ¿Lo peor? Soy incapaz de olvidarlo, incapaz al nivel de a veces necesitar un taladro (o unas tijerillas) para sacar pensamientos de mi cabeza.. En alguna otra ocasión pondré una cronología precisa, pero hoy quiero hablar de Marisel.

Ya dije que había terminado todo con Elizabeth, hubieron lágrimas y abrazos, un adiós, un te quiero y ningún porqué, y nada. Se fue, se perdió en la noche y para siempre. La única y real fuente de pertenencia que me quedaba en esta vida petaca se me escurría como agua por las manos. Después de todo fui yo a decirle que no ... Y sí, la familia, los amigos, el trabajo y los PUMAS (que una vez ya me habían salvado del derrumbe [futuro post, prometido]) seguían ahí. Pero después de dos años de intermitencia, de ser un par de meses y de perdernos por tres y todo de nuevo, cada vez más espaciado, yo sabía que eventualmente las cosas se arreglarían, no sabía cómo ni con qué pretexto. 'She was my lobster', Si Brisa, era mi Rachel y yo era su Ross, Elizabeth era mi Chandler y yo era su Monica. Y nos perdimos, inevitablemente y sin posibilidad alguna de dar marcha atrás. De pronto me sentí vacío, desnudo, destruido en general. Tenía que encontrar un asidero del cual sostenerme para no caer al inexorable abismo.

Y entonces llegó ella a sacarme del fango. Días después del adiós, un amigo de mi familia llegó a la oficina. Su sobrino preferido, predilecto ahijado casi hijo se casaba y confiaba en mi talento que haría un buen trabajo con el tratamiento audiovisual de la recepción. Lo básico, fotografías, video de pre y post boda. Las cosas no andaban bien en el negocio y aunque hacía meses que no hacía ningún evento de ese tipo (bodas, bautizos, cumpleaños ...), no era el momento para negar ningún trabajo, además, el tipo era, es buen amigo de mi madre desde hacía años. Acepté, en realidad necesitaba algo en qué distraerme. Reuní a mi equipo, trazamos el plan de acción, ja, suena más ñoño cuando lo pienso, pero en fin.

Exactamente diez días después de que mirara por última vez la camioneta de Elizabeth alejarse de mi casa, la hice de chofer. Llevé a una chica que trabajaba conmigo, con cámara, tripié y demás aditamentos necesarios a la casa de la novia (horrible). Confiaba en su trabajo y la dejé, regresé a la oficina y llevé a otro tipo a la casa del novio. La idea (y que salió muy bien) era tener constancia de todo el proceso del ‘día de’. Entrevistas con ellos, con su familia y hasta con la señora que peinó a la tipilla. Mientras ellos trabajaban, yo platicaba con el padrino, el amigo de mi madre que a partir de ahora se llama Federico (aunque no creo que aparezca más en la historia, pero equis). Resultó que cual indígena conquistado, se había convertido al cristianismo hacía un par de años, él y toda su familia. Su sobrino incluido y por ende, su novia, así que sin saberlo ni esperarlo, me vi en la inminencia de una boda cristiana. ‘De todos modos es lo misma gata pero revolcada’ -pensé-, ‘y seguramente será interesante’.

Y lo fue. Y me gustó. Y no puedo negar que sentí cierta envidia por la manera en que la camaradería fluía entre los miembros de la congregación. Y entonces la noté y sin poder evitarlo me acerqué a ella en plena ceremonia religiosa, aunque no le hablé en ese momento. Claro, estaba trabajando y yo soy muy profesional. Pero ella también me había notado.

No era muy bonita, su piel blanquísima resplandecía bajo una falda vaporosa a la rodilla color blanco, una blusa con escote discreto del mismo color y un largo abrigo negro (era noviembre). El cabello de negros rulos brillantes le caía despreocupadamente sobre los hombros y enmarcaba su rostro sereno, sin gota de maquillaje. El abrigo no dejaba ver con claridad su cuerpo, pero gorda no era, de eso estaba seguro. No era muy bonita pero me llamó la atención de inmediato. No sé si haya sido la falta de sexo en días, la simple extrañación de un cuerpo de mujer en mis brazos o algo más profundo. Me gusta pensar que me sentí atraído desde el principio por algo indefinible como el aura, que me atrapó y no pude pensar más que en ella durante toda la tarde/noche.

Sólo le dije a mi socio: ’Mía’, señalándola con la cabeza y lo entendió. Bailé con ella, salsa, lo hacía muy bien y yo me sentía como un oso de circo. Pero ella sonreía. Ah, que linda se miraba bajo las luces del salón de fiestas. ¿Ritos cristianos? Solamente en la ceremonia religiosa, pero nada del otro mundo, nada excéntrico pero sí muy emotivo, me gustó. Y la fiesta fue como todas las fiestas de casamiento. Vals, bailar con la familia, liga, ramo, víbora de la mar, etc. Y ella iba sola y estuvo conmigo en los momentos en que podía relajarme un poco de la grabación. Al despedirnos, se me hizo muy extraño que no tuviera celular, eso me dijo, pensé que no quería dármelo porque no tenía intención de verme de nuevo, pero entonces me dio el número telefónico de su casa. Me sentía eufórico pero aún con la consciencia pesada, nada espectacular, como una más la pensaba. No era muy bonita y eso me hacía no pensar en nada serio con ella. Sí, ya sé, malditos ojos míos (verdes, hermosos) acostumbrados a la belleza femenina. No era muy bonita, si la hubiera topado en la calle no hubiera pasado más que de un rápido vistazo a su escote, su rostro y de pasada a sus nalgas, y ya, pero el destino quiso que la conociera en su estado más espiritual.

Marisel era, es su nombre. Con toda la vergüenza del mundo llamé a su casa la semana siguiente, estarán de acuerdo que no es lo mismo llamar a un celular en donde casi casi sabes con seguridad quien va a contestarte, que a una casa, sobre todo a la de una mujer con la que apenas hablaste. Yo sentía que mi performance con ella no había sido suficientemente contundente para que me recordara a la primera. Pero pasó, lo peor había pasado ya y quedé de salir con ella el jueves siguiente.

Había encontrado de donde sostenerme, por un tiempo al menos. Aunque estuvo a punto de caérseme a pedazos cuando en la primera ida a comer me dijo que ella también era cristiana. No juzgo a la gente por la religión que profesan porque no me gusta que lo hagan conmigo, pero ya saben la fama que tienen los cristianos. Santurrones y moscas muertas (dicen). Con mis reservas, seguí adelante. Para mí no tiene importancia la religión de la gente, pero para ella sí, por eso lo mencionó, quería estar segura que yo estaba bien con la situación. Y sí. O no mal al menos. ¿Qué más podría perder?

No me enseñó nada que no supiera ya. Historias de La Biblia, parábolas, metáforas, interpretaciones personales y particulares, y generales. Hablamos de dogmas, de lo absoluto y lo verdadero. Me sorprendió pues nunca había conocido a nadie que supiera tanto de religión, de la religión cristiana y de otras. El conocimiento me excita, pero ella me dejaba sin palabras, y pocas veces me han dejado sin argumentos. Temía parecer estúpido. Y entonces hablábamos de otras cosas.

Me llevó a su templo, me invitó a sus reuniones y acudí con gusto. Nunca intentó que me convirtiera al cristianismo, ni siquiera lo sugirió, yo estaba sólo de oyente. De todos modos, nada tenía yo, nada le pedí y así todo me lo dio. No fue de ella de quien me agarré en esos momentos de vacío del alma. Fue de Dios. No el dios de los cristianos, no el dios de los católicos, sino la idea de un ser superior al que le vale soberana sombrilla lo que haga con mi vida, que si me dejo arrastrar al desastre es muy mi pedo, pero que siempre va a tener una mano para tenderme si es que quiero salir. De la idea que comparado con el absoluto, soy nada, aunque aquí lo sea todo, aunque para alguien lo sea todo, aunque yo tenga la completa seguridad que lo soy todo. Así cómo Él, ego sum qui sum ...

Y Marisel me enseñó que por la carne también se llega al cielo. Siempre había creído que los cristianos eran muy recatados, nada de alcohol, de cigarro, mucho menos de drogas, el sexo necesario para reproducirse (estando casados, claro); al menos eso es lo que pregonan a voz en cuello la mayoría de ellos, aunque en privado se desdigan de todas sus afirmaciones. No Marisel. Ella no tomaba ni fumaba, eso me pudo encantar, pero detrás de la puerta de la habitación, no había dogma ni mandamiento que valiera más que el del deseo. ¡Dios! Sabía tantas cosas y se movía de una manera, me tocaba como nadie jamás me había tocado ni nadie nunca lo ha hecho de nuevo y me besaba con un hambre y una entrega que no he vuelto a ver en la vida. Si hablando de religión me dejaba bien estúpido, haciendo el amor, peor. O mejor para tal efecto. 'Lo que la carne une no lo separa ni Dios, ni el diablo, ni la muerte, ni el olvido'.

Infelizmente, una de mis dos neuronas hizo corto circuito cuando la inevitable pregunta llegó. 'Y tú y yo, ¿qué somos?'. No supe responder, no quise. Me apendejé y solamente la miré marchar. No volvimos a saber de nosotros. Ocasionalmente la he topado en la calle, en camino a su templo o con su mamá del brazo, pero nunca con un hombre. No nos saludamos. Es raro. Pero era obvio, yo lo sentía obvio. No estaba listo para una relación comprometida. Así como no lo estoy ahora, me gustaría que así como me entendió mejor que muchas, lo hubiera entendido en ese momento. Mucho drama se hubiera evitado y acaso un tiempo más de completez hubiera existido, y ya sabemos lo que el tiempo es capaz de lograr.

Pero las cosas pasan por algo. Y esta vez no me dejó cuando las cosas parecían ir mejor. Ja.

Doh.




Parte de esta serie:






¡¡¡ letem bi lait !!!

jueves, 30 de abril de 2009

PELANDO LA BANANA. La cáscara. Volumen IV.

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Desde principios de esta semana me la he pasado tratando de recordar una canción, una en específico. Lo peor de todo es que yo la escribí. Co-escribí, mejor dicho, junto a Rafa mi examigo y excompañero de tertulia, creación e 'inspirancia'. Va un poco más o menos como sigue:


... y que si habrá segunda parte
de esta historia fascinante
tendrás que empezarla tú.

Voy a regalarte una sonrisa a tu llegada
que las palabras sólo sirvan como almohada
para escuchar si algún suspiro se escapó de ti.

Te prometo
ser el dueño de tu espacio y de tu cuerpo
y cubrirte por las noches con mil besos
y que nunca te arrepientas de este amor ...

... te esperaba desde ayer ...


Se llama: Te esperaba desde ayer. Y la razón de que me haya acordado tanto, es que aunque no quiera, he de aceptar que en este único caso, la ley de la atracción ha dado resultado y la mujer en la que más he pensado los últimos días volvió. Así, sin pensarlo, de pronto recibí un aviso de que me había agregado al msn, obvio la reconocí de inmediato y le di click en aceptar.

Pero todo comenzó una mañana de diciembre de 2005.

Por el umbral de mi entonces oficina entra corriendo un hombre rubio, alto y gordo preguntando por mí. 'Sí, soy yo'. 'Me urgen unas fotografías.' Me dijo el hombre que resultó llamarse igual que yo. 'Soy el dueño de la franquicia de Telcel que está en la planta baja de este edificio, tengo un evento, con música y edecanes y mi fotógrafo me canceló'. Tirín. Mi foquito rojo que es invisible y que se ubica en algún sitio sobre mi entrepierna se prendió de inmediato. 'Mmmm, edecanes' pensé.

Rápido y presuroso alisté la cámara, memoria, tripié y demás aditamentos necesarios y descendí las escaleras al encuentro de espectaculares mujeres (en mi mente). Y me equivoqué. Bueno, un poco. En realidad, ni el evento era tal, ni las mujeres eran espectaculares. Era un tipo de venta de garage de teléfonos celulares chafitas que costaban dos o tres pesos menos de lo normal; la música sonaba a todo y las edecanes, algunas escuálidas y otras con la carnita a flor de licra se contoneaban (no tan) sensual y arrítmicamente. Y entonces la vi. Paradita y bailando lo más decentemente que podía al costado izquierdo de la fila de siete féminas, con cara de '¿y sho qué hago aquí? ¡Maldita pobreza y maldito laburo de cagada!'. No era despampanante, bonita es la palabra para describirla, la piel perfecta y un par de enormes ojos marrón, tan grandes que si te miraba fijamente parecía una loca. Cabello castaño escurrido y largo hasta los codos, y eso sí, un cuerpo como esculpido en piedra, el abdomen durísimo como ningún otro que haya tocado nunca (es más, mi rodilla no es tan dura como su abdomen), un coqueto lunar junto al ombligo y la faldita azul con orilla blanca, a lo 'Santaclós de telcel' se le veía fascinante.

Le tomé fotografías indiscriminadamente, de su rostro, sus piernas, de perfil, de tres cuartos, sus tetas, su espalda, las nalgas con la falda respingada, y ella, pícara sonreía y jugaba con mi cámara, conmigo. ¿El evento? No lo recuerdo, supongo que sí hice las demás fotografías porque sí me pagaron, pero toda mi memoria de ese día fue para Jimena, ese era su nombre. La chica que junta malezas. Pero espera, no es de ella de quien quería hablar, sin embargo todo comienza con ese encuentro. Al día siguiente la miro, etérea, aparecer en mi oficina, y pedirme una copia de las fotos que le tomé. Sin respirar le pedí que se sentara (en el sillón) y le mostré los archivos. Doscientas cuarenta y siete fotografías solamente de ella. Hablamos, un par de horas quizá, había llegado de Argentina apenas la semana anterior y no conocía mucha gente en México. Salimos esa noche. Cine, tacos y depa. Después de eso, nos veíamos intermitentemente, sin palabras, sin ninguna especie de compromiso ni promesas. Nos disfrutábamos sin medida durante el tiempo que estuviéramos juntos, sin preocuparse en exceso el uno por le otro ni celos ni nada. Hasta que llegó ella.

Varias cosas sucedieron a la vez. Mi hermano se mudó del depa dejándome solo. A Jimena se le terminó el contrato con Telcel y aunque no le hubiera costado conseguir empleo, prefirió descansar, vacacionar, e invitar a una amiga. Jimena me decía que no tenía en México mejor amigo que yo, así que (invariablemente) emprendí con ella el viaje al aeropuerto para recibir el vuelo de LAN desde Buenos Aires en donde llegaría Valeria. ¿Mencioné que Jimena ya no tenía empleo? Pues tampoco tenía dinero, por lo tanto carecía de un lugar para vivir. Yo y mi bocota ofrecimos mi departamento para ambas, debo confesarlo no sin miles y miles de retorcidas fantasías en mi cabeza. Pero no imaginaba lo que sucedería en cuanto posara mis ojos (verdes, hermosos) en los suyos:


Verdes, hermosos.

Sentí el incontrolable impulso de amarla en ese mismo instante, de hacer todo lo humanamente posible para que ella me amara a mí. Cuando Jimena nos presentó y su voz llamó mi nombre me derretí. 'Ah, Lu, sho soy Valeria, Jime me habló de vos'. Era simplemente perfecto, fuimos a comer, tacos por supuesto y de ahí al depa. Había dos habitaciones libres y dejé que decidieran si iban a ocupar una cada una o ambas en una sola. Eligieron la primera opción. Cuando mi hermano se fue, dejó la habitación más grande y con baño vacía, y a mí me dio una flojera inmensa cambiarme ahí, así que esa le correspondió, por cortesía, a Valeria.

No voy a negar que la primera noche que estuvieron en mi casa, Jimena durmió conmigo, pero esa misma noche le dije que Valeria me encantaba, le pedí ayuda, información más que nada, y sobre todo que, si era posible, no se enterara jamás de que había habido algo entre nosotros, por muy superficial que fuera. Y lo hizo. Le habló tanto y tan bien de mí que los ojos aguamar volteaban cada vez más hacia mí, hasta que una noche, siete de agosto de 2006, volviendo del cine, nuestras manos se encontraron hasta desaparecer detrás de la puerta de mi habitación.

Jimena se fue a las dos semanas de que Valeria y yo comenzamos a estar juntos, cansada de no conseguir empleo más que de edecán, y aunque ahí ganaba buen dinero, no era lo que a ella le gustaba más hacer. Se fue. Regresó a la Argentina dejándome con Valeria, que para entonces ya estaba más que instalada en el depa. Conoció a mi familia, se adueñó de la cocina (y sus alfajores eran el cielo) y me convenció de dormir en la habitación grande (aunque siempre conservé mi cuarto intacto) donde me sentía extraño, pero caliente. Decorada en rosa y princesa pero en cuanto la luz se apagaba se convertía en guarida de fieras.

Fueron seis meses de idilio y felicidad y ambos creímos que duraría, pero después de todo, aún éramos demasiado inmaduros para vivir como una pareja. Valeria se estaba aburriendo de no trabajar y yo, pues nunca me pesó el compartir el dinero con ella, pero tampoco era lo que yo considerara adecuado. La idea de irnos juntos a Buenos Aires no dejaba de revolotearnos en la cabeza. Sin embargo no es una decisión fácil. Acepto que me resistía, sobre todo porque en ese momento tenía una relativa estabilidad laboral (que no he recuperado) y dejarlo todo por seguirla no era una opción. No en ese instante al menos.

Una madrugada de febrero de 2007 recibimos una llamada por cobrar, desde Argentina. La madre de Valeria, llena de llanto y con los nervios destrozados nos contaba en el altavoz lo que había sucedido recién: Un par de sujetos irrumpieron por la fuerza en casa de sus papás, con armas en mano y vociferando improperios tratando de amedrentar. Y robar. Su padre, en franca defensa de su casa y su familia arremete a tiros contra los asaltantes que hacen lo mismo y lo hieren, creyéndolo muerto huyen y desde el suelo, mi suegro le dispara por la espalda a uno de ellos, matándolo.

Ese trágico hecho apresura el fin de Luis y Valeria. Esa misma mañana ella vuela rumbo a Exeiza mientras yo me quedo con la penosa tarea de empacar lo más de sus cosas y enviarlas por paquetería. El padre permanece detenido un mes mientras la justicia argentina desahoga todas las pruebas del caso, pero la tranquilidad no vuelve a la casa de los Frangie. Un año después del suceso, nuevas pruebas salen a la luz y de nuevo, toda la familia a declarar. Todo lo que pudo haber sido para nosotros se esfumó a causa de la avaricia de unos cuantos que desencadenaría una serie de hechos violentos, a miles y miles de kilómetros de nosotros, pero tan cerca que nos afectó en lo más profundo. Apenas ayer me enteré que el febrero pasado, a dos años de los hechos, quisieron secuestrar a su padre. ¡Estúpida malandrinez!

Yo seguí adelante, volví a enamorarme y ella lo hizo también. Dejamos de tener contacto con el tiempo. Y el lunes pensé en ella con todas mis fuerzas, quise buscar en la red fotos de ella, pero nada. A causa de muchas cosas eliminó sus cuentas en las redes sociales. Y así, sin más, entrando a mi msn me aparece un aviso. ¡******** le ha agregado!

Y hablamos, ayer hablamos tanto que perdí la noción del tiempo y del espacio. ¿La idea de volver? Me pasó por la mente, pero no es algo que desearía en este momento. Ni ella. Lo único que hicimos fue hablar de la influenza, de nosotros, ponernos al día, recordar fechas, lugares, días, noches, besos. Ahora sería un buen momento para ir a Argentina. Pero no por ella, o sí. Pero sin falsas ilusiones. Bah, no iría, de cualquier manera ...




Parte de esta serie:





¡¡¡ letem bi lait !!!

martes, 9 de septiembre de 2008

... PEDRO EL IMPÍO ...

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Está en línea mi cuento de esta quincena en Metatextos.


El Rapto.

No se dejen llevar por el título del ejercicio, el taller no se esta uniendo al tema de moda en México.

De acuerdo con la escatología cristiana cuando Jesús regrese a la tierra, justo antes del fin del mundo, todos los verdaderos cristianos desaparecerán de la tierra y subirán al cielo, en cuerpo y alma, para reunirse con Dios y no sufrir las tribulaciones que el Apocalipsis traerá. Este episodio es llamado “el Rapto”

Esta semana los participantes de Metatextos deberán hacer un texto libre, de trescientas palabras o menos, que tenga como tema central Rapto.

Les sugiero que traten de ver fuera de la caja, no se vayan por el camino fácil de narrar a un cristiano salvo que asciende feliz y extático hacia su creador, o en la angustia y arrepentimiento instantáneo de todos los ateos. Cuando se dice que el tema central sea el Rapto, no necesariamente deben narrar el momento exacto en el que este ocurre.

Pueden narrar el día después del rapto ¿cómo sería llegar a una oficina donde de pronto una parte importante del personal se ha evaporado o más grande aún ¿como se comportaría la economía MUNDIAL si de pronto faltaran millones de personas? o ¿cómo será la vida de una familia (o una persona) que sabe (o cree que sabe) el momento preciso en el que el Rapto ocurrirá?







Pedro el impío.





En su soberbia, ni los periódicos ni los noticiarios de radio y televisión hicieron eco de lo que se hablaba en la calle. Pero la gente lo sabía, el día había llegado, los cronistas y neoprofetas urbanos lo habían advertido tiempo atrás.

El miércoles por la noche millones intentaron conciliar el sueño fumando el que quizá sería el último cigarrillo de sus vidas. Fue imposible, la incertidumbre sobre lo que sucedería al día siguiente los rebasaba. Muchos salían a las calles y se encontraban con otros que, al igual que ellos, se preguntaban si podrían sobrevivir al fin de semana, aunque de hacerlo, seguramente nada sería igual. Todos esperaban, deseaban ya el desenlace, el que fuera. Todos menos Pedro.

Pedro conocía su destino y no podia importarle menos. Era un hombre de bien, fiel y enamorado, no gustaba del alcohol y aborrecía el hecho de que Marisol fumara en exceso. Su único pecado era la pereza. Su cruz. Y eso le impedía intervenir para que su mujer dejara el vicio.

Como de costumbre, Pedro despertó a las 9 a.m. Acostumbrado ya a que Marisol entra al hospital a las 7, no notó la claridad del aire ni extrañó su tos matutina. Se vistió para ir al gimnasio y le sorprendió ver tan poca gente en la calle; la cortina de la tienda de don Sonrisas estaba abierta hasta la mitad. El gimnasio estaba vacío, salvo por la recepcionista mascando chicle como desesperada. Pedro, confundido, llamó a casa de su madre. Nadie respondió. Intentó llamar al celular de Marisol.

-Mari, tengo flojera de hacer ejercicio, ¿cómo estás?
-¡Ay amor! Todo está muy raro, vino muy poquita gente a trabajar, todos los ceniceros desaparecieron y como que me están dando ganas de dejar de fum…
-¿Mari? ¿Mari? ¿amor? ¿estás ahí?






Todos mis metatextos.






¡¡¡ letem bi lait !!!

domingo, 7 de septiembre de 2008

... Miscelánea ...

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1. Por fin volvió la NFL. Comienza el (desgraciadamente no tan) largo peregrinar hacia el Super Bowl. Una temporada que se ve de perlas para los aficionados de los Vaqueros (puaj) y los Acereros que en este país abundan como plaga. En cambio yo, junto con otros nostálgicos ochenteros, comienzo un (afortunadamente no tan) largo sufrir viendo a un equipo sin pies ni cabeza, siempre jugando con un horrible uniforme blanco y que tiene uno de los logotipos más espantosos del universo y que el año pasado ganaron la fabulosa cantidad de ¡¡¡1 partido de 16!!! y que eso le dio la oportunidad de tener la primera selección de este año (es decir, escoger al más talentoso de los jóvenes que se integrarían este año a la NFL) y que la utilizaron en ¡¡¡un tackle!!! un güero alto y gordo que es (dicen) muy bueno, pero sin la capacidad de hacer una revolución en el equipo. Los Delfines de Miami. (Una lágrima resbala por mi mejilla). Al momento es escribir esto, al medio tiempo, perdemos 13 - 7 contra los Jets. Uno de tres acérrimos rivales (Buffalo y Nueva Inglaterra). En fin, como la madre de Marge dice: "Hay que aguantar hasta el final, aunque hayas escogido a un perdedor".



2. Platicando el fin de semana con mi propia madre he confirmado mí teoría de que la estupidez es inherente al hombre. La estupidez no se hereda, no se compra ni se adquiere por formación. Explico:

Un amigo mío me pidió un video para su boda. Él es de mi edad, médico y recientemente salido de una gran depresión por no haber aprobado su examen de residencia. Trabaja en una clínica de Salubridad en un pueblo cercano. Su noviapróximaesposa es una enfermera (como no podía ser de otra manera) de 20 años. Es originaria de un estado que no me acuerdo cual es y rentaba un cuarto cercano a la clínica. Como puede imaginarse, pasaban juntos su poco tiempo libre y es también de imaginarse como. Ella está embarazada.

La madre de mi amigo no lo podía creer, decía: "¡Cómo es posible! Siendo médico, sabiendo cómo funcionan las cosas bla bla bla ..." Lo dicho. La estupidez no respeta formación ni conocimientos. Calentura mata todo.

Un primo mío, también médico y especialista en terapia láser, que estuvo casado 5 años y tiene más o menos seis meses de divorciado está saliendo con una tipa. Todo mundo le dice que no está listo para una nueva relación, pero a él no le importa. Tiene 30 años y la tipa 23. La preocupación de la tía es que haya un embarazo de la chiquilla esa. Mi primo dice: "No hay problema, si estuve casado 5 años y nunca pudimos tener hijos, seguramente no pasará nada". De nuevo. La estupidez no respeta edad.

Los accidentes no existen. Hay muchísima información disponible y cualquier cosa rara tiene inmediata solución. Hoy en día, un embarazo no deseado es una reverenda idiotez.



3. Ya se me quitó el miedo. De antier. Ahora el miedo es que, como-ya-no-tengo-ese-miedo me acomode y no haga lo que quiero. En fin. Ya sabré.



4. Me gusta esto de la ley de fumadores, me gusta.




Actualización urgente:


Ya perdemos 20 - 7.

Una amiga me acaba de contar que quiere tener un hijo de su ex, que ya lo hablaron y él está de acuerdo siempre y cuando no le pida nada, o sea nada más se la coge hasta que se embarace y ya. Ella tiene 23 años. Creo que no hace falta más explicación. La estupidez innata.

Creo que debo dejar de juntarme con tanta chusma.









¡¡¡ letem bi lait !!!

viernes, 14 de marzo de 2008

... Come on baby, light my fire ...

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Todo este asunto de la Ley Anti Tabaco en el D.F. y su posterior discusión federal me tiene confundido.

Por un lado, como “No Fumador / Semiasmático / De Nariz Sensible” me da gusto que ningún pelagatos me echará su humo en la cara al caminar por la calle, que los vecinos de abajo pueden ser sancionados por fumar tanto y apestarme si tengo la ventana abierta (hace calor).

Pero como dueño de un Restaurant - Bar me preocupa. Aunque no creo que la gente deje de acudir por la prohibición de fumar, sí me imagino que será molesto advertirle a la gente una y otra vez o llamar a la policía cada 5 minutos.

Y como defensor de “No estoy en contra de nada” (que no es lo mismo que estar a favor de todo), lo que cada individuo hace de sí mismo y sus pulmones es responsabilidad suya únicamente.

En fin, aún no decido mi postura general al respecto. Igual sobre la marcha …

Photobucket


algunas palabras de diputadillos …




¡¡¡ letem bi lait !!!
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... Gracias Dios por los dones que voy a recibir ...